miércoles, 11 de octubre de 2017

IX Salida Ciclista Ferroviaria



Estamos en la puerta de carruajes de la estación del Carmen, preparados para nuestra IX Ferroviaria y echamos de menos a algunos amigos; a los Maduros por hacer honor a su nombre y porque los “pacos” invitaban esa mañana al aperitivo. Los chavales de Orihuela tampoco pudieron venir y las “chicas bikes” tenían concentración en Cartagena, así que nos reunimos los ferroviarios alicantinos, los murcianos y un buen grupo de amigos para recorrer el itinerario de este año, que consistía en remontar el Segura hasta Ulea y por Villanueva y Ojos a Ricote, pasado lo mas duro regresaríamos por Blanca y Molina para entrar en Murcia por el Malecón. Lo de las 8.45 horas, fue un deseo más que una realidad, eran las 9.00 cuando salimos y en ese momento perdimos tres unidades que no recuperaríamos hasta el regreso y lo más curioso es que nadie se entero, pues los afectados no dijeron nada de la avería que resolvieron por sus propios medios. El resto tuvimos un pinchazo a la altura de Lorquí, que solventamos rápidamente y una rotura de cadena en Ojos que obligo a una parte del grupo a la retirada y alguna señora agradeció al poder recuperar a su marido a hora tan temprana. 



Lo más impactante de la jornada fue la actuación de la benemérita, no dábamos crédito a lo ocurrido. Un vehículo camuflado, al final del puente sobre el Segura, entre Villanueva y Ulea, se cruza bruscamente frente al grupo obligando a realizar alguna maniobra peligrosa. Uno de los agentes, buscando quizá sus 15 minutos de gloria, detiene a uno de los miembros del grupo y le sanciona por invadir el carril izquierdo de la calzada. No sabemos si en realidad invadimos ese carril o no, si solo fue este muchacho, o lo escogió al azar para justificarse, pero le “metió” 200€ de multa. Debió ser de lo más emocionante para él, pues según confeso, era el primer ciclista que sancionaba a lo largo de su vida profesional y ya no era tan joven. 



La “mala leche” que llevábamos nos ayudo a subir con renovados bríos las cuestas de Ricote hasta superar el puerto y reponer fuerzas junto a la pista del repetidor de  televisión. Allí decidimos que entre todos abonaríamos la sanción, que habíamos venido a disfrutar y que las frustraciones personales de este señor no nos iban a arruinar el día. Coincidimos aquí con la 2 Reinos III Vuelta a Murcia en Mountainbike y para dejarles espacio nos lanzamos a tumba abierta hacia la población de Blanca, al otro lado del Segura. Tras atravesarla comenzamos una fuerte subida que nos llevaría hasta la N-301a y al pequeño puerto de la Losilla. Superado; el personal comenzó a probarse, poniendo los más gallitos un ritmo que a algunos nos costaba seguir. Por los “Limoneros” las cosas se calmaron y el pedaleo se hizo más llevadero, pasamos de nuevo Lorquí y de allí a Molina. Ya no tenemos problemas para pasar como esta mañana que la policía local había cortado el acceso a la general para permitir el paso los participantes en la carrera de ultrafondo los 90K Camino de la Cruz, que procediendo del GR-127 que recorre la margen izquierda del Segura desde Murcia accedían a la Vía Verde del Noroeste (GR-250) para continuar su recorrido hasta Caravaca.



