martes, 25 de agosto de 2020

A modo de presentación

Me llamo Mariano Vicente y resido en Murcia. Me gusta el ciclismo y ya no soy ningún crio, con "casi" 1.80 peso más... de 100. Como os podéis imaginar no soy ningún "fiera" de las dos ruedas. Bajo mal y subo aun peor, y todo con mucho esfuerzo. Salgo tanto en carretera como mtb y alguna rutilla de varios días.

El titulo del blog: Achobike, es suficientemente descriptivo para los naturales de la huerta de Murcia. Pero para los que no lo son me van a permitir unas palabras. En Murcia la palabra acho tiene numerosas acepciones, su significado dependerá del momento y el entorno. Un ciclista murciano situado ante una subida de fuerte porcentaje exclamará: achooo… y no lo duden, los naturales le entenderemos perfectamente. Ese mismo ciclista, al ver un compañero a punto de despeñarse barranco abajo exclamara: achooo…pa verse matao.

Así, que ya están ustedes avisados sobre lo que aquí se escriba, luego no me lo recriminen.

25 de agosto de 2010

martes, 3 de julio de 2018

Caminos del Agua II



Como ayer hice parte de la acequia norte, la Aljufía, porque no hacer hoy la del sur, la Alquibla. Para ello mi amigo Antonio Máximo y yo nos hemos encaminado por el carril-bici de la margen del río hasta la Contraparada. Hoy, sin dejar su función de riego, se esta potenciando como área recreativa y entorno paisajístico. De chavales no necesitábamos de declaraciones institucionales para divertirnos. Pasamos muchas horas, incluso en pleno invierno entre sus aguas, jugando entre cañaverales en estado casi salvajes, donde fochas, pollas de agua, patos y un sinfín de bichos pululaban a sus anchas.
Por el lado del mediodía del azud nace nuestra protagonista, la acequia Alquibla que llega a alcanzar los 22,5 kilómetros y como la Aljufía va cambiando de nombre según los lugares por los que pasa; de Barreras, Alfande, Benicotó y Benicomay se llama y riega los bancales del heredamiento sur en los pueblos de Javalí Nuevo, Alcantarilla, Aljucer, Beniajan, Torreagüera y Alquerías. Por desgracia la mayor parte se encuentra entubada -para empezar desde su nacimiento hasta la noria de Alcantarilla esta en ese estado-, pasamos sobre una serie de arcos de ladrillo construidos para que la acequia salvara la rambla de las Zorreras y acceder a la noria situada junto al mueso etnológico de la Huerta. Justo enfrente se encuentra la ermita de la Salud.

La noria anterior databa del siglo XV y elevaba el agua hasta la acequia del Turbedal para regar unas 800 tahúllas de la zona de Alcantarilla. En 1890 fue sustituida por otra de mayores proporciones para aumentar las tierras regadas. La actual, de hierro, fue instalada en 1956, tiene 11 metros de diámetro y cerca de 2 metros de anchura. Tiene 36 cangilones en cada lado que se llenan de agua al pasar por la parte inferior de su recorrido, bajo el nivel de la acequia y se vacían por gravedad al llegar a la parte superior desaguando en un acueducto construido exprofeso con más de 25 arcos. Al llegar a la noria, la acequia se estrecha concentrando el caudal sobre unas grandes paletas curvas que proporcionan el impulso a la rueda.

Poco después se va desangrando en numerosos canales menores para reagruparse más tarde en azarbes que devuelven los sobrantes al río. Este sistema es lo más parecido al sistema circulatorio humano con sus arterias y venas. El agua proveniente del río circula por las grandes acequias (sistema arterial) que a su vez la distribuye por otras más pequeñas llamadas hijuelas, brazales y regaderas hasta llegar a regar los bancales. Los sobrantes, escorrentías y drenajes se recogen en cauces que se van agrupando en otros cada vez más grandes llamados escorredores, azarbetas, azarbes y azarbes mayores (sistema venoso) hasta verterla de nuevo en el río.

El itinerario nos va guiando por un laberinto de caminos, carreteras y algún sendero que nos sorprende con rincones huertanos verdaderamente hermosos, por desgracia son los menos, pero los que hay merecen la pena. Poco a poco nos vemos invadidos por viviendas, urbanizaciones, pedanías y la propia ciudad, Aljucer será prácticamente el último lugar donde podamos ver algún retazo de acequia. El desierto urbano se hace dueño del recorrido hasta la ermita del Rosario donde vemos un fugaz tramo de hijuela; después la nada. Aburridos decidimos dejar por hoy nuestro recorrido por este camino del agua y regresamos a Murcia, no descartamos finalizar este tramo de la Alquibla hasta Alquerías o el de la Aljufía hasta El Raal.

