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domingo, 8 de mayo de 2016

200 Millas I




Según la Real Academia Española (RAE) reto es un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta. Y de eso se trata, de ir más lejos, de plantear un nuevo desafío, un verdadero reto personal y una forma de evaluar nuestra capacidad ciclista.
De vez en cuando nos planteamos realizar alguna locura, que en realidad no lo es tanto. Será un duro esfuerzo que pondrá a prueba nuestra capacidad de resistencia, nuestro afán de superación. Pero con tenacidad aguantaremos el envite y obtendremos la satisfacción de conseguir nuestro reto.

Recorrer nuestra región en un par de jornadas con una ruta circular. Algo más de 100 millas diarias sobre nuestras bicis de carretera. Es una distancia que para muchos ciclistas no es algo insuperable, pero para nosotros, simples aficionados es todo un reto. En realidad serán algo más de 200 millas unos 360 kilómetros.

La diseñamos para salir de Murcia y por el desfiladero del Garruchal acceder al Campo de Cartagena y los Alcázares. La Unión y Cartagena serían nuestro próximo reto. Conseguido, tendremos que superar el Cedadero y por el Puerto de Mazarrón y Morata atravesar la sierra de la Almenara para acceder a Lorca. Aun nos espera toda la subida hasta nuestro lugar de pernoctación en Coy. En total unos 180 kilómetros.
En la segunda jornada; desde Coy, buscamos la sierra del Burete y por la solana de las Cabras y Quípar llegar a Cehegín. Calasparra será nuestra próxima meta y Jumilla la siguiente. Bordeamos la sierra del Carche y la de Quibas para llegar a Abanilla. Solo nos queda ya llegar a nuestra querida ciudad de Murcia, otros 180 kilómetros.

Las cosas no siempre salen como se espera y la pernoctación fue algo difícil de digerir. Por lo que cambiamos la distribución de las etapas, ahora saldríamos de Lorca hasta llegar a Murcia por el norte de la Región; al día siguiente la tocaría al sur. Así que los dos únicos que concurrimos; Juan Bautista y yo, nos encontramos en la estación del Carmen para coger el tren de las 6.35 a Lorca. Aun nos permitimos el lujo de un buen desayuno en el Mesón Lorquino, antes de comenzar a pedalear a las ocho de la mañana.



El día se presenta nuboso, amenaza lluvia y es algo fresco; buscamos la carretera de Caravaca y empezamos a entrar en calor, nos esperan 42 kilómetros de constante subida. Algunas gotas de lluvia hacen su aparición pero no llegan a mojar. Por fin aparece La Paca, tomamos dirección a Doña Inés, aún queda algún kilómetro de subida.

Cuando dejas hacer a su antojo a determinados programas ocurren cosas extrañas. Preparé el track con Strava sin comprobarlo en profundidad, y mira por donde me dirige por una pista sin asfaltar hacia La Encarnación, por el camino viejo de Caravaca a Lorca. Decidimos continuar por nuestra carretera hacia Cehegín, por lo menos esta asfaltada. Pedaleamos en dirección hacia el paso entre las sierras del Burete al sur y las de las cabras y el Quipar al norte. El paisaje se estrecha, carretera minimalista sombreada de pino y el asfalto en condiciones aceptables. Serpentea por la umbría de la sierra del Burete, el pinar más extenso e importante del municipio de Cehegín. Carretera que va a desembocar al sur de la población, por lo que unos kilómetros antes optamos por un desvío a nuestra izquierda que atravesando el Quipar nos lleva en el centro de Cehegín.



No nos entretenemos, algo poco recomendable, pues se trata de una de las poblaciones más bella de la zona del noroeste, con un casco histórico bien conservado y estupenda gastronomía que bien merece una visita. Nosotros, asiduos visitantes, decidimos buscar sin más dilación la carreterilla de Canara, junto al embalse del Argos, que a través de Valentín nos Llevará hacia Calasparra. Población famosa por su arroz con denominación de origen, aquí entramos momentáneamente en contacto con él Segura que sigue su camino hacia el sur mientras nosotros nos dirigimos al este, hacia la Venta del Olivo, paisaje dominado por los frutales y la sierra del Puerto, que cierra el horizonte por el norte. Buen asfalto y demasiado tráfico.