Deshacemos lo andado por la mañana y en Javalí Viejo, frente a nuestros amigos de K2, giramos hacia La Ñora para pasar junto a su noria, hoy restaurada y que sustituye a la que se inauguró en 1936 totalmente de hierro, la original es posible que date de 1399 y sería con toda seguridad de madera, cangilones incluidos, aunque estos podrían haber sido de cerámica. Creo que algunos ni la vieron más centrados en la rueda que llevaban delante que en el interesante recorrido. La entrada a Murcia la hicimos por el Malecón, uno de los elementos emblemáticos de la Capital. Su construcción es del siglo XV y recorre todo el sector oeste de la ciudad con una altura alrededor de los tres metros y kilómetro y medio de longitud para evitar la fuerza de las crecidas, el actual es de 1736 y fue reedificado por Francisco de Luján y Arce debido a su deterioro por “las lluvias, vientos y tráfico de caballerías”. Esto nos permite entrar en Murcia con una de las estampas más características y encantadoras de la ciudad con la torre de la Catedral como faro guía. Por el Puente Viejo y entramos en el Barrio del Carmen, terminan así más de 90 kilómetros de compañerismo, amistad y deporte, 4 horas de convivencia que todavía ampliaremos durante la comida. Pero esa es una historia que no quiero contar; es para vivir y compartirla. Hasta el año que viene.

Mariano Vicente, septiembre 2017

lunes, 25 de septiembre de 2017

Paseo por el Valle de Ricote (Ulea-Blanca)



Hoy hemos decidido dar un paseo por las riberas del río Segura en uno de los parajes más emblemáticos de la Región; el Valle de Ricote. No hemos madrugado mucho; no esta lejos y no será un recorrido muy largo. Sobre las nueve nos poníamos en marcha en dirección a Ulea, población desde la que comenzaremos nuestra ruta. Estamos en un valle donde las reminiscencias moriscas aún se dejan sentir en sus huertas, en sus gentes, en esas norias de las riberas del Segura, en sus historias y leyendas. La agricultura ha sido la principal razón de ser de los habitantes del valle, aún hoy vamos a recorrer en nuestro paseo primorosas huertas, muchas de ella encajadas entre las paredes de las sierras y las riberas del Segura que durante siglos ha sido la fuente de vida de este valle. El discurrir del río es unas veces apacible y otras no tanto, encajado por el Salto de la Novia o el del Solvente. Retenido por la presa de Ojos con la que se sirven las tierras de Lorca y Almeria a través de impulsiones eléctricas, o las de Alicante que lo harán desde aquí por gravedad. Cuando el paisaje se abre, los meandros forma sotos y proliferan los huertos. Mientras los pueblos se agarran a las laderas temerosos de las violentas crecidas que han caracterizado al Segura a lo largo de su historia, pero siempre cercanos a las fértiles tierras donde crecen exuberantes verduras y hortalizas, donde maduran los frutales. 



Dejamos el coche en el pueblo bajo la atenta mirada de la imagen blanca y resplandeciente del Corazón de Jesús, situada en un altozano de la sierra del castillo, donde se asentaba también la antigua fortaleza árabe, lugar al que no subiremos, pero desde el que se goza de unas vistas fabulosas de todo el valle. Promomtorio  estratégico desde el que se establecía comunicación directa con las alcazabas de Archena, Losiella, la Losilla y Alarbona a cuyos pies se asienta el pueblo que da nombre al valle; Ricote. Después, allá por el siglo XIII, serian los cristianos los encargados de su defensa, sobre todo la Orden De Santiago, que traería a la población un trozo del Lignum Crucis, custodiado en la actualidad en la iglesia de San Bartolomé y que cada tres de mayo es sacada en solemne procesión hasta ser sumergida en el Henchidor para bendecir las aguas que regaran las huertas de la población.