Murcia, 26 de junio de 2018. 

algunas fotos...     el track...     el video...    

Los Caminos del agua I



Hoy es uno de esos días en los que uno no sabe muy bien que hacer. Al final he salido con la bici sin un destino definido. Cuando me he querido dar cuenta pedaleaba por el margen izquierdo del río sobre el carril-bici. Sin nada concreto en la cabeza han comenzado a acudir a mi mente viejas imágenes de estos mismos lugares por los que andábamos de chavales. Recuerdo perfectamente cono nos refrescábamos en la fuente del Agua Salá, al otro lado del río bajo la mirada de la ermita de la Salud. Nuestro mayor placer era coger un limón de generoso tamaño al que vaciábamos una de las mitades que llenábamos con el agua ferrosa de la fuente y le escurríamos el jugo de la otra mitad bebiéndolo como si fuera una verdadera golosina. Al terminar volvíamos al pueblo -Javalí Nuevo-, bien por la rambla de Las Zorreras hasta la vía del ferrocarril o, tras pasar bajo “Los Arcos” -son unos arcos que sostienen el paso de la acequia Alquibla sobre la rambla- para seguir un camino paralelo a esta acequia, pues los márgenes del río eran impracticables debido al impresionante cañaveral que los cubría, una verdadera selva, al menos para nosotros chavales de ocho o diez años.

Poco a poco accedí hasta lo que ahora es el área recreativa de la Contraparada. La “contrapará” no es más que un Azud -barrera- para retener y elevar el caudal del río. En este caso el Azud Mayor de la huerta de Murcia y aprovecha un estrechamiento en el cauce para elevar el caudal del Segura y poder facilitar su sangrado por las dos acequias mayores; la Alquibla, al sur y la Aljufía al norte. A día de hoy los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre su origen. Parece no existir duda sobre una construcción de origen romano que derivaba el agua hacia el norte de la huerta -zona de Churra-, pero que en su fisonomía actual sería de origen árabe, del siglo IX, coincidiendo con la fundación de Murcia en el 825 por orden de Abderramán II. De aquí parte una red que forma un intrincado y complejo sistema hidráulico que a través de las dos grandes acequias se van ramificando en cauces progresivamente menores llamados hijuelas, y estos a su vez en brazales y regaderas que llevan el agua a los bancales. Las aguas sobrantes -muertas- se recogen a su vez en otros cauces llamados escorredores, que van creciendo con su unión con otros mayores como las azarbetas, los azarbes y los azarbes mayores que vuelven a desembocar en el río.

Aún tengo tiempo antes de volver a casa y decido continuar un rato más llegando hasta Molina de Segura, un poco de vía verde y por el Llano y una carreterilla tranquila que discurre por el paraje de la Huerta de Abajo y el camino asfaltado del Hondón llegar hasta las espaldas del museo etnográfico Carlos Soriano. A sus espaldas discurre una acequia que deriva de la acequia mayor de Molina denominada Subirana que por un pequeño partidor da servicio a una noria no demasiado grande que riega la zona.

Regreso sobre mis pasos hasta encontrarme de nuevo con el Segura en uno de los tramos de la zona que más me gustan; los Sotos del Hondón y de los Álamos, importante mancha de vegetación que forman un agradable y umbrío bosque de ribera. De nuevo en la Contraparada aprovecho para hacer unas fotos, ahora que el agua desborda por encima de la presa y de regreso al comienzo de la acequia Aljufía, me quedo un buen rato viendo como cincuenta años después unos chavales están haciendo lo mismo que hacia yo a su edad. Aprovechan la “poza” que ha formado el desagüe de sangrado de la acequia para darse un buen baño y hacer saltos acrobáticos desde uno de sus laterales. Aquí había una pequeña central eléctrica que ya estaba fuera de servicio siendo yo crío pero que conservaba toda su maquinaría.

