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sábado, 4 de noviembre de 2023

La Numantina: Numancia-Cartagena


 

Todo empezó con una llamada de Enrique.

 —Te he de contar una cosa. Este año la Numantina va a dar un salto espectacular, queremos unir Numancia y Cartagena. 

Es curioso como la cabeza muchas veces funciona a una velocidad muy diferente al tiempo real. Mientras Enrique me decía estas palabras acudieron a mi mente escenas del Camino del Cid, de la Vía Verde de Ojos Negros y sin darme cuenta, estaba montando un itinerario entre Numancia y Cartagena cuando apenas Enrique había comenzado a contármelo. 

—Queremos utilizar vías verdes, más que nada, para alejarnos de las carreteras, las bicicletas que llevaremos es mejor alejarlas de los coches. Queremos que sean las mismas que utilizamos en la Numantina, ya sabes, de la época del primer Tour de Francia o de la Primera Vuelta a España e iremos vestidos a modo. Queremos que vengas con nosotros. 

—Pero Enrique, tú sabes que tengo varias bicicletas clásicas, pero no tan antiguas. 

—Seguro que podrás conseguir alguna o te la pueden dejar Fari, Álvaro o alguien del grupo, alguna habrá para ti. 

Con esta simple conversación comenzó para mí toda una odisea. La verdad es que no tenía demasiado interés en el tema, pero he de confesar que me dejo convencer con excesiva facilidad y un par de llamadas de Enrique hicieron el resto. Pero de dónde voy a sacar yo una bicicleta de esas, una pionera, sin cambios, todo acero y sin ropa adecuada. No sabía nada más del tema, la información era exigua y todo estaba por hilvanar. Sería la primera marcha ciclista teatralizada por etapas de España y probablemente la más larga de las que se celebran en el mundo. Cinco etapas y más de 500 kilómetros reviviendo las gestas de los primeros ciclistas que corrieron el Tour de Francia en 1903, el Giro de Italia en 1909 o la Vuelta a España en 1935. Quedarían unidas tres importantes ciudades del Imperio Romano en Hispania, Numantia, Saguntum y Cartago Nova. Aún faltaban un par de meses, tenía tiempo. 

Gira la Tierra, el Sol y la Luna se pasean por el cielo y el tiempo pasa sin que nos demos cuenta. Las fechas se echan encima y no tengo nada preparado. Toca correr. Es una emergencia y llamo a Pepe Reina: 

—Pepe, necesito tu ayuda, he de hacerme con una bicicleta, que, si no es de primeros del siglo pasado, al menos lo aparente. 

Y Pepe, como no podía ser de otra manera, se pone a ello. Busca en mercadillos, pero sin éxito; en la Red, igual; entre su nutrido grupo de amigos, nada. Pepe termina comprando una Peugeot ochentona, en demasiado buen estado, para transformarla en pionera. Me la quedo, es una bicicleta preciosa —cada uno tiene sus debilidades—. Hay que buscar otra cosa. Pepe le había dado a un amigo común un viejo y oxidado cuadro.

 —Ángel que vas a hacer con el cuadro que te dio Pepe Reina. 

—Yo nada. ¿Lo quieres tú? 

Y así empezó la “deconstrucción” y montaje de la “nueva” bicicleta. Pepe buscó bielas de un solo plato y ruedas de un solo piñón en lo más profundo de sus anaqueles. Preguntó a sus amigos para potencia y manillar, pero lo que más trabajo nos dio fueron los puentes de frenos, hubo que cortarlos y volverlos a soldar con las medidas apropiadas, unas cubiertas nuevas, y un usado Brooks completaron la creación. Ya estaba lista para la aventura. 

La ropa fue aún más complicado, no tenía nada tan antiguo, ni siquiera que lo pareciera. Busqué en mercadillos y en el fondo de mis armarios y no encontré nada. Al final un viejo pantalón fue cortado por debajo de las rodillas y puesto unos botones. María, una buena amiga, vino a salvarme, me transformó un par de viejos jerséis en verdaderos maillots antiguos cosiéndoles unos bolsillos en el pecho y en la espalda. Una vieja gorra y unas gafas hicieron el resto. 

El destino quiso frustrar en parte la empresa, llamaron a mi mujer para una intervención quirúrgica unos pocos días antes. Debía reorganizar todo el plan. Era improbable que pudiera ausentarme de casa tantos días, por lo que tendría que adaptarme a las circunstancias, decidí hacer solo los dos últimos días, así que acompañaría a mis amigos en las dos etapas murcianas; la primera, de Caravaca a Murcia por la vía verde del Noroeste y la segunda de Totana a Cartagena por la del Campo de Cartagena.

La Numantina: IV Etapa Caravaca a Murcia por la Vía Verde del Noroeste. 