Nos ponemos en marcha tras tomar un café y nos dirigimos al río, más concretamente al puente que lo cruza, lugar que utilizaremos para entrar por la margen derecha y aguas abajo, a un lugar muy especial, un umbrío y pequeño paseo peatonal cubierto por el cañar que separa las aguas de la acequia de las del río. Lastima que las lluvias hayan deteriorado considerablemente el acceso. Este recorrido forma parte de un interesante, aunque de nombre algo rimbombante, Corredor Verde del Río Segura, proyecto que pretende la conexión ecoturística del tramo medio del Segura, entre las poblaciones de Murcia y Cieza, del que aún queda mucho por hacer, en especial la conexión de unos tramos con otros. Nosotros vamos a utilizar en primer lugar este tramo de la margen derecha que llega hasta cerca de los Baños, en el Balneario de Archena, pedalearemos entre cañas, arbustos y algún árbol de mayor porte que terminaran formando frente al balneario uno de los bosque de ribera más espectaculares de este tramo del Segura. Poco antes encontramos una pasarela peatonal de madera y reciente construcción que aprovecharemos para cruzar y continuar aguas arriba. Pronto nos encontramos con una de las antiguas “Fabricas de Luz” que proliferaron a mediados del siglo XIX, ligadas al proceso industrial y a la modernización de pueblos y ciudades. En los cauces de ríos y acequias se instalaron saltos de agua que aprovechando la energía cinética transformarla eléctrica mediante el uso de ruedas y turbinas. Eran industrias particulares y que cambiaban de mano con cierta asiduidad hasta que pasada la postguerra fueron sustituidas por otras fuentes de energía. Esta en concreto la llaman la “Vieja”, pues hay otra “Nueva” aguas abajo, fue construida hacia 1917 por encargo de Juaquín Moreno Ramírez y diseñada por el ingeniero Gustavo Abizando [1] y como las demás pasó por varias manos; en 1954 la adquirió Molinos del Segura y en 1964 paso a manos de Hidroeléctrica Española, dejando de usarse hacia finales de los ochenta y su maquinaria desmantelada. A nuestra derecha, sobre un altozano, una singular construcción: El Gurugu. Fue Antonio Tomás Sandoval quien, a finales de siglo XIX, levantó el edificio de forma cuadrangular, con almenas y bóveda de media naranja, nostálgico del tiempo pasado en el norte de Africa durante la Guerra de Marruecos.



Continuamos con el recorrido pasando bajo el puente de la carretera que une Ulea con Villanueva y seguir el meandro que forma el Segura hasta encajonarse bajo la sierra del Molino, un estrechamiento del que cuenta la leyenda que ya en época Cristina, cuando el hijo del rey morisco de Ulea cortejaba a la hija del rey de Ricote y ante la negativa de este a su unión, huyo con ella a uña de caballo. Perseguido por las huestes de su suegro y llegando al río, salto sobre los peñascos de este estrecho desapareciendo con su novia. Unas acaban con la trágica muerte de los enamorados sumergidos en las procelosas aguas del Segura, otras, que lograron superar el desfiladero y vivir felices su amor. A nosotros no nos queda más remedio que volver sobre nuestros pasos hasta el comienzo de la población de Ulea para tomar la pista asfaltada que recorre la ladera del Molino salvando el desfiladero hasta Ojós. Junto a nosotros la noria del Villar de Felices, recientemente restaurada. Es este un artilugio, abundante en El Valle, que durante siglos ha servido para elevar las aguas del río y acequias ampliando la zona de regadío. Consiste en una rueda impulsada por el agua que mediante cangilones situados en sus bordes elevan el agua hasta un nivel superior.



Bajamos hasta el que fue el Oxos de los moros y tomamos la carretera que serpentea entre las escarpadas paredes de la Sierra del Chinte y del Salitre, hasta el azud de Ojos. Disfrutaremos aquí de unas hermosas vistas sobre el diminuto valle que forma el Segura entre los estrechos del Salto de la Novia y el Solvente, cuajado todo él de palmearas, granados e higueras, árboles que junto a chumberas y albaricoqueros fueron introducidos por los musulmanes durante la conquista de esta tierra. Otro estrecho, el del Solvente, sirve eta vez para situar un azud para la distribución de regadíos, en especial de los caudales del trasvase Tajo-Segura. Nosotros aprovecharemos la presa para cruzar al otro lado y tras pasar el túnel buscar un camino asfaltado por nuestra izquierda que nos lleve, entre limoneros y naranjos, hacia Blanca. No era este su nombre sino todo lo contrario, Negra se llamaba y poseía una formidable fortaleza. La última vez que se la menciona con este nombre fue el 19 de septiembre de 1303 al ser devuelta a Juan Osores, comendador de la Orden De Santiago, por el rey aragonés Jaime II. El 18 de octubre 1383 aparece en un documento del Concejo de Murcia ya con el nombre de Blanca. El cambio de nombre puede deberse a una rocambolesca historia nada clara y su nombre tenga que ver con el de la reina Blanca de Castilla, a la que abandona su marido Pedro I y es defendida por don Fadrique, maestre de la Orden de Santiago y Sancho Sánchez de Moscoso, comendador de Ricote.