Sin más dilación comienzo a pedalear por un carril-bici que discurre paralelo a la Aljufía en dirección a Javalí Viejo y junto a al Fabrica de la Pólvora encaminarme hacia la Ñora, esta aquí la otra gran noria de la huerta de Murcia, es de acero y fue construida en 1936, la anterior era de madera y estaba documentada desde 1399. Tiene unos 10 metros de diámetro y su eje gira sobre cojinetes de fricción, una serie de coronas intermedias y tirantes dotan de estabilidad a toda la estructura. Estamos casi al comienzo de la Aljufía obra realizada al menos en el siglo IX, que tiene una extensión de 27 kilómetros y pierde su nombre a lo largo de su recorrido tomando la denominación de los lugares por los que pasa -Benetúcer, Benefiar, Benizá y Beneluz- y riega las localidades de Javalí Viejo, Guadalupe, La Ñora, La Albatalía, La Arboleja, Puente Tocinos, Llano de Brujas o El Raal. Intento seguir la acequia pero por desgracia cada día es más difícil, la urbanización descontrolada en muchos casos de la huerta, hace que desaparezca bajo baldosas, en el mejor de los casos, asfalto u directamente bajo construcciones. La última vez que la veo es en el ruinoso molino del Amor que hacia de partidor de la acequia mayor en otras tres más pequeñas; la de Zaraiche hacia el norte, la propia Aljufía hacia el este y la de Caravija que se decantaba por el sur. Después se introduce bajo el hormigón para atravesar toda la ciudad de Murcia, circula bajo las calles más céntricas totalmente ignorada. Recientemente el Máster de Educación u Museos de la UMU, la Asociación Murciana de Educadores de Museos (Amurem) y la asociación Huerta Viva han producido un video documental que estará próximamente disponible. ('La Aljufía, la acequia olvidada')

Entro en Murcia junto al Malecón con la torre de la catedral como faro y por la pasarela de Manterola o del Malecón -construida en 1997- que vuela sobre el viejo azud que servía para dar servicio a los molinos de San Francisco y del Álamo llegar a casa.

Murcia, 25 de junio de 2018


sábado, 30 de junio de 2018

Castillo de Alcalá y la Puebla



Los Baños de Mula

Los Baños es una pequeña pedanía de Mula, dedicada casi por completo a la explotación de las instalaciones balnearias contando con numerosos aparta hoteles y lugares de restauración.
En el último tercio del siglo XVII, hubo un corrimiento de tierras que provoco que la surgencia del agua termal cambiará de la margen izquierda a la derecha del río Mula. Los Baños sirvieron al emplazamiento romano de la Almagra y continuaron usándose de forma intermitente en siglos posteriores hasta su abandono. Durante la Edad Media solo sirvieron para riego, pero en 1720 el alcalde de Mula adquirió los terrenos al Marques de los Vélez para aprovechar sus aguas salutíferas para el baño. En 1826 se construye la primera casa para los baños que han continuado hasta hoy transformándose instalaciones balnearias restauradas u acondicionadas para las necesidades actuales, pero conservan un gran encanto con sus patios interiores de balcones corridos de forja que dan acceso a las habitaciones con sus pequeñas piscinas alicatadas de cerámica. Cuentan los antiguos -que de esto saben mucho-, que estas aguas son buenas para dolencias reumatoides, de piel y de huesos. Que hay que acudir al menos dos veces al año y darse nueve baños en nueve días consecutivos para conseguir una notable mejoría. Este es el escenario en el que dará comienzo nuestra ruta con la pretensión de visitar el Castillo de Alcalá situado en un cerro próximo. Nos dirigimos por caminos entre almendros hasta conectar con la carretera de Librilla para a los pies del cerro, en su ladera oriental, tomar un camino en fuerte pendiente que en sus primeros metros esta en buen estado comenzado a deteriorarse por las escorrentías hasta hacerse prácticamente impracticable, al menos para ciclistas como nosotros, los que sean suficientemente hábiles y fuertes es posible que puedan ascender hasta la base de la fortaleza. Luego utilizaremos unas escaleras y un estrecho sendero que gira a su alrededor por el sur hasta su parte oriental, por donde podemos ascender por unos escalones de ladrillo hasta una doble puerta de arco que nos dará acceso al interior de la fortaleza.

Castillo de Alcalá

(Bien de Interés Cultural por la Disposición Adicional Segunda de la Ley 16/1985, de 25 de junio del Patrimonio Histórico Español). Es una de las fortificaciones de origen islámico más antiguos de la Región de Murcia. Junto a la Puebla de Mula, elevada más de 100 metros sobre las llanuras circundantes goza de una magnifica visibilidad del entorno y el valle del río Mula. Es posible que su construcción se remonte al siglo VIII, para la vigilancia de la comarca de Mula, pues esta última fue una de las siete ciudades de Tudmir que negociaron su incorporación al Islam. Esta defendida de forma natural por el propio terreno que mantiene paredes verticales de roca en todo su perímetro con una altura superior a los 10 metros. Sus dimensiones son considerables: alrededor de 125 metros en su lado más largo que coincide con la línea este-oeste y 90 de norte-sur. Sus cimientos son de argamasa con medio metro de antura y uno y medio de ancho, las paredes tendría unos 80 centímetros, aún se conserva un trozo de la torre principal, la que tiene la puerta de acceso en angulo y de forma rectangular y unos 10 metros de altura en el angulo que queda en pie. Según F. Amighes este castillo pudo ser una de las grandes fortalezas estatales cuya función sería la de funcionar como granero donde se custodiaría los diezmos correspondientes al estado. En su interior se sitúa un conjunto de lo que parecen ser aljibes en numero de 25 con planta rectangular adosados en batería. Un enorme pozo ocupa el centro de lo que sería el patio, quizá con la misión de surtir estos aljibes.
Nos dejamos caer con mucha precaución por el roto camino hasta alcanzar la carretera y nos dirigimos hacia la Puebla.