Son poco más de las seis de la mañana cuando salgo de casa con dirección a la estación de autobuses, hemos de trasladarnos mi bici y yo hasta Caravaca para encontrarnos con los amigos que vienen de Soria. Unidos por un humeante café, nos contamos los últimos acontecimientos, los percances de nuestras vetustas bicicletas, pero que en realidad solo han representado pequeños contratiempos que no han impedido que hoy estemos aquí dispuestos a comenzar la cuarta etapa de la Numantina. Subimos hasta la basílica de la Vera Cruz y recibimos la bendición para nosotros, nuestras bicicletas y nuestra labor que no será otra que unir la ciudad de Numancia y Cartagena. El párroco, como buen juez, bandera a cuadros en mano, dio la salida de esta etapa que nos llevará hasta Murcia. 

La Vía Verde del Noroeste nos acoge en su seno y a pesar del fuerte viento rodamos rápido, pero con constantes detenciones por las pequeñas averías. Curiosamente, tras pasar la estación de Cehegín desaparecen y nos permiten seguir sin mayores contratiempos. En el Niño de Mula tomaremos el correspondiente refrigerio que nos permite continuar pedaleando. Pequeña contrariedad por unas obras sobre la plataforma ferroviaria antes de Albudeite, pero que no nos impiden seguir. Poco a poco van cayendo los kilómetros, superamos Alguazas y llegamos a la Ribera de Molina, punto en el que hemos decidido abandonar la vía verde por la ribera izquierda del río Segura, esto nos permitirá llegar prácticamente hasta la puerta de la catedral sin contacto alguno con vehículos a motor. 

Aparece la torre-campanario de la catedral y el imafronte oculto tras una lona. Desgraciadamente para nosotros está en obras y nos priva del placer de su contemplación. Para quitarnos el “mal sabor de boca” decidimos sentarnos en una terraza con una fría cerveza en la mano. Esa noche, en la pedanía de Cobatillas, disfrutaremos de una cena típica murciana en la que no falto el zarangollo, las morcillas o el conejo con tomate o al ajillo. 

 
 
 La Numantina: V Etapa Totana a Cartagena por la Vía Verde del Campo de Cartagena. 

Otra vez me toca subir a un autobús hasta Totana para reencontrarme con mis amigos. He dormido en casa, en el barrio del Carmen, mientras ellos lo han hecho en el centro cultural de Cobatillas y se han desplazado por la A-7 a Totana en vehículos privados. Tras la correspondiente salida bajo la bandera de cuadros y el estridente sonido de la trompetilla, nos encaminamos por la plataforma ferroviaria hacia Cartagena. Me he sorprendido gratamente con el estado de la plataforma en algunos puntos, se han hormigonado algunos tramos que estaban muy deteriorados por las galerías hechas por los conejos y la pasarela metálica sobre la carretera de La Pinilla a Mazarrón, que no estaban cinco años atrás cuando la recorrí por última vez. Sin más sobresaltos llegamos hasta la Aljorra, dónde decido con pesar, dejar a mis compañeros y dirigirme hasta la estación de Renfe con la intención de coger un tren para regresar a Murcia, no quería dejar mucho tiempo sola a mi mujer recién operada. Ellos continuarían hasta Vistabella donde pasarían la noche celebrando con una contundente barbacoa la quinta etapa de la Numantina y el casi final de la aventura. 

 


La Numantina: Cartagena Modernista.

Los primeros rayos del sol calientan la esplanada del puerto de Cartagena, poco a poco van apareciendo una serie de extraños personajes más propios del siglo XIX que de la época actual. Llegan andando; en bicicleta, alguna más antigua que ellos mismos, y en preciosos vehículos propios de un museo. Vienen vestidos al modo de la época y con espíritu festivo, rememorando los buenos tiempos de la “Belle Époque”. Cartagena se viste de gala para la VIII Muestra Modernista y la Numantina tendrá un protagonismo preeminente. La comitiva, encabezada por la alcaldesa Noelia Arroyo vestida al modo de la época, se encaminó hacia los Héroes de Cavite, lugar de la llegada al esprint de la Numantina, en que Gerardo se llevó los laureles con propiedad, seguido por Carleti y Juan Deelor. Se intercambió tierra de Numancia y Cartagena y se ofrecieron los laureles en homenaje a los héroes de Cuba. Un paseo por la ciudad visitando los puntos más emblemáticos relacionados con el modernismo, movimiento que buscaba romper con el orden establecido y en especial las reglas burguesas, creando un arte que representaba la realidad como reflejo de la subjetividad y accesible a todas las clases sociales. 