La población bien merece una visita con detenimiento, pero nosotros volveremos a pasar el río para regresar hacia Ojós y Villanueva. Oculta tras la sierra del Salitre la milenaria Riqût, patria de caudillos y recios vinos, da nombre al Valle, desechamos sus rampas y continuamos  bordando el embalse, entre bancales de limoneros y la sierra hasta el Azud del Solvente que salvamos con una fuerte rampa. Pasado Ojós aparecen; Ulea, al otro lado del Segura y Villanueva, a este lado, encaramada en difícil balconada sobre el propio río. Pueblos de herencia árabe, de calles retorcidas y geranios en los balcones, viejos huertos, palmeras y jazmines. Por el puente que las une pasamos a la margen izquierda y damos por terminado nuestro recorrido.



Mariano Vicente, septiembre de 2017.

martes, 19 de septiembre de 2017

Vía Verde del Campo de Cartagena y ramal de La Pinilla a Mazarrón



¡Por fin! Ha costado dos décadas pero se ha conseguido; el consejero de Turismo, Cultura y Medio Ambiente, Javier Celdrán -presidente del Consorcio de las Vías Verdes de la Región de Murcia- inauguró el pasado 7 de agosto de 2017, junto a los representantes de los municipios implicados y al gerente de este Consorcio, la nueva Vía Verde, con lo que la Región de Murcia suma ya 145 kilómetros de estas infraestructuras. Aún tenemos pendientes algunas más como el antiguo Villena-Alcoi-Yecla (VAY), más conocido como “El Chicharra” y que enlazaba en Jumilla con el trazado del ferrocarril Jumilla-Cieza, o el tramo murciano del ferrocarril Guadix-Almendricos. 


 Pero empecemos por el principio. La Ley de los Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos se creo el 26 de marzo de 1908 y fue modificada por Ley de 23 de febrero de 1912 en la que se basa el Real Decreto de 26 de marzo de 1915 que autorizaba la construcción de la línea de Águilas a Cartagena. En el año 1928 el Plan Guadalhorce revisa el proyecto y plantea un nuevo trazado desde la Pinilla hasta Totana, descartando el tramo hasta Águilas. Hace ya treinta y tres años en un Consejo de Ministros celebrado el día 8 de febrero de 1984, se acordó abandonar definitivamente la construcción de diversas líneas de ferrocarril, entre las que se encontraba el tramo Cartagena-La Pinilla de la línea Cartagena-Águilas y La Ley de Ordenación de los Transportes de 30 de julio derogó la Ley de los Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos de 26 de marzo de 1908.




Recuerdo que hace unos años, a mediados de los noventa, me llamo Carmen Aycart, que en aquel tiempo creo recordar era la directora de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles y nos conocíamos de mi asistencia a diversas reuniones sobre Vías Verdes que se celebraban con carácter nacional, yo debía ser el único murciano que por aquel entonces le preocupaban estas cosas, pues ni siquiera el entonces gerente de la Vía Verde del Noroeste acudía a ellas. Me pidió que le facilitara información sobre el estado del trazado ferroviario entre Totana y Cartagena. Recorrí de nuevo la vieja plataforma para la ocasión, en aquel momento solo interrumpida por la fábrica de plásticos de General Electric, sugiriéndoles que incluyeran el trazado de La Pinilla a Mazarrón y también el pequeño tramo entre Águilas y el Lomo de Bas.