La Puebla

El núcleo urbano de La Puebla surgiría a partir del enclave defensivo del castillo de Alcalá hasta cubrir el espacio a la izquierda del río Mula. Cuenta la leyenda, en la que implicado el rey Alfonso X, que esté permitió a los moriscos del territorio quedarse en la Puebla y seguir cultivando sus huertas, pero teniendo la obligación de regresar al castillo al atardecer donde permanecían encerrados hasta el día siguiente. El núcleo medieval se extendía por lo que hoy son las calles de la Iglesia y de Palacios. La parroquia de San Juan Bautista, del siglo XVIII, que probablemente sustituyo a la antigua ermita de la Magdalena, fue reconstruida tras el terremoto de 1999 en la que quedo muy deteriorada al igual que muchas de las viviendas de la localidad. Los vecinos no se conforman con una sola patrona, por eso tienen dos aunque viene a ser la misma, eso es al menos lo que nos explicaron unas señoras del pueblo. La imagen que estábamos viendo en una vitrina junto a la iglesia era la del Rosario, pero que esta es la grande, que la “autentica” “la patrona de verdad” es la pequeña y que esta en el interior de la iglesia. Como era hora para el almuerzo decidimos no postergarlo más y nos detuvimos en una terraza donde fuimos atendidos de maravilla. No contaré lo que comimos y bebimos que luego las malas lenguas nos critican.

Continuamos pedaleando hasta Mula entrando en la localidad a través de la vía verde del Noroeste. Mula fue declarada Conjunto Histórico Artístico de Carácter Nacional en 1981. Esta situada en el centro de la Región de Murcia, es tierra de paso, de tamboradas y Semana Santa, de castillos y pintores. El Cigarralejo cobijo a los iberos, y la Almagra a los romanos, el castillo de Alcalá a los árabes y los cristianos prosperaron al abrigo del castillo de los Vélez que por desgracia se encuentra en una situación delicada, pendiente de herencias, litigios y condonaciones y además se encuentra cerrado por lo que después de la fuerte subida al sol del mediodía nos tuvimos que conformar con verlo desde fuera y descender vertiginosamente hacia el centro de la población, escaleras incluidas. Por hoy, ya no nos entretendremos más y nos dirigimos a buscar la vía verde y regresar a los Baños, nos dejamos en el tintero una futura visita al Cigarralejo y darnos el placer de relajarnos con un buen remojon en cualquiera de los numerosos baños públicos de Los Baños.

Murcia, 28 de junio de 2018.

algunas fotos...          el track...          un video...          

domingo, 20 de mayo de 2018

200 Millas 2018



De Lorca a Venta Ticiano

Las 200 Millas son un reto personal y como tal hay que entenderlas. No se trata de una competición, ni siquiera una prueba ciclista, es algo que solo le atañe a Mariano aunque participen algunos amigos. Leyó algo de 100, 200 o 300 millas, pruebas que se realizaban en países lejanos al nuestro y de ahí surgió la idea de plantearse anualmente un recorrido en bicicleta de kilometraje elevado (para él) y si era posible que reuniera una serie de características en cuanto a paisaje y desnivel; al principio de una jornada pero poco a poco fue cuajando la idea de ampliarlo a un par de días, pernoctacion incluida. Como he comentado esta era una idea que solo implicaba a Mariano, pero de inmediato la hizo suya Juan Bautista y los dos ha realizado todas las anteriores, ya el año pasado se unieron otros amigos como Antonio, Ariel y Ángel porque este tipo de cosas si es junto a los compañeros de fatigas, saben mucho mejor.

Se puso manos a la obra, busco recorridos que sintetizaran las propuestas anteriores en cuanto a kilometraje; que fuera superior a 300 kilómetros, acercándose a esa cifra mágica que se había planteado de 200 millas. Procuro recorridos en los que el entorno paisajístico fuera un factor importante lo que implica la mayoría de las veces desniveles elevados, y así tras varios años ha llegado a las 200 Millas de este 2018.