La visita al Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) fue el colofón perfecto para finalizar una completa jornada. Aún quedaría la cena de gala como broche final de la Numantina que ha unido las tierras de Soria y Cartagena, las antiguas ciudades romanas de Numantia, Saguntum y Cartago Nova con más de quinientos kilómetros y cinco jornadas de convivencia y amistad, rememorando a aquellos ciclistas de principios del siglo XX que forman parte de la memoria colectiva, verdaderos héroes de aquel Tour de Francia de 1903, del Giro de Italia en 1909 o de la Vuelta a España en 1935. Esperamos haberlo conseguido. 

Mariano Vicente, 4 de noviembre de 2023 

 



martes, 19 de septiembre de 2017

Vía Verde del Campo de Cartagena y ramal de La Pinilla a Mazarrón



¡Por fin! Ha costado dos décadas pero se ha conseguido; el consejero de Turismo, Cultura y Medio Ambiente, Javier Celdrán -presidente del Consorcio de las Vías Verdes de la Región de Murcia- inauguró el pasado 7 de agosto de 2017, junto a los representantes de los municipios implicados y al gerente de este Consorcio, la nueva Vía Verde, con lo que la Región de Murcia suma ya 145 kilómetros de estas infraestructuras. Aún tenemos pendientes algunas más como el antiguo Villena-Alcoi-Yecla (VAY), más conocido como “El Chicharra” y que enlazaba en Jumilla con el trazado del ferrocarril Jumilla-Cieza, o el tramo murciano del ferrocarril Guadix-Almendricos. 


 Pero empecemos por el principio. La Ley de los Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos se creo el 26 de marzo de 1908 y fue modificada por Ley de 23 de febrero de 1912 en la que se basa el Real Decreto de 26 de marzo de 1915 que autorizaba la construcción de la línea de Águilas a Cartagena. En el año 1928 el Plan Guadalhorce revisa el proyecto y plantea un nuevo trazado desde la Pinilla hasta Totana, descartando el tramo hasta Águilas. Hace ya treinta y tres años en un Consejo de Ministros celebrado el día 8 de febrero de 1984, se acordó abandonar definitivamente la construcción de diversas líneas de ferrocarril, entre las que se encontraba el tramo Cartagena-La Pinilla de la línea Cartagena-Águilas y La Ley de Ordenación de los Transportes de 30 de julio derogó la Ley de los Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos de 26 de marzo de 1908.




Recuerdo que hace unos años, a mediados de los noventa, me llamo Carmen Aycart, que en aquel tiempo creo recordar era la directora de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles y nos conocíamos de mi asistencia a diversas reuniones sobre Vías Verdes que se celebraban con carácter nacional, yo debía ser el único murciano que por aquel entonces le preocupaban estas cosas, pues ni siquiera el entonces gerente de la Vía Verde del Noroeste acudía a ellas. Me pidió que le facilitara información sobre el estado del trazado ferroviario entre Totana y Cartagena. Recorrí de nuevo la vieja plataforma para la ocasión, en aquel momento solo interrumpida por la fábrica de plásticos de General Electric, sugiriéndoles que incluyeran el trazado de La Pinilla a Mazarrón y también el pequeño tramo entre Águilas y el Lomo de Bas.


Hoy ya es un hecho y podemos recorrer, casi en su integridad, todo el trazado ferroviario entre Cartagena y Totana, así como el ramal de La Pinilla a Mazarrón. Nosotros dispuestos a no perdernos la ocasión tomamos ayer -18/09/2017- un tren a primera hora de la mañana en la estación del Carmen hasta Cartagena. Antes de la nueve desayunábamos tranquilamente en un bar frente a la estación preocupados por cual sería el mejor trayecto hasta conectar con la nueva vía verde. Dibujamos un recorrido lo más cercano posible al abandonado trazado que Renfe sustituyo hace unos años y que atravesaba El Barrio Peral, hoy convertido en paseo. Lo conseguimos creo que razonablemente, salvo un jardín sin salida y algún bordillo incómodo. Echamos en falta algo más de información para conectar con esta infraestructura desde lugares como la estaciones de ferrocarril, autobuses, el centro de la ciudad o al final del tramo ferroviario del Barrio Peral, donde por casualidad y porque en recorridos anteriores habíamos pasado por allí, descubrimos unas señales metálicas con las flechas características de las vías verdes que incomprensiblemente nos inducían reiteradamente a introducirnos por dirección prohibida. El recorrido puede ser funcional para los peatones, pero no así para los que vamos en bicicleta.



Comenzamos a transitar por el antiguo trazado en Los Dolores al que accedimos por la barriada de San Cristobal. El firme, que en la ficha de víasverdes.com figura como "zahorra compactada con polímero" a mi, que no entiendo mucho de estas cosas, me pareció simplemente tierra compactada, dando la sensación en algunos lugares, en caso de lluvia, que sería complicado transitar por ella. Por lo demás el firme esta lo suficientemente liso para circular en bicicleta con comodidad. El trazado es seguro, pero tiene muchos cruces en los que hay que extremar la precaución, se han habilitado áreas de descanso, creo que unas doce, en las que se han plantado, al igual que a lo largo del trazado, plantones de algarrobos y pinos, lo malo es que habrá que esperar unos años para disfrutar de su sombra.