Hoy ya es un hecho y podemos recorrer, casi en su integridad, todo el trazado ferroviario entre Cartagena y Totana, así como el ramal de La Pinilla a Mazarrón. Nosotros dispuestos a no perdernos la ocasión tomamos ayer -18/09/2017- un tren a primera hora de la mañana en la estación del Carmen hasta Cartagena. Antes de la nueve desayunábamos tranquilamente en un bar frente a la estación preocupados por cual sería el mejor trayecto hasta conectar con la nueva vía verde. Dibujamos un recorrido lo más cercano posible al abandonado trazado que Renfe sustituyo hace unos años y que atravesaba El Barrio Peral, hoy convertido en paseo. Lo conseguimos creo que razonablemente, salvo un jardín sin salida y algún bordillo incómodo. Echamos en falta algo más de información para conectar con esta infraestructura desde lugares como la estaciones de ferrocarril, autobuses, el centro de la ciudad o al final del tramo ferroviario del Barrio Peral, donde por casualidad y porque en recorridos anteriores habíamos pasado por allí, descubrimos unas señales metálicas con las flechas características de las vías verdes que incomprensiblemente nos inducían reiteradamente a introducirnos por dirección prohibida. El recorrido puede ser funcional para los peatones, pero no así para los que vamos en bicicleta.



Comenzamos a transitar por el antiguo trazado en Los Dolores al que accedimos por la barriada de San Cristobal. El firme, que en la ficha de víasverdes.com figura como "zahorra compactada con polímero" a mi, que no entiendo mucho de estas cosas, me pareció simplemente tierra compactada, dando la sensación en algunos lugares, en caso de lluvia, que sería complicado transitar por ella. Por lo demás el firme esta lo suficientemente liso para circular en bicicleta con comodidad. El trazado es seguro, pero tiene muchos cruces en los que hay que extremar la precaución, se han habilitado áreas de descanso, creo que unas doce, en las que se han plantado, al igual que a lo largo del trazado, plantones de algarrobos y pinos, lo malo es que habrá que esperar unos años para disfrutar de su sombra.


A lo largo del recorrido se han resuelto de forma satisfactoria algunas de las ocupaciones, que yo considero ilegales, pero otras siguen sin resolverse, como la de alguna finca o el entronque con el trazado tras pasar bajo la carretera de Alhama a Mazarrón. Tampoco vemos muy claro, salvo por seguridad, que la señalización te aleje de su final natural en la estación de ferrocarril de Totana para dirigirse al centro de la población.



Tras un par de horas de pedaleo, y superar la industria de plásticos, llegamos a Fuente Álamo y no podíamos dejar pasar la ocasión de probar las famosas "punticas" -trozo de baguete con un filete de vacuno- de la cafetería La Leyenda. Reanudamos la marcha teniendo que sufrir la irracionalidad de algunas ocupaciones, especialmente la de la finca situada en en el paraje de la Loma a la que la vía cruza por su centro. No puedo llegar a entender el afán de su dueño por impedir el paso. La Vía lo soluciona rodeándola sobre el canal del Taibilla. En la Pinilla, nueva "parada y fonda" en el bar de los mayores de la localidad, en esta ocasión nos conformamos con unas marineras y unas buenas jarras de cerveza ya que el calor empezaba a dejarse notar. Quiero desde aquí hacer una sugerencia al Consorcio para que se "potencie" una mayor interacción entre la Vía Verde y las localidades por las que pasa.


En el cruce tomamos la plataforma de la izquierda para dirigirnos a Mazarrón, este tramo tiene alguna pendiente que no son propias de una vía verde, especialmente en sentido inverso. El culpable; la misma Administración, que se "cargo" el antiguo trazado con la construcción de la RM-3 y alguna urbanización que se empeña en separar en lugar de integrar. Este tramo entre Mazarrón y la Pinilla formaba parte de un ambicioso plan de Defensa Nacional que consistía en unir por ferrocarril los arsenales navales de San Fernando en Cádiz y Cartagena para que no quedaran incomunicados en caso de asedio marítimo. Legamos al final de la vía verde bajo los calidoscópicos detritus mineros, pero antes de la vuelta nos dirigimos hacia la población bajo la atenta mirada de viejos castilletes y derruidas construcciones hasta la plaza, donde no podía ser de otra manera, terminamos en el bar Luis degustando unos calamares con tomate.   