De la Venta del Olivo a Jumilla la vid es la protagonista, que alterna con modernas plantaciones de hortalizas, totalmente mecanizadas, que ponen el producto directamente en la mesa sin más manipulaciones. El horizonte cubierto, cada vez más negro, no augura nada bueno. Caen las primeras gotas que pronto mojan la carretera. Ahora ya es lluvia cerrada, Juan Bautista va delante, pero parece que está detenido; ha pinchado. Bajo la incomodidad de la lluvia reparamos y seguimos adelante. Entramos en Jumilla.



Tenemos hambre; buscamos donde saciarla; el bar Sebastián, en la plaza de abastos, puede ser un buen sitio. Mientras me lavo las manos Juan ya he empezado a pedir; veo sobre las mesa unas cervezas bien frías y un plato de jibia a la plancha. Me siento a la mesa y Juan va al baño, cuando vuelve ya hay sobre la mesa un plato de embutido variado. Ya juntos, pedimos garbanzos con chorizo y oreja en salsa. Creo que es suficiente y más si pensamos que nos quedan por encima de cien kilómetros para llegar a casa. Aún así, nos tomamos un par de trozos de pan de calatrava y café.

Cuando nos ponemos en marcha sigue lloviendo. Es algo desconocido para nosotros, es muy improbable que montemos en bicicleta si llueve. Son pocos los días que lo hace y entonces nos quedamos en casa. Esta vez es diferente, lo teníamos todo programado y Juan se había tomado el día. Mientras pedaleaba; lo hacía con una sonrisa en los labios, acordándome de Carlos y Luisa, entrenando en el garaje durante todo el invierno y;  cuando llega la primavera; también. Es lo que tiene Cantabria; tan verde; tan hermosa.

La carreterilla del Carche tiene el asfalto regular y pica hacia arriba, pero es tranquila y agradable. Pedaleo bajo la lluvia sin más complicaciones que el paso embarrado de las obras de la futura autovía de Yecla. Pasan monótonos los minutos, los kilómetros empiezan a hacerse notar, el final del pequeño puerto formado por las estribaciones de la sierra está a punto de acabar y ya todo será más sencillo hasta la Capital. Noto algo extraño en la rueda trasera. He pinchado. Un pequeño contratiempo fácilmente solucionable. Desmonto, revisó la cubierta y pongo cámara nueva. Lo más molesto inflar de nuevo la rueda con estas bonitas y minimalistas bombas, pero con las que tienes que bombear "millones" de veces hasta conseguir introducir la presión suficiente para continuar. Juan me está esperando en lo alto del puerto, me pregunta por el retraso y le cuento lo que ha pasado. Continuamos a buen ritmo hacia Pinoso.



¡Juan creo que he pinchado otra vez! A la entrada de Rodriguillo, volvemos a cambiar la cámara, ya es la segunda. Esta vez me ayuda Juan y terminamos antes. Bajo la cuesta Colorada con la barbilla sobre el manillar, lanzado a todo trapo. A la altura de la Venta de los Collares, ¡no puede ser! ¡Años sin pinchar y hoy es la tercera vez! Hemos desmontado la cubierta para revisarla al derecho y al revés, nada. Juan solo tenía una cámara de repuesto y la había usado, así que ponemos un parche a una de las cámaras usadas y continuamos rezando por qué todo termine bien, aún nos quedan más de cuarenta kilómetros y empieza a atardecer.

Al entrar en Murcia lo primero que hago es parar en una tienda de bicis al paso y comprar un par de cámaras, mañana hay que hacer la otra mitad de las 200 Millas y no nos podemos aventurar.

Mariano Vicente, 1 de mayo 2016 

viernes, 5 de junio de 2015

Vuelta a Murcia: Tercera jornada


Llueve. Hoy puede que no sea un buen día. Voy camino de Jumilla; desde el autobús El Carche ofrece un romántica imagen, con un collar de nubes que cuelga de su cima; en cambio, los frutales presentan un aspecto desvencijado y triste, casi sin hojas, que yacen esparcidas a su alrededor. Sigue lloviendo, espero que se cumplan los pronósticos y a partir de las diez de la mañana luzca el sol. Hoy pretendo recorrer el último tramo de mi particular Vuelta a Murcia, desde Jumilla a la capital, pasando por Yecla, Pinoso y Abanilla.