El recorrido, a priori, de los más duros a realizar hasta el momento, contabiliza un desnivel positivo que supera los 5.000 metros para las dos jornadas. Partirán de Lorca para por Xiquena llegar a Vélez Blanco, la Puebla de don Fadrique, Santiago de la Espada y Venta Ticiano donde acabaría la primera jornada. La segunda ira por Yeste, Letur, Socovos, Calasparra, Yechar, Ceutí y Molina para acabar en Murcia.


Son las siete y cuarto cuando los viajeros pertrechados con la indumentaria y demás aditamentos ciclistas se encuentran en el anden de la estación de ferrocarril de Murcia del Carmen junto a sus monturas, tomaran un tren que cinco minutos después los transportará hasta Lorca, lugar de comienzo de su singladura. Durante el trayecto en tren los comentarios fueron los habituales en estos casos; todos justificando su falta de entrenamiento, la mala racha en el trabajo que les había robado tiempo para montar, la falta de forma, y un conocido etc., que los ciclistas nos sabemos de memoria y a pesar de la fama que cazadores y pescadores tienen sobre la veracidad de sus afirmaciones, los ciclistas no le van a la zaga.

Ya en Lorca lo primero que hacen los viajeros no es lo que se supone en estos casos; de coger la bici y salir pitando, no, se van al Mesón Lorquino a tomar belmontes (el belmonte es un café que se toma en la zona de Murcia y adyacentes, con leche condensada y coñac) y pastas, justo lo recomendado por las guías de alimentación deportiva para la ocasión. Ya entonados comienzan su andadura, hace un día estupendo, el cielo parcialmente cubierto, incluso algo fresco. Que diferencia con el año pasado que tuvieron que soportar temperaturas saharianas ya desde el comienzo. Pasan los kilómetros y los viajeros van cada uno a lo suyo, pero en grupo. David sorprende con una cámara de vídeo de esas deportivas que le ha regalado no se sabe que empresa, pero que tiene que llevar en la mano o guardar en el bolsillo del mallot, pues en el tren una mala colocación de la bici hizo que en una curva se diera un golpe y partiera el soporte situado en el manillar.

Pasan los kilómetros, sino rápidos, por lo menos a un ritmo razonable, porque no nos engañemos, nuestros viajeros no son unos fieras del pedal, aunque alguno pueda creer lo contrario. Tampoco son unos críos y no están ni mucho menos en su peso ideal, pero eso sí, voluntad no les falta. Pasan la Fuensanta encaminándose casi en linea recta hacia las sierras del Pericay y Gigante siempre con una suave y constante pendiente positiva, pero esta sensación es algo engañosa pues la carretera girara decididamente hacia el oeste dejando estos macizos a su derecha. Casi sin darse cuenta, entre sarmentosas vides, se acercan al fantasmagórico castillo de Xiquena, construido sobre una pequeño cabezo, domina el cauce del río Corneros. Primero defendió el reino nazarí y después hizo lo propio con el castellano, siempre estuvo en tierra de frontera hasta que por cuestiones políticas lo destruyo el marqués de los Vélez. A pesar de estar declarado Bien de Interés Cultural, se encuentra bastante deteriorado alzándose solo algunos lienzos de piedra rojiza. Desde lo alto de sus adarves se tenia linea visual de las fortalezas de Tirieza, Puentes, Vélez Blanco y Vélez Rubio.


Vélez Blanco aparece algo difuminado, no se sabe muy bien si por la calima o una extraña niebla, probablemente sea esto último porque el día no esta muy caluroso, el blanco de las nubes van ganando porcentaje al azul del cielo y una brisa que no llega a ser desagradable se instala poco a poco del oeste. La carretera obliga a subir piñones para alcanzar el pueblo y el bar correspondiente, en plena plaza, casi a los pies de su bien conservado castillo. Nada de barritas y cosas de esas, no, ellos al bocadillo de jamón y a la cervecita, luego quieren progresar, piensan que tarde o temprano llegarán a ser unos ciclista “pro” así, sin sacrificarse y sin privarse de “na”. Durante el tentempié en la terraza corren las sillas, buscan el sol, se agradecen esos rayos juguetones que logran colarse entre las nubes.