Ya de vuelta, costaba subir bajo el Cabezo Negro, para recuperar la plataforma de la vía verde que también pica para arriba, y no, no es por la cerveza. Pronto entramos en las últimas trincheras protegidas por gaviones de nueva construcción, hasta enlazar con el tramo principal por un atajo perfectamente señalizado. Nos llevamos una desagradable sorpresa, cuando tras pasar bajo la RM-23, no podíamos incorporarnos a la vía verde por lo que sería el recorrido natural. De Totana en dirección Cartagena, al llegar a la valla de la carretera, la plataforma termina abruptamente contra la misma. Nosotros la recuperamos por donde siempre, a través de la vía pecuaria. La estación del Romero se presenta ante nosotros, ahora toda vallada para impedir el acceso y que alguien se lesione pues se encuentra en ruina. Hacemos unas fotos y emprendemos la larga y horizontal recta  que se abre ante nosotros a través del paisaje protegido de los Saladares del Guadalentín, que prácticamente nos dejara en Totana. Despreciamos las flechas,  que caprichosas, se dirigen al puente que libra las vías de la línea de ferrocarril de Murcia a Lorca, nosotros seguimos la vieja plataforma ferroviaria que nos ha traído hasta aquí y que nos deja junto al anden del ferrocarril actual.


Mariano Vicente de Haro, 19 de septiembre de 2017


el track...           algunas fotos...

domingo, 20 de agosto de 2017

"Guarros" se nos queda corto

 Vía de sercicio A-7 a su paso por Librilla


Creo sinceramente que la palabra guarros se nos queda corta. Unos más que otros pero todos debemos serlo sin excepción, es la única explicación que encuentro para lo que os cuento a continuación. Circulaba el otro día por la vía de servicio de la A-7, entre Librilla y Alhama, cuando observe una gran cantidad de grandes bolsas amarillas alineadas unas a continuación de otras con una separación de unos 10 metros, parecían las cuentas de un gigantesco collar. Eran de Carreteras del Estado y estaban llenas de basura. Imposible que sean desperdicios arrojados a la cuneta, pensé, serán de algún basurero clandestino. Pero cuando pase el vehículo oficial de mantenimiento situado al final de la linea de bolsas me percate de mi error, hasta ese momento no había dirigido mi atención a la cuneta, y eso que paso por allí varias veces al mes, incluso en la semana. Todo tipo de envases se hallaban camuflados entre la maleza de la cuneta, desde latas de cerveza y refrescos a botes de desodorante y de aseo personal, productos de limpieza, envases de yogures, zumos y de cuarenta mil cosas más. Pero que nadie piense que los ciclistas nos libramos, eran demasiados los envases de bebidas energéticas como para que la cosa no vaya con nosotros. No faltaban los envoltorios de barritas o los envases vacíos de glucosa, pero lo que más me llamo la atención fueron las "litronas" vacías. ¿Como es posible que lleguen hasta allí?

Bolsas de basura a lo largo de la A-7. Tramo Librilla-Alhama


A mi regreso pude comprobar como la cuneta del otro lado estaba en las mismas condiciones. Intenté justificar tal cantidad de basura por ser una vía importante, pero no, he ido comprobando otras vías y las locales están igual. No es la primera vez que descubro en algún lugar paradisiaco la estulticia de algunos usuarios que han dejado todo perdido de basura, incluso habiendo papeleras y contenedores cerca. No entiendo como se puede llegar a estos sitios, algunas veces con mucho esfuerzo, y dejar tirado por el suelo la basura. Si como ciclistas podemos llevar todo el peso de un envase energético lleno, mucho más fácil será regresar con él vacío.

 Rastros de embases: barritas, geles, etc. en un conocido tramo (Rebate) muy frecuentado por ciclistas.