Son poco más de las ocho treinta, cae un chispeo intermitente. Desayuno con tranquilidad a la espera de que escampe; cuando termino, aunque está cubierto, ya no llueve. Hago alguna foto del cristiano castillo y comienzo mi pedaleo. Al principio muy despacio para no mancharme, pero siempre termino salpicado y en esta ocasión no va a ser diferente. También hace frío; el sol no termina de salir, un vientecillo persistente, junto a la humedad, hacen que se sienta hasta los huesos. Círculo sobre la vieja plataforma ferroviaria que quiero seguir hasta Yecla; carreterilla llana, intima, solitaria; ni un solo vehículo en todo el tramo.

El asfalto está muy roto; no lo recordaba tan deteriorado. El primer tramo, por la RM-A15, dirección al Carche, no esta tan mal, pero nada más girar e introducirme por la RM-A26, con clara orientación noroeste, tengo que detenerme y aligerar la presión de los neumáticos, la combinación del frío y la vibración están poniendo en peligro mi dentadura. De vez en cuando un ligero y reconfortante rayo de sol llega hasta mí. En los llanos del Ardal hileras de vides colman el paisaje hasta perderse en la solana de la sierra del Buey, a ellas esta humedad parece sentarles bien, están verdes y brillantes.



En la llanura, hacia el norte, se distingue con claridad la sierra de la Magdalena, cuna de la Yecla ibera. A nuestra derecha el Carche se ha quedado atrás, sustituido por la sierra de Salinas, muy desdibujada por la bruma. El ambiente ha templado cuando llego al cruce con la carretera que viene de Abanilla a Yecla. Es pronto, pero no veo la necesidad de entrar en la población y decido continuar hacia Pinoso. Hermosa carretera de perfecto asfalto y buen arcén, de pedalear amable y cómodo, pues el tráfico no es excesivo y molesta poco. Los campos verdes de trigales se alternan con las vides, dejando atrás alguna que otra bodega.

 Nuestro camino gira ahora al sur, atraviesa por el paso entre la sierras de las Panas y Salinas para aproximarnos de nuevo al Carche. En esta zona coincidimos con la Transmurciana, que continua a nuestro lado derecho, por las estribaciones del Carche hasta superar la Pila. Nosotros, más modestos, continuaremos por la CV-836, que por algo estamos en la Comunidad Valenciana. Poco a poco voy devorando kilómetros casi sin darme cuenta, llego a Pinoso y por aquello de más vale pájaro en mano, decido hacer un alto y tomar algo.



Lo de tomar algo es un decir; pregunto al camarero si puede ser un bocadillo en la terraza; no se estará mal bajo este incipiente sol que ya calienta el cuerpo. Por supuesto -me responde. Cuando llega y le pregunto si puede ser caliente, me dice que lo puede preparar de lomo o tortilla, lo dejo a su elección y espero junto a un litro de cerveza y unas olivas. Cuando aparece con el bocadillo no doy crédito a lo que veo. Una ancha barra de pan, en cuyo interior se aprecia una gruesa tortilla preñada de jamón y queso; sobre ella unos filetes de carne empanada y no sé qué más. Me lo como -no lo voy a despreciar después del interés que ha puesto el muchacho-, aunque después me cueste pedalear.

Pues no; pedaleo cómodo, sin agobios y contento, el bocadillo no me ha sentado mal, más bien al contrario. En Cases del Collado recupero la nomenclatura murciana y la carretera pasa a llamarse C-3223 La carretera bordea la sierra de Quibas y se dirige en dirección a Abanilla alejándose de la Pila, la mayor parte del tiempo se insinúa de forma favorable. La vid y el cereal son sustituidos por grupos de pinos aislados hacia el Puerto de Barinas, siendo sustituidos por almendros. Poco a poco el paisaje se reseca, se torna fantasmagórico, formado por amarillos y ocres dando la sensación de que la vegetación más que escasear no existe. Pero no es del todo cierto; rala y de escaso porte, tiene un encanto especial en esta época del año, la mayoría está en flor y puntea sobre los amarillentos campos pinceladas de colores infinitos, donde las palmeras se elevan su verde como contrapunto de color a un cielo de profundo azul. Aquí es donde disfruta mi amigo y pintor Saura Mira, cronista de la ciudad de Abanilla, a la que algunos, -y no les falta razón-, llaman la palestina murciana. La primera vez que la visite tres cosas me llamaron poderosamente la atención; sus milenarios olivos, su lavadero público y como de un terreno tan árido podía surgir un vergel semejante; de diminutas, de primorosas huertas.