A lo largo del recorrido se han resuelto de forma satisfactoria algunas de las ocupaciones, que yo considero ilegales, pero otras siguen sin resolverse, como la de alguna finca o el entronque con el trazado tras pasar bajo la carretera de Alhama a Mazarrón. Tampoco vemos muy claro, salvo por seguridad, que la señalización te aleje de su final natural en la estación de ferrocarril de Totana para dirigirse al centro de la población.



Tras un par de horas de pedaleo, y superar la industria de plásticos, llegamos a Fuente Álamo y no podíamos dejar pasar la ocasión de probar las famosas "punticas" -trozo de baguete con un filete de vacuno- de la cafetería La Leyenda. Reanudamos la marcha teniendo que sufrir la irracionalidad de algunas ocupaciones, especialmente la de la finca situada en en el paraje de la Loma a la que la vía cruza por su centro. No puedo llegar a entender el afán de su dueño por impedir el paso. La Vía lo soluciona rodeándola sobre el canal del Taibilla. En la Pinilla, nueva "parada y fonda" en el bar de los mayores de la localidad, en esta ocasión nos conformamos con unas marineras y unas buenas jarras de cerveza ya que el calor empezaba a dejarse notar. Quiero desde aquí hacer una sugerencia al Consorcio para que se "potencie" una mayor interacción entre la Vía Verde y las localidades por las que pasa.


En el cruce tomamos la plataforma de la izquierda para dirigirnos a Mazarrón, este tramo tiene alguna pendiente que no son propias de una vía verde, especialmente en sentido inverso. El culpable; la misma Administración, que se "cargo" el antiguo trazado con la construcción de la RM-3 y alguna urbanización que se empeña en separar en lugar de integrar. Este tramo entre Mazarrón y la Pinilla formaba parte de un ambicioso plan de Defensa Nacional que consistía en unir por ferrocarril los arsenales navales de San Fernando en Cádiz y Cartagena para que no quedaran incomunicados en caso de asedio marítimo. Legamos al final de la vía verde bajo los calidoscópicos detritus mineros, pero antes de la vuelta nos dirigimos hacia la población bajo la atenta mirada de viejos castilletes y derruidas construcciones hasta la plaza, donde no podía ser de otra manera, terminamos en el bar Luis degustando unos calamares con tomate.   


Ya de vuelta, costaba subir bajo el Cabezo Negro, para recuperar la plataforma de la vía verde que también pica para arriba, y no, no es por la cerveza. Pronto entramos en las últimas trincheras protegidas por gaviones de nueva construcción, hasta enlazar con el tramo principal por un atajo perfectamente señalizado. Nos llevamos una desagradable sorpresa, cuando tras pasar bajo la RM-23, no podíamos incorporarnos a la vía verde por lo que sería el recorrido natural. De Totana en dirección Cartagena, al llegar a la valla de la carretera, la plataforma termina abruptamente contra la misma. Nosotros la recuperamos por donde siempre, a través de la vía pecuaria. La estación del Romero se presenta ante nosotros, ahora toda vallada para impedir el acceso y que alguien se lesione pues se encuentra en ruina. Hacemos unas fotos y emprendemos la larga y horizontal recta  que se abre ante nosotros a través del paisaje protegido de los Saladares del Guadalentín, que prácticamente nos dejara en Totana. Despreciamos las flechas,  que caprichosas, se dirigen al puente que libra las vías de la línea de ferrocarril de Murcia a Lorca, nosotros seguimos la vieja plataforma ferroviaria que nos ha traído hasta aquí y que nos deja junto al anden del ferrocarril actual.


Mariano Vicente de Haro, 19 de septiembre de 2017


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jueves, 1 de diciembre de 2016

Fortalezas de Cartagena 2016



En el monte de San Julián; Carlos III, tras recuperar la cuidad a los ingleses y con la misión de dominar la bocana del puerto de Cartagena mando construir esta fortaleza al rededor precisamente de la torre que habían construido aquellos. Terminada en 1888 se uso como prisión durante la Guerra Civil. Desde nuestra provisional base de operaciones en el Puerto de Cartagena, junto al aparcamiento del restaurante Techos Bajos identificamos perfectamente nuestro objetivo. Es una ruta decidida en el último momento, sugerida por David. ¿Por qué no hacemos mañana la Ruta de las Fortalezas en Cartagena? Pues sí, por que no. Y aquí estamos.