Y vuelta a empezar, ahora se quejan los viajeros de la subida hacia María, como si no supieran que estaba allí y que hasta el pueblo no queda otra. Unos suben mejor, otros peor, coronan con poca diferencia, los más corpulentos como Mariano se dejan caer a buena velocidad ¡Como disfrutan algunos en cuanto la carretera pica para abajo, por poco que sea! comienzan aquí una serie de sube-baja entre pinares, estribaciones del Parque Natural de María y Los Vélez, que se les hacen llevaderos. Pronto son sustituidos por campos de labor al acercarse a Cañada de Cañepla, que superan sin detenerse. A Mariano esta carretera le trae viejos recuerdos, de cuando la recorrió en sentido contrario en un viaje con alforjas entre Hellín y Lorca, pero de eso hace ya tanto tiempo que ha quedado difuminado en su memoria. Sabe que durmió cerca del puerto del pinar, en plena naturaleza y que paro a comer en Cañada de Cañepla, que luego hizo noche en María, antes de llegar a Lorca, pero como ya he dicho hace tanto tiempo que apenas lo recuerda, ¡esta muy mayor!


Una gran llanura se extiende hasta cerca de la Puebla, hoy dominada por grandes explotaciones agrarias. Por un camino perpendicular a la carretera circulan dos camiones y un tractor intercalado entre ellos, a tal velocidad que levantan una espesa nube de polvo que el viento de poniente lleva hasta la carretera. Hacen cálculos los viajeros y tienen la seguridad que se tendrán que tragar el polvo. El primero en hacerlo ha sido Angel que va un poco adelantado, se come la del primer camión, Mariano piensa que puede librar porque el tractor ha salido al asfalto y viene hacia él, si acelera igual llega antes que el segundo camión, pero no, no lo consigue y se ve envuelto en una gran nube de polvo, por el rabillo del ojo, difuminado por la polvareda, vislumbra al camionero y tiene la sensación de que se va riendo entre dientes. Juan Bautista, Antonio y David pasan cuando ya se ha solucionado el problema.

A la Puebla de don Fadrique llegan a medio día, y como no, piensan que es buena hora para comer, restaurante y menú del día, primero, segundo, postre y hasta café, que no se diga y no quiero mencionar la cantidad de cerveza que trasegaron con la excusa de adicionarle un poquito de limonada ¡Para hidratar según ellos! Unos ciclistas como marcan los cánones habrían continuado, si acaso, comiendo alguna barrita, pero ellos no, hora y media han estado moviendo los mofletes y dándole a la sin hueso. La sorpresa vino a continuación; David se sube al coche. Porque se me ha olvidado deciros que estos ciclistas son un poco “señoritos”, llevan coche de apoyo y todo, para llevar la ropa de paisano y un poco de agua fresca, pero puedo dar fe que esta última ni probarla. Han “engañado” a su amigo Jesulen para que les haga de chófer. El tema de que David se haya subido al coche ha levantado ampollas; unos piensan que tiene mucho morro, así se ahorra las dos subidas que les quedan, las más importantes del día, otros que esta “liquidao” a pesar de que lleva dos semanas haciendo mas de quinientos kilómetros cada una, pero parece que no ha sido suficiente. En realidad es Antonio el que menos ha entrenado pero se esta portando como un campeón, ni siquiera se queja, aunque yo creo que es por ahorrar fuerzas que todo suma.

Sales de la Puebla de don Fadrique y comienzas a subir. Aquí no se puede hablar de grupo, cada uno ha comenzado andar cuando le ha dado la gana, el más tardon ha sido Mariano que ha salido probablemente un cuarto de hora más tarde. Cada uno sigue a su ritmo intentando que no se les “agarre” demasiado este puerto que sin tener rampas muy duras sube hasta los 1.600 metros. En su fuero interno, dos o tres de los cuatro que quedan, piensan que igual no lo consiguen y el problema es que ahora con David en el coche solo queda espacio para uno más. Pero uno detrás de otro, como las cuentas de un rosario, todos lo superan, el último en llegar es Mariano que un poco mosca pregunta: -¿cuanto tiempo lleváis esperando? Alguien contesta que unos cinco minutos y a Mariano le aflora una sonrisa picarona, si le llevaban quince les ha sacado diez, no esta mal. 


Las fotos de rigor, algún selfie autocomplaciente y se lanzan a una bajada algo engañosa; al principio baja un poco pero después mantiene la altura, incluso sube un poquito, hasta que de un tajo, se abre el valle del Zumeta y la carretera se lanza vertiginosa hacia el vacío. Espectaculares paisajes mil veces visto por los viajeros que no pueden sustraerse a su contemplación. Aquí es donde peor lo pasa Antonio, las bajadas no son su fuerte, se apodera de su cuerpo como un miedo irracional que lo agarrota y le impide disfrutar de la bajada. Lo contrario que le pasa ha Mariano, y si me permiten una opinión, creo que es el único lugar en el que realmente disfruta. Pero como en casa del pobre poco dura la alegría, comienza de nuevo la subida que no cejará hasta llegar a Santiago de la Espada. Y aquí pasa lo que tenia que pasar al ir cada uno a su aire. Juan Bautista, que es el serpa del grupo y ha preparado el track, indica al llegar a un cruce a la entrada del pueblo que giren a la derecha, y así lo hacen. Lo malo es que Ángel que viene electrificado, de lo que hablaré más tarde, ha subido delante y no se entera, para en la gasolinera de la entrada y se tira allí más de media hora esperando mientras los demás avanzan despreocupados hacia el cercano destino pensando que va delante.


El Zumeta sigue deparando un hermoso paisaje, bajan río y carretera encajonados en un profundo barranco, la una más alta que el otro, con lo que el recorrido no tiene desperdicio para la vista. Poco a poco van confluyendo en altura, ahora es el bosque de ribera el que depara las más espectaculares postales. Continúan río y carretera en un sinuoso abrazo, en algún punto él se esconde entre los chopos y ella, sin espacio, sube para buscarlo sobre las copas. Esto descoloca un poco a los viajeros que tienen que superar repechos del ocho por ciento casi a traición, pero como todo tiene un final, Venta Ticiano aparece como una isla entre la carretera y el río generando en los viajeros esa sensación agridulce que provoca el final del recorrido. No, no crean ustedes que se ponen hacer estiramientos para que el cuerpo asimile los 150 kilómetros y más de 2.800 metros de desnivel acumulado no, se tiran de cabeza a la barra del bar y beben una cerveza tras otra con la excusa de una “correcta” hidratación, además les ponen una tapita con cada una, lo que puede ser su perdición. Hidratados y duchados salen a dar un paseo y hacer tiempo para la cena, apenas habían andado un centenar de metros una señora; entrada en años, delantal blanco y autoritaria voz, se dirigió a ellos:

-¡Eh! ustedes a donde van. Vengan para acá.

Los viajeros acogotados y obedientes dan media vuelta y se dirigen hacia ella.

-Que quieren cenar. Les pregunta a bocajarro.

Apenas con un hilillo de voz alguno se atreve a decir que algo de pasta, otro que sopa de fideos.

-Lo que ustedes quieran, bueno sopa de fideos y dejo zanjada la cuestión del primero.

Los viajeros prevenidos y viendo como se ponían las cosas pidieron casi al unísono carne a la brasa. Carne de cordero a la brasa, concretaron.

-Si quieren les puedo poner también pescado u otra cosa, ya les digo que lo que ustedes quieran. Volvió a repetir con autoridad y se fue para la cocina.


Los viajeros ya no dieron más vueltas y se fueron directamente al comedor sentándose pacientes a esperar la cena, cerveza va y cerveza viene. La sopa se la trajeron en bonitas cazuelas individuales de porcelana blanca y estaba rica. La carne, en bandejas y abundante, junto a unas ensaladas con verduras tiernas y jugosas. Los postres bailaron del arroz con leche al pan de calatrava y de las natillas a las frutas. No se privaron del café y hasta de algún chupito. Y con esto pensaron que estaba bien y se fueron a la cama, no sin antes apalabrar la hora del desayuno.

De Venta Ticiano a Murcia

Amanece el día algo menos fresco que el anterior, con un sol radiante que desmiente la posible amenaza de lluvia para la tarde anunciada en televisión. También la tarde anterior sufrieron la misma predicción pero que no llego a materializarse a pesar de que las nubes era cada vez más y su vientre más negro. Para desayunar fruta y tostadas de pan de pueblo; con aceite, con mantequilla y mermelada, y los viajeros se comieron unas cuantas. Supongo que al personal del establecimiento les saldrá a cuenta; pues por lo que comieron y bebieron, cama incluida, pagaron lo estipulado de antemano, cuarenta y dos euros por cabeza.


Siguen los viajeros durante cuatro kilómetros al Zumeta hasta que entrega sus aguas al Segura. Después siguen a este hasta que se sumerge en el embalse de la Fuensanta. Ahora a los viajeros les tocan seis kilómetros al seis por ciento de subida hasta Yeste, los que se han puesto manga larga ante el fresco de la mañana no tardan en quitársela. En este pueblo no se detienen, pararon cuando bajaron el Segura e hicieron noche en él (https://achobike.blogspot.com.es/2015/07/el-rio-segura-catorce-anos-despues.html). Continúan para dejarse caer por la preciosa carretera de Letur que les llevará a encontrarse de nuevo con el Segura en pleno pantano de la Fuensanta. Lo atraviesan por un moderno puente, de la Vicaría se llama, para dirigirse decididamente en dirección este. Campos de labor cuajados de amapolas escoltan su paso. Aislados caseríos, agrupados unos junto a otros sin llegar a conseguir su intimo deseo de ser pueblo. La carretera sube y baja sin descanso la mayor parte de las veces entre almendros, otras entre verdes pinos hasta acercarse a Letur. Mariano descubre un viejo conocido; el Canal del Taibilla (https://achobike.blogspot.com.es/2014/11/el-canal-del-taibilla-un-viaje-en.html) que los escoltará con sutileza hasta Socovos.