La carretera se ensancha tras pasar el río Chícamo, se industrializa y el tráfico se hace pesado; para separarme de él tomo la vía de servicio. Llevo buena velocidad y pronto entraré en la poblada huerta de Murcia y la Vega Baja, que ya cubre el horizonte hasta las sierras de la costera norte, a este lado del Segura. Poco resta ya por contar, por los carriles de la huerta accedo al carril bici y de allí a la ciudad y al barrio del Carmen, el punto de salida de esta aventura. Habrán sido tres días de pedaleo, más de cuatrocientos kilómetros y lo más importante para mí; el reencuentro con esta tierra a la que amo y que espero seguir recorriendo en el futuro.


Mariano Vicente, en un miércoles del mes de mayo del año 2015  

martes, 2 de junio de 2015

Vuelta a Murcia: Segunda jornada





El traqueteo del tren me tiene amodorrado mientras me desplazo a Lorca. He salido de Murcia a las seis cuarenta y cinco para desayunar en Lorca y comenzar a pedalear sobre las ocho. Busco el Guadalentín y la carretera de Caravaca. Mucho tráfico, que disminuye ligeramente, mientras me alejo de Lorca. La carretera, en continua pendiente, es de buen asfalto que se alegra conforme nos acercamos a los Montes de Pinosa. En la zona del Romeral dejo por nuestra izquierda la carretera de Zarcilla de Ramos. El paisaje se estrecha mientras sigo subiendo hasta La Paca, veinticinco kilómetros que se hacen cuesta arriba. Creo que es hora de tomar algo; un pincho de tortilla y una Alhambra, sirven para entonar el cuerpo. Comienza aquí un descenso que en más o menos medida continuará hasta Caravaca. Amplios campos, donde el cereal es el protagonista, me rodean. El tráfico especialmente de camiones y furgones, sigue siendo alto, pero la carretera es amplia y de buen arcén.

Me sorprende una capilla en medio del campo junto a otras edificaciones, es la Colonia de Santa Teresa. La espadaña, con campana, corona el eje central de la entrada; sobre la puerta una cruz que no es la de Caravaca, sino más parecida a la de Calatrava.



La sierra de Campo Coy y la Cuerda de la Vereda forman la divisoria de aguas entre el Guadalentín y el Quipar antes de entrar en la Almudema. Se humaniza el paisaje hacia Venta Cavila; Casas de Rullo, Pinilla, Los Prados…

Me dejo caer sin más problemas hasta Caravaca. Aun no tengo hambre ni estoy cansado y voy bien de tiempo, por lo que no me detengo, atravieso la ciudad y me dirijo en dirección a Cehegín para coger la C-3314 hacia Calasparra. La carretera se dirige hacia el noreste entre la sierra de la Puerta y el embalse del Argos. Calasparra aparece casi por sorpresa, es un buen lugar para tomar un buen bocadillo de lomo a la plancha con queso y algo de líquido para hidratarme, esta vez de marca murciana.

El Segura viene esplendido; lo franqueo por el antiguo puente de hierro. Tráfico denso, especialmente de camiones, hasta la Venta del Olivo. Tramo de pedalear desagradable que se hace interminable. El Lomo de Asno, que mantengo como referencia, siempre está en el mismo sitio, ¡inamovible! ¿Dónde está la Venta del Olivo? 