La subida a la fortaleza, así en frío se hace dura. Nos calentamos enseguida, yo rompo a sudar casi al momento. La temperatura, a pesar de estar a finales de noviembre, es casi de 20 grados y ya me he puesto la ropa de invierno. Bueno toca sufrir, que le vamos hacer. Ya en la umbría de San Julián hasta se llega a agradecer una temperatura más baja. Ya arriba hacemos conjeturas sobre la bajada y el regreso, pues un cartel indica que estaba cortado el paso por el sendero entre Cala Cortina y el muelle de la Curra. Antonio, que le tiene mucho respeto a las bajadas, se va por donde hemos venido y los demás investigamos una nueva alternativa por la ladera oeste que en algunos tramos esta muy rota y en otros algo trialera y nos obliga en un par de ocasiones a poner pie a tierra.


Bajamos hasta la Batería del Comandante Royo, también conocida como Trincabotijas Alta por encontrarse a poca distancia de Trincabotijas Baja y de esta punta. Estaba armada con seis cañones Ordóñez de 24 cm a barbeta de las que actualmente se pueden observar cuatro emplazamientos. Bajamos de una a otra y tomamos la carretera según informaba el cartelito de la subida a San Julián, lo que nos obliga a pasar el túnel. A la salida cruzamos al carril bici para desplazarnos hasta el puerto y por la rambla de Benipila acceder a la parte occidental del puerto, rodear el arsenal para subir hasta el cuartel y baterías de Fajardo. Es un conjunto que estuvo formado por tres baterías de costa y un cuartel para alojamiento de toda la tropa situados sobre el Soto de la Podadera. Las baterías estaban artilladas con obuses Ordoñez de 21, 24 y 30,5 centímetros. 

 

Tras un ligero descanso y alguna barrita que nos echamos al coleto bajamos hasta alcanzar la pista de subida a Galeras. La llegada al asfalto se muestra algo congestionada, numerosos ciclistas y caminantes suben o bajan por ella. El castillo fue proyectado Pedro Martín Zermeño y Mateo Vodopich y terminado en 1777. A parte de utilizarse como fortificación defensiva de la basa naval, fue centro de comunicaciones y control de tráfico marítimo. Tras la Guerra Civil sirvió de prisión militar hasta 1986. El sol esta ya a buena altura y abrimos el debate sobre subir al Castillo de la Atalaya o regresar a los vehículos. Por las caras de algunos el debate se zanjó rápidamente, ni subieron la otra vez ni van a subir esta. Nos dejamos caer y tras bordear el Arsenal, pasar por la plaza de los Héroes de Cavite y por el Paseo de Alfonso XII acceder al aparcamiento del restaurante Techos Bajos y a nuestros vehículos. Final de la ruta y regreso a nuestros hogares en la ciudad de Murcia. 


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Mariano Vicente, noviembre 2016 

domingo, 8 de mayo de 2016

200 Millas II



Me paso la vida metiéndome en mil líos, pero no lo puedo evitar. Hoy hemos salido a la 7 de la mañana, prácticamente de noche con el único objeto de llegar antes de las 15.40 a Lorca, hora de salida del cercanías para Murcia. El siguiente es a las 17.40; muy tarde para estar en Molins (Orihuela) a las 19.30 y presentar una proyección sobre bicicleta y aventura y su posterior charla-coloquio a la que me había comprometido.

Sientan mal, las tempraneras rampas del Puerto del Garruchal, primero de los tres de la jornada. Hace un poco de fresco que el puerto se encarga de disipar. El horizonte, cubierto, y el pronóstico amenaza lluvia. Ya es casualidad que en el lugar más seco de España, los dos días de mis 200 millas, amague con llover y lo que es más improbable aún; que lo haga.

Por la Tercia y Sucina llegamos a Los Alcázares. Nuestro próximo punto de paso será la Unión. Aquí le propongo a Juan de tomar algo y como siempre terminamos "pasándonos". Una lasaña de calabacín y jamón, magra frita con tomate, tortilla de patatas, un litro y café. Repuestas las fuerzas nos lanzamos en pos de la ciudad departamental. No nos detenemos, el tiempo apremia y como descubriré más tarde las fuerzas escasean.


El Cedacero corta el paso entre Cartagena y el Puerto de Mazarrón, no hay más remedio que escalarlo. Es una subida tendida que te va mermando las fuerzas casi sin notarlo pero que al cabo de los kilómetros se hace patente. La cima la forman dos jorobas casi simétricas que dan paso a una espectacular bajada hacia Isla plana y el Puerto.

Y aquí comenzaron mis problemas, todo hacia arriba hasta coronar el puerto de Morata en plena sierra de las Moreras. Las fuerzas escasas; cansancio acumulado del día anterior; y para colmo, en lo peor de la subida, el cielo se abre y deja caer un sol de plomo derretido. En un par de ocasiones me detengo bajo la sombra de los pinos, descanso y aprovecho para beber un poco, se me está atragantando el puerto. No es gran cosa, solo la mitad final se puede considerar como tal, algunas rampas cortas pero de porcentaje elevado té lo recuerdan. Por fin estoy arriba ya solo queda bajar, serán quince kilómetros, la mitad en suave ascenso. ¡Quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales!


