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domingo, 4 de octubre de 2020

III CICLOCLÁSICA DE ALBALAT

 

El día esta desapacible y el viento amenaza con llevarnos al suelo. Diminutas gotitas se depositan sobre los cristales de las gafas difuminando la visión de esta carretera nacional de Extremadura, hoy convertida en una excelente plataforma para disfrutar del ciclismo. Unos pocos miembros de ese grupo de “locos” del ciclismo clásico nos hemos reunido en el aparcamiento del área de servicio de Albalat, muy cerca del pantano de Arrocampo donde estcentral nuclear de Almaraz, en la provincia de Cáceres. Esta central nuclear, la más vieja de España, empezó su vida útil en 1981 y si nada lo impide, alargará su vida hasta el año 2028 con lo que traspasará la barrera de los 40 años. El consejo de Seguridad Nuclear se ha pronunciado de forma favorable tras un análisis técnico y si el ministerio de Transición Ecológica no dice lo contrario, seguirá funcionando casi una década más. Nos ha convocado nuestro amigo Julian del Club Ciclista de Alamaraz para celebrar la III Cicloclásica de Albalat. Saludos, bicicletas al suelo, últimos preparativos y a la carretera.

 


Rápida bajada hacia el Tajo. Junto a la carretera armazones fantasmales de viejos restaurantes que ya no lo son. Pelados alcornoques que comparten su preciado terreno con plantaciones de eucaliptos. Vacas rumiando la placidez del día. La carretera comienza su ascensión, tres carriles favorecen nuestra marcha y nos proporcionan tranquilidad. El tráfico es casi nulo. Se mantiene constante el porcentaje de subida, no es dura ni excesiva, pero hace que te emplees a fondo. Estamos en el conocido puerto del Miravete, de lo que me enterare después. En el alto, frío, fotos y refrigerio. He probado lo que por aquí llaman morcillas, unas de patata y otras de calabaza y que yo siempre pensé que eran chorizos. El vino de pitarra estaba buenísimo pero las rachas de fuerte viento, heladas y húmedas hacían muy desagradable quedarse allí.

 

 

Comenzamos la bajada. El viento ha acumulado las nubes en la cara norte del puerto, llueve y hace frío, las gafas se saturan de esas gotas diminutas que tienes que quitar con el guante a modo de limpiaparabrisas. Nos desviamos hacia Casas del Miravete y de allí a Romangordo. Lo que sorprende del lugar son sus trampantojos; murales que decoran casas y calles creando la ilusión de transportarnos a otro lugar, a otro momento. Surgen así personajes y oficios tradicionales, poemas que cobran una nueva vida. El primer mural que me encuentro es sobre algo tan mediático como la mal denominada violencia de género. En él se muestra una mujer madura, dicen que la propia medre del autor, que libera una paloma de papel con las palabras “valientes, iguales y libres” escritas sobre sus alas. Dicen que hay más de un centenar repartidos por sus calles, aunque yo no vi tantos. Lucen en fachadas y puertas a los que se unen frases de poetas locales y grandes escritores foráneos. No hay rincón que no retrate un oficio, algunos situados en el mismo lugar en que antaño se ubicaban sus protagonistas.

 

 

Me entretengo, quizá demasiado y cuando llego al lugar de reencuentro no queda nadie, decido continuar en solitario, supongo que no será tan difícil volver hasta el punto de salida. Pero estaba equivocado, nada más salir del pueblo me encuentro con un cruce y la verdad es que no sé para dónde tirar, recurro a las nuevas tecnologías pero no las llego a utilizar, llegan Oscar y Julian que salvan la situación. Bajamos ahora hacia el Tajo observados por decenas de ojos indolentes, más preocupados por rumiar la vida que por tres locos que pasasan en bicicleta. Me dice Julian que a orillas del Tajo, al otro lado de la carretera, está el yacimiento de Medinat Albalat, asentamiento musulmán del siglo XII y es posible que algunos restos romanos.