Por fin he pasado la Venta, y no he podido tomar un café ¡porque está cerrada! El cielo se oscurece a mi espalda hasta ocultar el sol que me había acompañado durante toda la mañana. Negras nubes de orondos vientres me persiguen, de cuando en cuando, alguna gota pérdida, desorientada avanzadilla, llaga hasta mí. Sigo pedaleando sin descanso, intentando no ser sorprendido en plena Cañada del Judío sin lugar alguno donde refugiarse. Cuadrillas enteras de operarios agrícolas yerguen sus cuerpos a mi paso y durante unos momentos dejan sus quehaceres para contemplar cómo me alejo, incluso llegan a jalearme. Algunas tienen más de cuarenta operarios y usan maquinaria que desconozco. Autobuses y furgonetas que los acercan al tajo, descansan junto a los bancales esperando la hora del regreso.

Alguna gota se insolenta, pero son unidades aisladas que apenas llegan a mojar el asfalto, voy librando por poco, Jumilla debe de estar cerca, pero no la veo, la sierra del Molar a mi izquierda y la de Santa Ana a mi derecha, me la ocultan. Parece que no voy a llegar y empiezo a jugar a la ruleta rusa, me mojaré, no me mojaré y casi sin darme cuenta ya estoy en Jumilla. Directamente a la estación de autobuses, son poco más de la tres de la tarde y tengo tiempo de tomar algo hasta la llegada del autobús.

Suena el teléfono que me despierta de mi duermevela en la parte trasera del autobús. Es Antonio, -¡estás bien!, me pregunta preocupado. Si, por qué lo dices. –No te pillado la granizada- me pregunta. No, no, le respondo y me cuenta que solo unos minutos antes ha caído en la zona una fuerte tormenta de granizo que ha destrozado frutales y vehículos. De buena me he librado.

Murcia, 19 de mayo 2015 

P.D.: Días después, en el bar en el que había desayunado –Mesón Lorquino- el dueño y unos parroquianos asiduos, me contaron que estuvieron preocupados por mí, tras ver la tormenta en las noticias.

miércoles, 14 de enero de 2015

Circular del Carche


El Carxe, fantasía del catalanismo, no es más que nuestro entrañable Carche; su explicación es sencilla. La expulsión de los moriscos (siglo XVII) produjo un terrible despoblamiento de estas tierras que se mantuvo hasta la segunda mitad del XIX en que fueron repobladas por familias provenientes del alto Vinalopo, en especial de las poblaciones de Pinoso, Monover, Novelda y Petrer, familias que lógicamente trajeron su lengua; el valenciano, y que han mantenido hasta nuestros días. No son grandes núcleos de población, los pertenecientes a Jumilla; Torre del Rico, 71 habitantes; El Carche no supera los 65; Cañada del Trigo 181. No andan sobradas las de Yecla, así Raspay se conforma con 113 y las de Abanilla igual; Cañada de la Leña que solo tiene 157 habitantes, todo ello referido al censo de 2009.

La Sierra del Carche se encuentra en el noreste de la Región de Murcia y reparte su superficie entre los términos municipales de Jumilla y Yecla. Declarada Parque Natural en el 2003, cuenta con 5.942 hectáreas de superficie e incluye las sierras de El Carche (La Madama, 1.371 m.), Las Pansas y el diapiro salino del Cabezo de la Sal. El Parque dispone de un albergue municipal y de un refugio junto a la Madama.

Distancia: 49.50 km.
Salida/llegada: Carretera C-3213 Jumilla-Pinoso Venta Viña P (Pista forestal de Viñape)
Desnivel +: 1.305 metros
Tiempo: 5.30 horas
Altura mínima: 380 metros
Altura máxima: 1.174 metros
Indice IBP: 80
Dificultad: No presenta más dificultad que las propias de las características del terreno.