Estamos en la estación de Lorca Sutullena, son las 15.30 y aún nos han sobrado diez minutos. ¡Somos unos machotes! ¡Como se nota que ni Juan ni yo tenemos abuelas! Estas 200 Millas nos han salido por un poco más; 352 kilómetros en que hemos realizado en dos días, 216 el primero y 146 el segundo. Era un proyecto personal al que estaban invitados todos mis amigos pero circunstancias personales con escusas de los más pintorescas han hecho que al final solo Juan Bautista y yo lo lleváramos a cabo.

Mariano Vicente, en plena recuperación un domingo 1 de mayo de 2016. 


lunes, 1 de junio de 2015

Vuelta a Murcia: Primera jornada



El sol ya ha salido, aunque los altos edificios de la capital no dejan verlo. Será el guía que me acompañe a lo largo de toda la jornada. Lo seguiremos primero hacia levante, en dirección a Los Alcázares, por el desfiladero del Garruchal, la Tercia y Balsicas. Después hacia el sur, El Algar, la Unión y Cartagena y hacia poniente, por el Puerto de Mazarrón y Lorca.

Pasan pocos minutos de las ocho cuando comienzo a pedalear, hace un poco de fresco, pero pronto el sol caldeara el ambiente. Pasado San José; la carretera serpentea junto a la rambla del Garruchal, flanqueada por polvorientos eucaliptos y algún algarrobo aislado. El paisaje se estrecha y la carretera se empina entre paredes verticales y pinos equilibristas; rumores de agua que se mezclan con los graznidos de las rapaces. El desfiladero del Garruchal ha sido paso obligado entre el valle del Segura y el campo de Cartagena hasta épocas recientes y ruta habitual de los huertanos para acceder a las refrescantes aguas del Mar Menor. Pasado el Puntarrón el paisaje se ensancha y el aire huele a plantas aromáticas, terrazas de limoneros lo jalonan por la derecha. Columbares lo vuelve a estrechar, pero el paisaje, con esfuerzo, se abre de nuevo y la carretera aprovecha para subir a las casas del Collado.



Desciendo a buena velocidad y tomo la carretera de la Tercia. Paso junto a una urbanización de sueños incumplidos. La carretera va directamente a Balsicas, que cruzo para continuar entre invernaderos por los que deambulan cuadrillas de inmigrantes. Sigo a buen ritmo a pesar de una ligera brisa en contra.

Os preguntareis que hago yo aquí; tenía unos días libres y he decidido hacer una ruta de varias etapas que de la vuelta a la Región de Murcia. Las jornadas quedaran más o menos así: Murcia, Los Alcaceres, La Unión, Cartagena, Puerto de Mazarrón, Lorca. Descarto el ir hasta Águilas porque me complica mucho la ruta, incluso tendría que añadir un día más. En el segundo día pretendo llegar a Jumilla a través de Caravaca y Calasparra. Ya en el tercero por Yecla y Abanilla, llegar a Murcia. Visto así, parece sencillo, pero hay que tener en cuenta que soy un simple aficionado, que en esto de la bicicleta soy más bien un globero con minúsculas, de los de andar por casa.



Bordeo el Cabezo Gordo y atravieso Los Camachos. En las aceras, chilabas al viento; después, Los Alcázares. Al parecer el topónimo  proviene del término árabe "Al Kazar", palacio o casa noble, que construirían los árabes para su solaz junto a la aguas del Mar Menor. La repoblación cristiana lo convertiría, además, en importante puerto pesquero y lugar donde los huertanos se olvidaban por unos días de las caléndulas de la huerta, mientras tomaban los novenarios en sus aguas.

Salgo de los Alcázares en dirección a El Algar, importante cruce de caminos y veredas trashumantes, por la N-332ª, un poco ruidosa al tener el trazado paralelo a la autovía, pero de escaso tráfico y buen asfalto. Voy rápido, es llano y la brisa ayuda. 



Desde el Algar subo a la Unión para bajar casi en línea recta hasta Cartagena. Pedaleo paralelo a las sierras litorales, la ciudad se distingue ya claramente. Entro junto a las estaciones de ferrocarril para dirigirme al puerto donde hago un pequeño alto; mientras un grupo de políticos y su séquito, corren de un lado a otro, estamos en plena campaña electoral.

Sin más preámbulos, continúo dirección Canteras, en este tramo la media comienza a resentirse, el calor empieza a dejarse notar y empiezo a sentir hambre, a pesar de haber desayunado en los Alcázares. La carretera va cogiendo altura y el pedalear se endurece frente las cuestas del Cedacero. Bajo Peñas blancas, ya superadas las cuestas, comenzamos un largo descenso en el que el cuenta kilómetros marcará la máxima de toda la vuelta: 84 kilómetros/hora; en competición con un descerebrado a motor, que ha toda costa pretendía adelantarme y que indefectiblemente en cada curva se quedaba atrás. Isla Plana y el Puerto de Mazarrón, donde tengo previsto hacer parada y fonda. Para ello nada mejor que visitar el Gula-Gula de mi amigo Alex; en el puerto, para disfrutar en su terraza, bajo una agradable brisa, de una magnifica ensalada de pasta. Quizá abusé algo de la cerveza, pero apunto estuve de quedarme dormido bajo la sombra de su toldo, el ronroneo de lejanas voces extranjeras y el frescor de una suave brisa que acunaba como una madre.



Superados los momentos de debilidad, continuo para enfrentarme a lo más duro de la jornada; subir a Morata y superar el puerto de la sierra de Almenara. Al principio, aunque el sol cae a plomo, el pedaleo se hace llevadero por estar aun bajo el influjo refrescante de la brisa. Pronto se vuelve más denso y solitario, no hay tráfico y los primeros signos de vida aparecen en Puerto Muriel, ya a las puertas de Morata.

Despierto el interés de los ociosos magrebíes que ocupan las escasas sombras de la plaza del pueblo. Relleno los bidones de agua en la fuente y me hago un "selfie" para la inmortalidad junto a la ermita. Ahora comienza lo duro, la carretera se empina, el calor aprieta -son cerca de las tres de la tarde-, no hay ni una sombra y las gotas de sudor empiezan a empapar el asfalto. Poco a poco, demasiado poco para mi gusto, voy cogiendo altura, aparece auxiliadora la sombra de algún pino que se desvanece al instante. Sigo subiendo y sufriendo, pero algunas corrientes de aire presagian la cercanía del alto. Lo consigo, he superado la sierra de Almenara, junto a Campo López. Comienzo el descenso.



Lorca de distingue entre la bruma, parece al alcance de la mano, pero no lo está. Paradójicamente será uno de los tramos que más se me empalague. Al principio, cuesta abajo, al circular a buena velocidad se hizo llevadero, pero después; pasaban minutos interminables y los kilómetros se mantenían inamovibles. Cada vez que bajaba la cabeza, miraba el gps y marcaba lo mismo; ¡que desesperación!

Por fin entro en Lorca por Santa Quiteria, me detengo en Bicicletas Gonzalo a recoger el obsequio que me tiene preparado para el XVII Día de las Vías Verdes; pero eso es otra historia. Un limón granizado en la estación y en tren hasta casa.

Murcia, ante el teclado del ordenador de un lunes 18 de mayo de 2015.  

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Fortalezas de Cartagena



 
Introducción

Desde siempre; Cartagena ha estado ligada a su situación geográfica; estratégica en el mediterráneo, circunstancia que llevo durante siglos a la fortificación de la ciudad. De los cartagineses nos quedan algunos restos de muralla, únicos que quedan en Europa. Los romanos también dejaron su impronta, al igual que los árabes, pero sería en el siglo XVIII cuando Felipe V decide crear los departamentos marítimos de Cádiz, El Ferrol y Cartagena que dará a la Ciudad su configuración actual. Según María Pelñalver, doctora de la UPTC, en su tesis  'Génesis y materialización de la dársena del puerto de Cartagena a lo largo del siglo XVIII”, manifiesta que la construcción de la dársena significo “un reto sin precedentes para las técnicas de construcción portuaria y el conocimiento científico del momento”.

El ingeniero militar Antonio Montaigut de la Perille será el encargado de iniciar el proyecto. Posteriormente Esteban Parnón, proyecto los sistemas defensivos de bocana con nueve baterías; San Fulgencio, Punta de la Podadera, Fuerte de Navidad, Espalmador, San Leandro, San Isidoro y Santa Florentina, Fuerte de Santa Ana, y Trincabotijas.

En 1765 el Conde de Aranda como Capitán General de los reinos de Valencia y Murcia consideró insuficientes las defensas de la ciudad, por lo que propuso a Carlos III su ampliación, de la que se encargaría el brigadier e ingeniero militar Pedro Martín Zermeño y su sustituto Francisco Llobet. Desde 1755 hasta final de siglo se construyeron: La Muralla; castillos de los Moros, de la Atalaya y Galeras; Hospital Real de Marina; Parque de Artillería de la Maestranza y el Cuartel de Antiguones, potenciándose las baterías de bocana.