Entran a Letur, “…pueblo fresco y deleitable, alegre y de mucho agua y frescuras, de yedras y vidarras y zarzas y otros muchos que no son de fruto…” como lo describen las relaciones topográficas de Felipe II. Pero los viajeros no se entretienen en eso y andan discutiendo si toman o no una cerveza y su correspondiente compaña. Después de un tira y afloja deciden continuar; tienen miedo de lo que aún les queda, más por el kilometraje que por el desnivel. Continúan hacia Socovos, a algunos da la sensación de que el recorrido se les empieza a pegar. El santiaguista Socovos también se lo saltan, han hablado de comer en Calasparra, pero eso sería muy tarde por lo que han acordado hacerlo en Tazona a mejor hora y más cerca. Se detienen en el bar que les queda según van a mano derecha, tiene una terraza que va ni que pintada para la ocasión, estarán fresquitos y tendrán controladas las bicicletas. Ángel descubre un enchufe que le viene al pelo, preguntan si tiene corriente y la tiene. Lleva una bicicleta eléctrica, una Orbea Gain que le aguanta muy bien el largo recorrido, claro que él la lleva desconectada siempre que el porcentaje no sea positivo, así hizo ayer los 150 kilómetros con un desnivel que supero los 2.800 metros. Tenía miedo para la etapa de hoy que superará los 180 kilómetros aunque sea por poco y estar cargándola ahora le da mayor tranquilidad, sabe que le dará tiempo a una buena carga porque estos viajeros no son de comida rápida. Y tanto, empezaron con entrantes y terminaron con solomillo y entrecot, tampoco despreciaron los postres y el café. Creo que ustedes ya empiezan a conocerlos.


Ahora la carretera pica para abajo, Mariano aprovecha su peso y corpulencia para poner un buen ritmo, mira para atrás y no ve a nadie, le da igual ya le cogerán en las subidas. La tendencia se mantiene igual hasta poco antes de Calasparra en la que toca subir algún piñón. Los Campos del Cagitán, que en algunos mapas se llaman Llanos, no lo son tanto. La carretera traza en esta zona una linea recta llena de ondulaciones, suaves, pero muchas llegan al seis y al ocho por ciento, y lo malo es que se repiten una detrás de otra sin descanso y acumulando siempre algunos metros más de altura. Los viajeros por esta zona van ya un poco a su aire; Juan Bautista, tira y tira incansable por delante, Mariano dice que se parece al conejito de Duracell, porque sigue y sigue…, por detrás va ángel con su eléctrica y después Mariano arrastrándose en cada subida. Antonio y David están bastante más atrás. Mariano, con su despiste habitual, equivoca la carretera y se va dirección a Cieza, es una larga recta y no ve a nadie, sabe que tiene que haber una carretera hacia la derecha pero no sabe a que altura. Se detiene y llama a Juan. Efectivamente le confirman que lo han visto equivocarse, pero que no hay problema, que pronto encontrará la misma carretera que ellos tomarán en el cruce siguiente, que siga por ella y ya se verán, que los kilómetros son casi los mismos. Juan Bautista espera a Mariano en el cruce y juntos suben las cuestas de Fuente Caputa, paran en el alto, comen una barrita y para su sorpresa llegan subidos en el coche Antonio y David. Ángel, que ya ha coronado, les esperará abajo. A partir de aquí todo es más fácil; vertiginosa bajada hasta Yechar, ligera subida hasta el cruce de Ceutí y bajada hasta la población.

Juan Bautista, Ángel y Mariano, los tres sobrevivientes, cruzan hacia Lorquí y siguiendo el segura pasan Molina. Van contentos, saben que el reto lo tienen superado, hasta se permiten el lujo de imponer un fuerte ritmo ante la protestas de Ángel porque su bici corta a los 25 km/h, incluso esprintan juguetones en las pequeñas subidas antes de Javalí Viejo. Ya sienten cerca el final, se introducen por la carretera de La Ñora y el Malecón. Ven la torre de la Catedral, ya están en casa. Han superado las 200 millas un año más, unos en mejores condiciones que otros, pero todos con la ilusión intacta pensando ya en las del próximo año.

En Murcia 6 de mayo de 2018.

track día I...         track día II...          fotos...          video...