Atractivos de la ruta
:
El interés de la ruta se basa en los valores intrínsecos a este espacio natural. La Sierra del Carche forma parte de las Cordilleras Béticas y consta de una característica muy especial; el diapiro salino del Cabezo de la Rosa, acumulación de materiales de hace 200 millones de años donde el mar depositaba carbonatos y evaporitas (sales y yesos).
En su zona central se encuentra el pico de La Madama, 1.371 m. y hacia el noreste se extiende la sierra de las Pansas, horadada por profundos barrancos que dan lugar a importantes ramblas.
Encontramos testimonios humanos desde la edad del bronce, donde destacan la Cueva del Castellar, los Castillicos del Salero y la Romanía. Al Norte y al Oeste, numerosos asentamientos romanos y hasta un acueducto en La Romanía. En la umbría de la Madama se conserva el único pozo de la nieve de la sierra perteneciente al siglo XVII y bajo el Cabezo de la Rosa se encuentran las salinas de interior más importantes de de la Región de Murcia aún en funcionamiento.
¡Ah! Si tienen ocasión no dejen de maridar un buen gazpacho con cualquier monastrel de la zona, no se arrepentirán.


Asistentes:
Antonio Máximo, Antonio Cervantes, Jesús Torrecillas, Juan Bautista Tudela y un servidor; Mariano Vicente.

Crónica:
Pues no, no estaba allí, ese “frío del copón” que convirtió en desertores a la mitad del grupo. Hasta 24 grados positivos llegamos a tener; y eso el 10 de enero y a 1.300 metros de altura. No cabe duda, la Región de Murcia es el mejor lugar de España para montar en bicicleta en invierno, aunque a algunos les cueste creerlo.

Son la 9 de la mañana, estamos acodados en el alto mostrador. Enfrente, un humeante café, en una vieja venta roturada de forma curiosa: Viña P. Preguntamos a los dueños: -Siempre ha estado así, nos responden. La letra P, así, sola, luce gallarda como jeroglífico de lo que en realidad es Viñape, pero a nosotros no nos importa, es un lugar ideal para comenzar nuestra la ruta que hoy proponemos; dar la vuelta completa a la sierra del Carche.


Cuando hace unos meses leí un folleto imperialista catalán en el que extendían, como una vulgar mancha de aceite sobre la hoja de un periódico en la que hubiéramos envuelto el bocadillo, la preponderancia del catalán desde Francia hasta las extribaciones del Carche, no tuve más remedio que reírme. Efectivamente por estas tierras aun es fácil distinguir el melodioso sonido de la lengua valenciana, pero no por la influencia catalana, sino por el asentamiento en el siglo XIX de familias alicantinas. 

Terreno duro, que deja entrever ya la meseta. Llanuras de cereal, almendro y vid, donde el cono del Carche señorea en su centro. Nos dirigimos hacia él, en linea recta, hacia la solana del Cristal, por el camino forestal de Viñape al collado de las Colmenas. Subida constante y no demasiado pronunciada que se endurece bajo la solana del Crestón del Cañal. El ambiente se caldea por momentos, sobra la mitad de la ropa que previsores en exceso hemos traído, el termómetro marca ya los 9 grados. Hacia el sur; separada por los cerros del Aniso, Primer, Segundo y Tercer Cocón, la llanura brilla húmeda iluminada por los oblicuos rayos de un sol recién nacido.


Vamos ganando altura entre pinos y algo de coscoja. Pinoso esta enfrente, entre dos luces, su blanco caserío destaca sobre la llanura, medio oculto por la niebla. Al fondo, recortadas sus crestas por el sol, las primeras sierras alicantinas. Tras un recodo, antes de llegar al collado de las Colmenas, se distingue un caserío modesto, como desparramado en la llanura; la población de Raspay. En el collado giramos hacia el oeste por el camino de la Yedra a la Pisana, cruzando el barranco que de inmediato se transforma en rambla y se dirige vertiginosa hacia las meridionales casas de Raspay.

Aún seguimos subiendo, pero por poco tiempo, bajo la morra del Búho comenzamos un descenso que bordea los puntales del Mosquito y del Jaral. Pronto se vuelve vertiginoso tras pasar el albergue y área recreativa del Alto del Revolcador, aunque algún "gracioso" le ha cambiado el nombre raspando la pata de la R, quedándose en un menguado y menos elocuente "Pevolcador".


Desde la umbría de los Alejos distinguimos la amplia llanura delimitada por sierra Larga, que junto a Santa Ana y la del Buey, enmarcan el caserío severo y castellano de Jumilla, custodiado siempre por su roquedo castillo. Tomamos el camino del barranco del Infierno que se retuerce bajo el cortado de las Capurullas, mientras un guarda forestal, parapetado tras un potente telescopio, vigila el correcto desarrollo de una batida de jabalí en la próxima sierra del Sopalmo. En medio, las salinas de la Rosa espejean bajo la luz plateada de la mañana, y lo seguirán haciendo como un icono, toda la subida.