No sé si somos así todos los españoles pero creo que pocos se libran, porque en vías de importancia internacional como la A-7 las cunetas a su paso por la Región de Murcia están llenas de basura y no solo la usamos los murcianos. Bien es verdad que en algunos viajes en bici de los que he realizado, constaté -y esto se que va a levantar ampollas- que la suciedad de las cunetas se empezaba a notar más cuanto más al sur, los motivos se me escapan y no creo que las viejas teorías de Montesquieu tengan mucho que ver. (Las necesidades en los diferentes climas han dado origen a los distintos modos de vida, y éstos, a su vez, han dado origen a los diversos tipos de leyes - Montesquieu, 1748). Y no son manías mías, también lo han observado otros compañeros de viaje. Creo que no debemos rasgarnos las vestiduras, culpar al otro o a las autoridades, sino poner todo nuestro empeño en cambiar este tipo de cosas. Nada me gustaría más en un futuro que tener que arrepentirme de mis palabras.

Mariano Vicente, agosto de 2017

viernes, 4 de agosto de 2017

Paseando por el chaparral de Bajil



Nos hemos escapado mi amigo Antonio Máximo y yo en este primer día de agosto al Campo de San Juan, es un día caluroso como corresponde a la época, pero ya no es tan normal lo bochornoso y húmedo que esta, con el sol velado por una calima pegajosa que no presagia nada bueno. A las puertas del restaurante dejamos el vehículo y entramos a desayunar, a pesar de la hora, o quizás por ello -son cerca de las 10 de la mañana-, hay numerosos paisanos en el local, cosa que siempre me sorprende en estos lugares tan pequeños y apartados. Antonio ha tomado algo en casa y solo se pide un café, pero yo estoy en ayunas y me pido una buena ración de tortilla de patatas, cerveza y café. Me he quedado con las ganas de probar el conejo al ajillo y la magra con tomate que lucían apetitosos sobre el mostrador. Ya más entonados, montamos las bicicletas y comenzamos nuestro paseo por el Campo de San Juan en dirección a la presa de la Risca, que retiene al río Alharabe antes de precipitarse bajo la sombra de los Cenajos y la sierra de los Álamos.


El aire es denso y caliente, húmedo e impregnado del aroma de lavanda, planta muy abundante y de la que están sembrados los campos. Si coges una en la mano y la frotas, el aroma que desprende es tal, que duele respirarlo. Desde la presa, en dirección norte, vemos el altozano que vamos a visitar en las estribaciones de la sierra del Zacatín. Se ven perfectamente en la distancia, en la parte superior de la pared, los abrigos que vamos a visitar, utilizados por los hombres desde tiempos inmemoriales. Continuamos entre campos de lavanda para acceder a la carretera del Sabinar a Benizar que tomaremos hacia la derecha en dirección a esta última población, estamos bajo los cenajos de Zaén.


A la izquierda nos sale una carreterilla que por una vaguada nos sube casi en línea recta hasta Bajil. Llegamos arriba y junto a una casa, a la sombra de unos árboles, hay un tractor y junto a él un parroquiano que parece formar parte del conjunto, como posando para un cuadro, tan inmutable como la arboleda.

-Buenos días
-¡Pusss! Seguramente lo sean...
-¿Cree usted que va a llover?
-Puede, mientras no sea piedra. Quizá algo al medio día.
-Es que el parte da tormentas para la zona
-Falta hacen

Esta parte de la conversación parece ya agotada, así que pregunto si el camino de nuestra izquierda lleva hasta las Cuevas de Zaén.

-Si señor, todo seguido, no tiene perdida

Nos vamos y el señor sigue allí, inerte e imperturbable como un elementos más del paisaje. Seguimos el camino indicado que presenta un piso en buen estado, cruzándonos con un pastor que discutía acaloradamente con algunas de sus ovejas. A nuestros pies el imponente cortado del Calar de las Cuevas y yo dominado por el vértigo junto al cantil; las piernas de gelatina, el corazón a doscientos e intentando hacer algunas fotos. Las denominadas Cuevas de Zaén no son más que unos abrigos labrados por el agua y el tiempo en la roca caliza. Volvemos sobre nuestros pasos, para en Bajil, tomar la vereda que nos llevará bajo el Cerro de las Víboras, aguas abajo de la rambla de Lucas, lugar habitado por el hombre desde el Calcolítico a la Edad del Bronce. Poblado amurallado situado estratégicamente sobre un cerro de fácil defensa, ejerciendo un férreo control sobre al paso de animales y hombres entre el Levante y la Mancha. Excavado parcialmente por el profesor Jorge Eiroa, muestra un uso habitacional de más de 4.000 años con una fuerte sociedad jerarquizada, fronteriza entre los pueblos del Algar y los del sur de Albacete. En estos lugares; por mucho que hayan estado habitados desde siempre; que sean paso obligado para hombres y ganado, no dejo de sentir una profunda soledad y todo el peso del paso del tiempo.


El poblado, vuelto a cubrir según comentarios del profesor Eiroa (Uno de los aspectos sin duda que más impacta a un arqueólogo es cuando se ve obligado a enterrar algo que ha sido descubierto por él dada la falta de recursos económicos para ello y la necesidad de priorizar en su tiempo. Sin embargo dejando a un lado las adversidades, este proyecto... puede aportar su granito de arena a la visión calcolítica de la Región de Murcia) va a ser para dos ignorantes como nosotros en temas de arqueología; "poco ilustrativo", por lo que decidimos no subir y continuar nuestro camino por la vereda, que ahora se llama de Bagil -con g-, rodeando por el oeste la meseta que contiene el chaparral que hemos venido a visitar. Nos prometemos una nueva visita, esta vez con un experto como mi amigo Ángel Luis Riquelme, que seguro estará encantado de acompañarnos, pero el esfuerzo para sacarnos, aunque sea mínimamente de nuestra ignorancia, será ciclópeo.


Subimos ahora por un camino que es un verdadero pedregal, alejándonos de la vereda hacia el este, después de haber descartado la visita al "Barco". Es la imagen de una nave pintada con trazos rojos hace 500 años a la entrada de la Cueva del Esquilo, similar a las carabelas usadas a principios del siglo XVI. El camino busca entre pequeños manantiales otro valle más pequeño y acogedor de nombre sugerente: Rincón de los Huertos, dónde se han rehabilitado algunas casas. Un pequeño arroyo lo recorre en su totalidad, rompiendo el profundo silencio con su murmullo y proporcionando frescor y riego a diminutas huertas. Nogales, higueras y parras presentan una imagen idílica con los frutos aún verdes, pero con una promesa futura de sazón. Una sensación de paz lo embarga todo. Desde los últimos caseríos el camino esta asfaltado y comunica con la carretera de Benizar al Sabinar. Pero nosotros lo abandonamos por otro a nuestra derecha, formando un giro de casi 180 grados con fuertes pendientes y un par de cancelas antes de dejarnos en pleno chaparral a 1350 metros de altura. Las hay pequeñas y grandes, algunas de cierto porte. Egoístas, quieren para ellas la meseta en exclusividad, no dejan prosperar a otras especies que no sean de la familia de encinas y sabinas, quizá algún arbusto intruso y poco más. Pinos; ni uno.



La lluvia, aunque poca, hace su aparición; son gotas gruesas, sucias de polvo africano, y hacen que desistamos de nuestra primera intención de visitar, aunque solo fuera someramente, las cuevas de los Murciguillos y La Iglesia. Nos dejemos caer hacia Zaén de Arriba, para recuperarnos del esfuerzo con hermosas, gordas y frías jaras de cerveza. Desde aquí teníamos intención de atravesar todo el Campo de San Juan casi en línea recta hasta el local donde teníamos el vehículo, pero era temprano y optamos por hacer un recorrido un poco más largo y regresar por carretera desde el Sabinar. Poco más que contar, nos espera un excelente potaje y una buena conversación entre amigos.



Mariano Vicente, a primeros de agosto del año 2017