 


Casi sin darnos cuenta, llegamos al aparcamiento del restaurante Portugal II, nuestro punto de salida y final de la ruta, donde terminaremos comiendo, pero eso ya es otra historia que no afecta a la crónica de nuestra ruta magníficamente organizada por nuestro amigo Julian y sus compañeros del Club Ciclista Almaraz. No quiero despedirme sin agradecer la importante labor desarrollada por Protección Civli al acompañarnos velando por nuestra seguridad y protegiendo los cruces. Muchas gracias y hasta el año que viene. 

 el track...                  las fotos...                    el video de Fany...

domingo, 23 de octubre de 2011

Apatía versus Miravete


Apático. Sí, creo que esa es la palabra adecuada para describir el estado de ánimo en el que me encuentro desde hace ya algunos meses. Los Pedales de León, en junio, fueron mis últimas salidas con fundamento. Desde entonces no tengo casi ganas de salir y aun menos de esforzarme, salgo en la bici como podría hacer cualquier otra cosa, sin ilusión, sin entusiasmo. Supongo que será algo pasajero, que recuperaré la iniciativa y pronto estaré pensando en esta o aquella ruta, la que recorre ese paraje poco conocido, o aquel otro emblemático.

Hoy hemos salido, sin saber muy bien dónde ir, pasadas las diez de la mañana y sin muchas ganas de sufrir. Venía Matías junior, el muchacho lleva un año sin tocar la bici, solo ha salido esta última semana que ha estado de vacaciones, por lo que estábamos pensando en algo suave como la mota del río hasta Orihuela. 


De pronto he pensado, qué porqué no lo contrario. Porqué no una subida, relativamente larga, con rampas asumibles, que tomadas con calma son fácilmente superables. Sí, subiremos al Miravete. A demás, ni Matías ni su hijo la conocen, lo que le prestara un mayor interés.


Cruzamos así la Vereda Real de Torreaguera y comenzamos a dirigirnos al desfiladero del Garruchal, la idea es rodear la sierra de Canisola, subiendo por el camino de los González. Ponemos el molinillo y vamos rodeando por el Norte los Mamellones. 

Superamos el collado y nos dejamos caer hasta la casa que ha dado nombre al camino. Me despisto, equivoco el camino y entre limoneros llegamos a lo alto de un cabezo. Aquí termina el camino, no sé qué hacer, volvemos sobre nuestros pasos o nos arriesgamos campo a través buscando el buen camino. Cabezo abajo, entre espartos y romeros, con la bicicleta al hombro hasta recuperar el camino correcto.
Buscamos el collado de las Amoladeras. Siempre que paso por aquí siento un cierto temor, quizá irracional, hacia un criadero de perros que ocupa la ladera. Siempre me hago la misma pregunta. ¿Si se escapan en jauría, que puede pasar? Supongo que ni los huesos, tan solo las partes duras del cuadro serán reconocibles. Mejor no pensarlo.

Llaneamos hasta el pie de la cruz del Miravete. Nos esforzamos en un pequeño trecho, pedregoso y roto hasta una pequeña senda que pronto deja de ser ciclable. Un pequeño esfuerzo más con la bicicleta al hombro y estamos a los pies de la cruz, blanca y metálica del Miravete. Las vistas son magnificas, tenemos a nuestros pies gran parte del valle del segura, su huerta y también la máxima concentración urbana de la Región.


Brillantes envoltorios de barritas energéticas, rellenan los huecos entre las piedras. Tradicionalmente se ha asociado a senderistas y ciclistas deportivos, una imagen ecológica y de sostenibilidad del medio ambiente. Empiezo a dudarlo. No nos engañemos, cualquiera que tire un desperdicio en el monte es un cerdo. No merece otro calificativo, venga andando o en bicicleta. El dejar aquí sus desperdicios denota su total falta de conciencia ecológica y su falta de respeto sobre el medioambiente y a los demás usuarios del entorno. Seamos beligerantes, llamemos la atención a esos “compañeros” que no respetan las mínimas normas de urbanidad, con el tiempo todos saldremos beneficiados. Esto también es válido para los “carreteros”, que hay que ver como dejamos las cunetas.


Solo nos resta ya buscar la bajada hacia el valle. Nos dirigimos hacia el Este; para, tras dejar a nuestra derecha las Majadas, y a la altura de los Eslabones, dejarnos caer hacia la izquierda, primero hacia Los Ramos y después hacia Torreaguera, donde repondremos los líquidos perdidos y, porque negarlo, también algo más.

Mariano Vicente, 22/10/2011