Se acumulan los kilómetros y la subida, y a algunos de los compañeros se le empiezan a empalagar. Serpentea el camino caprichosamente a la sombra de la Morra de la Mina, unas veces al sur, otras al norte, pero siempre subiendo. En este tramo, el silencio es absoluto, y ni los pájaros se atreven a interrumpirlo. Llegamos al collado del Lastomar que nos prepara para el final de este "calvario", que no suavizara hasta el collado del Pozo de la Nieve. Fin del sufrimiento para algunos, que aquí comenzaran la bajada, mientras otros pedalearan hasta la cumbre, junto al refugio de la Madame, a 1.372 metros. No somos capaces de describir lo que la vista alcanza. Tanto a poniente, como a levante, al norte y al sur, la mirada se pierde en innumerables sierras que se difuminan en infinidad de tonos de azul. Algunas las reconocemos de inmediato, otras nos resultan familiares y a otras muchas somos incapaces de ponerles nombre, pero el espectáculo es grandioso.


Descendemos buscando el camino de la Curiosa a la Yedra, en dirección a la primera, bajo la Morra de los Cerrillos, por la solana de La Madama y la Mina hasta retomar el camino de forestal de Viñape hasta la misma venta, fin de un recorrido que nos ha permitido recorrer en gran parte este Parque Natural Regional, cuyas características no vamos a pormenorizar, basta decir que es un espacio natural típico mediterráneo en el que abunda el pino carrasco y algunas manchas más o menos extensas de carrascales, salpicados de lentisco y madroño. En las solanas clarea el pinar y su espacio es conquistado por espartos, romeros y tomillos.
 
Pero no termina aquí nuestra aventura, como siempre nos espera la segunda parte de la ruta, que haremos en una venta de la pedanía del Boquerón, en el termino municipal de Abaran; Casablanca se llama. Hasta allí nos desplazamos para degustar los embutidos típicos de la zona, un mejorable gazpacho y un correcto arroz y conejo con serranas, donde algunos; casi todos, nos defendimos mucho mejor que en la primera parte de la ruta.


Mariano Vicente 10 de enero de 2015.

P.D.: David, aun convaleciente, se agrego para realizar la segunda parte.


jueves, 12 de junio de 2014

Camino de la Vera Cruz; sexto día: Montealegre-Calasparra


Miro al cielo y no es azul; es blanco, de una luminosidad amenazante, no sé qué grados alcanzará hoy el termómetro, pero serán muchos. Comenzamos a pedalear en dirección sur, Fuente Álamo es nuestro primer objetico, antes tendremos que superar el alto de Los Arabinejos. Superado, nos lanzamos hasta el ayuntamiento de esta población, nos recibe Dionisio, concejal  orgulloso de llamarse como el patrón de su pueblo, departimos por un breve tiempo y continuamos camino; el sol se deja sentir.

Nos saltamos Ontur y continuamos hacia Jumilla por los llanos que recorre junto a nosotros la cañada real de Albacete. Libramos por nuestra izquierda Sierra Caballera, pasando por el estrecho del Portichuelo para entrar en Jumilla. En su ayuntamiento nos espera su alcalde Enrique Jiménez y su primer teniente de alcalde Alicia Abellán. Departimos amigablemente en una terraza frente al edificio municipal y le informamos de diversos pormenores del Camino. Cumplido nuestro objetivo, Diana, de protocolo del ayuntamiento nos hace la foto y continuamos hacia Callasparra.

Vamos a buena velocidad, pero incómodos, el tráfico es alto y la carretera amplia y bien asfaltada, lo que hace que, especialmente los camiones, circulen a la máxima velocidad. Nos detenemos un momento en la Venta del Olivo, comemos algo y sobre todo bebemos el calor es ya considerable.