A principio del siglo XX las baterías de costa de Cartagena se habían quedado desfasadas ante los modernos acorazados, por lo que se puso en marcha el Plan de Defensa de Costas de 1912 que llevo a cabo la II Republica, artillando de nuevo las existentes y construyendo otras nuevas, Monte Roldan, Atalaya, Sierra Gorda, Aguilones y Cabo del Agua con nuevas piezas Vickers de 38.1 cms. 15.24 cms y 10.5 cms, estos últimos antiaéreos, con un alcance de 35.000, 21.000 metros respectivamente y un techo de 7.000 para los antiaéreos.





Crónica

Una niebla blanquecina, casi transparente, invade las cumbres cuando “desembarcamos” en el puerto de Cartagena. Buena temperatura para estar en el último tercio del mes de noviembre y alta humedad. Comenzamos nuestra ruta bajo el Castillo de los Moros, a las puertas del barrio de Santa Lucia. Pasamos junto al mural que dio comienzo a nuestro CaminoMurciano del Sureste, que a principios del 2007 nos llevo a Compostela y nos introducimos entre los cabezos de Gallufa y San Pedro buscando la subida al Castillo de San Julián. 



Los músculos están fríos; duelen, apenas rinden, pedalada tras pedalada, vamos ganando terreno y altura comenzando a vislumbrar, entre la bruma, la bahía de Cartagena. Se empina aún más el camino que se retuerce en busca de la cumbre. Por fin hemos llegado, solo estamos a 294 metros, pero las vistas de las que disfrutamos son magnificas, a pesar de la ligera niebla que difumina y envuelve el paisaje convirtiéndolo en algo vaporoso e ingrávido. Solo lo más cercano; las puntas de San Antonio, Santa Ana y Trincabotijas, a nuestros pies, se distinguen con claridad; Escombreras y Los Aguilones se diluyen en el horizonte. Al otro lado de la bahía; la punta del Aire y el fuerte de Navidad aún se distinguen; Galeras es solo una mancha gris que oscurece el albo firmamento.



Desandamos lo andado para descender hacia la fortificación de Trincabotijas por un viejo y empedrado camino. Cala Cortina viene a continuación, subimos por una escalera y pasamos junto a las antiguas defensas de Santa Ana, San Isidro y Santa Florentina. Cerca del muelle de San Pedro; la batería de San Leandro. Bordeamos el puerto pasando junto a la Muralla, bajo el castillo de la Concepción, hasta el Arsenal, para dirigirnos por el cauce de la rambla de Benipila al fuerte de Navidad. 



Desde aquí arriba, se ven gentes por los caminos, andando unos detrás de otros como fila de hormigas. Se ven gentes como puntitos, que curiosos, rodean el pequeño faro de Navidad; cuerpo blanco y linterna roja. Se ven estelas de lanchas de un crucero enorme, haciendo maniobras. Se ven barcos de guerra, tristes, que no han luchado en batalla alguna amarrados en el Arsenal. Se ven submarinos; flotando unos, en dique seco otros. Se ven… 


   
Bajamos por escalones rotos hasta un camino antiguo pero en buen estado. Subimos a Galeras. Está cerrado. La hiedra reviste sus muros umbríos, neoclásicos, que fueron prisión y semáforo. Último reducto defensivo de la plaza, en él se proclamó la Revolución Cantonal de 1876. Una estela mercante divide en dos la lámina plateada de este mar lácteo que se confunde con un horizonte igualmente lechoso.



Barrio de la Concepción, entre sus calles un muro casi infranqueable: la subida a las Atalayas. Cumbre y castillo a una cuota de 242 metros alcanzable en tan solo 1.325. Porcentajes escalofriantes en un camino cementado. Las piernas por un lado, la cabeza por otro. Pasan segundos eternos; metros interminables; sin horizonte, angustiosos, hasta que la mente lo acepta, poco a poco, como algo necesario, inevitable. Entonces todo parece más fácil, el pedaleo se acompasa, dejan de doler músculos y articulaciones y los metros avanzan parsimoniosos uno detrás de otro. Casi al final, en un recodo, miro a tras y solo me sigue Antonio que va andando empujando la bicicleta, a los demás no los veo. Por fin estoy arriba; llega Antonio. Rodeamos esta obra de estilo neoclásico del ingeniero militar Pedro Martín Zermeño, construida con el objetivo militar de burlársela al posible enemigo y que desde ella pudiera bombardear la ciudad y cubrir los posibles desembarcos en las Algamecas. Comenzamos a bajar; David esta en el mirador, seguimos juntos, los frenos sufren, ya abajo alcanzamos a Ángel y José Luis; no han subido.



Vuelta bajo el castillo de los Moros, que nada tiene que ver con ellos; es del XVIII, también neoclásico como los anteriores y comunicaba con la ciudad por un camino cubierto. A sus pies un antiguo restaurante, muy conocido en la ciudad, en el que reponemos fuerzas; almejas, mejillones y fritada de pescado, arroz con leche, café y unos chupitos de orujo para ayudar a la digestión.



Mariano Vicente, noviembre de 2014   

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