Julio, de Onda Cero Noroeste, me llama justo en un tramo en que no había una sombra en varios kilómetros a la redonda. Me detengo y realizamos la crónica justo antes de las noticias del medio día, bajo ese cielo blanquecino que parece plomo derretido. Cumplidos mis compromisos como “embajador del Camino” reanudo la marcha, en el poco tiempo que ha durado la crónica el agua del  bote se ha transformado en un caldo no demasiado agradable.

Ya en Calasparra, antes hay que subir hasta ella, nos entrevistamos con Antonio, concejal de Asuntos Sociales que sustituye con amabilidad y profesionalidad a su alcalde que al parecer estaba ocupado.
El tramo hasta Valentín y el embalse del argos donde nos alojaremos hoy ha sido doloroso por el cansancio, el sol de justicia y los repechos. Por fin una ducha fría.











Mariano Vicente, en el hotel Argos, última noche de camino el doce de junio de dos mil catorce.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Tres días de pedaleo por la vía del Chicharra y las vías verdes de Alicante - Guía práctica




En estos días de pedaleo recorreremos, dentro de lo posible, la plataforma de los antiguos Ferrocarriles del Sud de España, perteneciente a la desaparecida FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha) y antes a los Ferrocarriles de Villena a Alcoy y Yecla y también por un antiguo ferrocarril que no llego a nacer, el que pretendía unir Alcoy con el puerto de Alicante.

Transitaremos por pequeñas carreteras, caminos y viejas plataformas de ferrocarril transformadas en Vías Verdes. Pedaleo cómodo al tratarse de trazados de ferrocarril diseñados para minimizar las pendientes, con el piso de zahorra compactada o mista con asfalto, cuando no, de caminos de tierra y carreteras de poco tráfico.

La distancia total fue de unos 240 km. Repartidos en tres jornadas, por lo que hemos calificado el recorrido de moderado por la distancia diaria a recorrer de unos 80 km., ampliando el número de jornadas a 4 o 5, es una ruta acta para todo el mundo.

No hay problemas de orientación a lo largo del recorrido, salvo entre Cieza y Jumilla que el trazado ferroviario está invadido y cercado por fincas agrícolas y nos obligará a utilizar la carretera en más ocasiones de las deseadas. 

Desde Jumilla a Yecla haremos todo el recorrido por una pequeña carretera sin apenas tráfico y cuyo trazado coincide en gran medida con el del ferrocarril. Entre Yecla y Villena, salvo a la salida de la primera que el polígono industrial nos complica un poco el trazado, se realiza por camino rural, en gran parte paralelo o sobre la propia plataforma ferroviaria, que en sus últimos kilómetros antes de Villena se transforma en Vía Verde. 

De Villena a Muro de Alcoy, realizamos casi todo el trayecto por vía verde, unas veces acondicionada como tal y otras, a partir de Bocairent, sin acondicionar pero totalmente ciclable, con alguna dificultad a la altura de Agres que abandonamos momentáneamente la plataforma para cruzar el río del mismo nombre y retomarla junto a la pilastra del desaparecido puente. Entre Muro y Concentaina se pierde el trazado ferroviario por lo que se continúa por caminos entre urbanizaciones hasta esta última población, en la que recuperamos el trazado pasado su polígono industrial, eso sí, con alguna dificultad al tener que cruzar una carretera de doble carril en cada sentido, sin paso de peatones ni nada que se le parezca. 

De Alcoy a Alicante hay tres partes bien diferenciadas una es la Vía Verde de Alcoy, de unos 12 kilómetros y otra la Vía Verde del Maigmó de unos 22, en medio una mezcla de caminos, vía de servicio, carreteras y las poblaciones de Ibi y Castalla. Impactantes son los primeros 10 kilómetros donde se suceden 3 viaductos y 7 túneles. No es tan atractiva la vía de servicio que nos lleva a Ibi, desde esta población a Castalla se circula por un camino rural que coincide en su mayor parte con el antiguo ferrocarril. Ya solo nos queda buscar la forma de subir al Maigmó y enlazar con la Vía Verde que, entre túneles, viaductos y trincheras de yeso, nos llevara hasta Agost. Un pequeño tramo por polvorientos caminos rurales nos llevara hasta la población de San Vicente donde poder tomar el tren hasta Alicante y Murcia.

Más información: