jueves, 22 de junio de 2017

200 Millas 2017 Jornada 2: Nerpio-Murcia



A las ocho estábamos desayunando, unas tostadas, alguna madalena y unos cafés es cuanto necesitamos para ponernos en marcha. Anoche nada más llegar y tras la ducha lavamos la ropa y la pusimos a secar para hoy, no es cuestión de traer mucho equipaje. Chanclas, camiseta y pantalón para estar presentable en la cena, cepillo de dientes, crema para el sol y poco más. El hostal Los Nogales es al Nerpio en tiempos modernos lo que la fonda fue en tiempos pretéritos, pregunto por las perdices escabechadas y me llevo un disgusto: ya no se hacen -me dice la propietaria-, lo que si se sigue haciendo es el lomo de orza. Cenamos abundante y rico y pronto nos fuimos a dormir, estábamos cansados, muy cansados, la distancia, el desnivel, pero sobretodo el calor nos habían castigado de lo lindo. Nuestras compañeras a buen recaudo en un almacén aledaño.



Hemos escogido para la vuelta el camino de Moratalla por el Campo de San Juan, después será el Segura el que nos lleve hasta casa. Salimos por la carreterilla de las Bojadillas, para mi mucho más bonita que la tradicional del pantano, incluso me atrevería a decir que también es más suave. A esta hora se pedalea a gusto; el sol, aún bajo, no molesta demasiado. Llegamos a la rambla de la Rogativa que cruzamos mojando las cubiertas, no hay puente y el agua salta por encima de un vado de cemento. Entramos sin solución de continuidad en el desfiladero que forma el Calarico del Hambre y el Arroyo Tercero para cruzar otro vado en el que el agua pasa por unos tubos a modo de puente. Salimos a la carretera que nos llevará en constante subida hasta el Sabinar. El campo de San Juan nos recibe pleno de fragancias con sus plantaciones de aromáticas, de pedaleo fácil hasta que tienes que abandonarlo a la altura de la presa de La Risca, comienza aquí un pequeño puerto, algo engañoso, que te hace esforzarte más de lo te gustaría. Superado, entras en el Campo de Bejar y sales por otro puerto; el de Los Álamos, que por esta cara es mucho más sencillo que por el lado de Moratalla. Descenso enlazando una curva tras otra, llegando al vértigo, sin apenas tráfico, hasta entrar en el pueblo. Nos detenemos en una terraza orientada al norte del primer bar que encontramos. Parada y fonda.



De Moratalla a Calasparra apenas es un paseo, pero ya comienza a dejarse notar el calor. El sol es un disco blanquecino como de metal fundido que amenaza con derretir el asfalto. Pasado Calasparra enfilamos la carretera de Jumilla hasta la Venta Reales, donde nos desviamos a la derecha hacia Cieza, este tramo junto al recorrido por el valle del Segura será lo más duro de la etapa, no por los desniveles, sino por el calor. Aquí se dejara notar en toda su extensión, al aire pesado y caliente le cuesta entrar en los pulmones, bebes pero no sirve de nada, la boca seca, pastosa, la lengua empeñada en solidificarse con el paladar y tu chupando el bote a cada instante, pero todo sigue igual. Por eso paramos antes de entrar en Cieza, y por eso nos pedimos pulpo al horno, salpicón de marisco, croquetas, rulos de queso y beicon, cerveza, mucha cerveza, que si hay que sufrir se sufre, pero que nos quiten lo “bailao”. De la Perla del Segura en adelante entramos de lleno en el Valle del Segura; Abarán, Blanca, Ojós, Villanueva, Archena, se suceden una detrás de otra como si fueran todo una, con la mente más pendiente del calor, del cansancio que de los lugares tan maravillosos por los que estamos transitando. En casa, viendo las fotos, la verdad es que me sorprendo, no recuerdo cuando las hice, debía de pedalear como un autómata.



Paramos en Molina, en el bar que hay junto a la vía verde, en la ermita de la Consolación, pero con tan mala suerte que estaban cerrando y solo pudimos comprar cuatro botellas grandes de agua bien fría, una por cabeza. A partir de este momento nos planteamos el camino más corto, ¿la vía verde? Sí, allá vamos.


Murcia, 17 de junio de 2017

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miércoles, 21 de junio de 2017

200 Millas 2017 Jornada 1: Lorca-Nerpio



Con Aviso Naranja por Altas Temperaturas nos sorprende la AEMET justo unos días antes de la fecha señalada para las 200 Millas de este año. Los días solicitados en el trabajo, bici y equipaje preparado y nuestras ganas intactas. ¡Tampoco será el león tan fiero como lo pintan! Fue nuestra justificación, la defensa utilizada para no suspender nuestro viaje. ¡Inconscientes!
No sé si el león era tan fiero o no, pero calor hizo y mucho. La historia comienza en el andén de la estación de Murcia, son las siete y cuarto y allí nos hemos presentado Juan Bautista, Antonio Cervantes, su yerno Ariel, Ángel y yo, para subir al tren de cercanías que nos llevará en aproximadamente una hora hasta Lorca, donde comenzará nuestra ruta, no sin antes propinarnos un buen desayuno en el Mesón Lorquino.



Son las nueve y diez cuando comenzamos a pedalear sin mucho calor y algo de tráfico hasta la carretera de la Fuensanta, bajo la inquisitiva vigilancia de la torre Alfonsina. Comienzan las cuestas y comenzamos a notar el calor, pedaleamos alegres, las fuerzas intactas, tenemos unos 150 kilómetros por delante y un importante desnivel, pero no nos preocupa demasiado, tenemos suficientes lugares donde repostar y refrescarnos, el primero será en Vélez Blanco, pero antes nos lo tendremos que ganar. El horizonte lo dominan el Gigante y el Pericay, a los que nos dirigimos casi en línea recta, más a la izquierda, difuminada por la calima, la Sierra de María.



A la altura del embalse de Puentes giramos decididamente al oeste. Pasada la Fuensanta comienza a dibujarse en el horizonte, sobre un elevado cerro, los restos del medieval castillo de Xiquena. Conforme nos acercamos se definen con mayor claridad su airosa construcción, aún que muy deteriorado. Castillo roquedo con doble línea de fortificación, los lienzos rojos de sus muros contrastan con un cielo blanquecino. Pronto es sustituido por el de los Fajardo, recostado en las laderas de la Sierra de María, renacentista y en mucho mejor estado. Conquistarlo no será tarea fácil; serán cuatro kilómetros de dura subida bajo un sol de justicia, menos mal que nos vamos a resarcir. Riñones, albóndigas, patatas bravas, más riñones y cerveza, mucha cerveza para combatir el calor que ya se deja notar ¡y de qué forma!



Repuestos, abastecidos de agua en la fuente, continuamos nuestro camino. La carretera envejece por momentos, pinchazo en la rueda delantera, ni una sombra a mano. Reparo con la ayuda de Ariel y continuamos a delante. Menos de dos minutos y otro pinchazo que más parece un reventón, y en la misma rueda. La observamos casi como si fuera una bacteria a través de un microscopio para descubrir un par de profundos cortes, uno en un costado, el otro en plena banda de rodadura, ¡y solo tiene un par de meses! Tiramos de experiencia para colocar por el interior de la cubierta un par de trozos de tubular que siempre llevo en cima para estos casos. No nos dará más problemas en los siguientes doscientos kilómetros.



Nos acercamos a Topares entre rubios y ondulados campos de cereal y nos sorprende con una “tachuela” de un par de kilómetros con rampas que llegan al seis por ciento y un sol de plomo. ¿Habrá bar? No podemos pasar de largo, hay que refrigerarse e incluso comer algo. Hubo suerte; un bar, terraza a la sombra. Cerveza, mucha cerveza y unos ricos bocadillos de solomillo, ¡y hasta helados! Lo peor viene a continuación; tras una bajada, la carretera se empina suavemente franqueada de cardos descomunales. El 1, el 2, el 3, el 4 por ciento y el sol oprimiendo la espalda, el casco caliente, las gafas queman. Sudor, crema protectora, lodo blanquecino que se precipita codo abajo, los ojos entrecerrados, el cerebro casi en blanco. Pedaleo en modo supervivencia superando las dificultades, pero otros aún lo están pasando peor. Ángel decide que no puede más y no hay forma de convencerlo. Abandona y su hijo vendrá a recogerlo, nos desea suerte y seguimos adelante.



Pedaleamos ahora por la C-330 en dirección a la Puebla de Don Fadrique, con algo de tráfico, que abandonamos a la altura del Moral. La carretera se estrecha y deteriora, tenemos que ir pendientes de los baches, pero nada más, ni un coche en todo el recorrido hasta Cañada de la Cruz. Llevamos más de 100 km. cuando nos detenemos frente al bar y aún nos queda lo más duro de la subida. Refrescos, agua, arroz con leche, helados, todo es bueno para poder continuar. Juan y Ariel, más fuertes y jóvenes, se marchan delante. Nos han comentado no sé que de unos geocaches a la altura del Plantón del Cobacho. Antonio y yo nos lo tomamos con calma, pedaleamos por una la carreterilla hacia la fuente de la Carrasca, la pedanía más meridional del municipio del Nerpio, rodeando la Sierra de las Cabras, techo de la provincia de Albacete con más de 2.000 metros. La subida se deja notar, en algún punto supera el 11 %, menos mal que el sol está ya bajo y el calor ha disminuido considerablemente aunque la temperatura sigue siendo alta. Tenemos que llevar cuidado con el asfalto en algunos puntos en muy mal estado, incluso llega a desaparecer en algunos metros. Poco a poco vamos girando en dirección norte y alcanzando las partes más elevadas de la ruta. Cuando ganamos los 1.580 metros el sol luce un rojo encendido y comienza a alargar las sombras en los valles. En Cañadas de Abajo, las cabras habitan el caserío, mientras nosotros seguimos esforzándonos, aún no es franca la bajada. 



Ahora sí, en un collado la carretera cambia a un excelente asfalto y nos dejamos caer a tumba abierta, dichosos, casi eufóricos, hacia el almenado Pedro Andrés. Nuestro esfuerzo obtiene su recompensa, ya sabemos que nada nos detendrá hasta el Nerpio. Apenas nos detenemos en el Plantón del Cobacho, un esperpento de lo que fue y ya no es. Continuamos raudos hacia el Hostal Los Nogales, cuando llegamos el sol se ha escondido tras los montes.


Mariano Vicente, junio 2017.

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viernes, 9 de junio de 2017

XIX Día de las Vías Verdes - Caravaca Jubilar - 2017 (Crónica)



Tras una semana vertiginosa entre el trabajo y los últimos preparativos para la vía verde llega el gran día; madrugamos, cargamos el furgón con los regalos y el aperitivo, vamos a por el hielo que en estas latitudes es indispensable y nos acercamos hasta el Niño de Mula. Algunos han sido más madrugadores que nosotros y ya están montando las bicis. Saludos, abrazos y un buen café para entonarnos. No quiero comenzar esta humilde crónica sin dar las gracias a todos por acudir a esta convocatoria, vosotros sois la razón de ser para esta conmemoración del Día de las Vías Verdes. Sois ya viejos amigos nuestros con los que desafortunadamente solo coincidimos en este día, la distancia y los quehaceres cotidianos nos lo impiden con frecuencia, pero suficiente para mantener nuestra amistad y el apego a esta convocatoria que en este año cumple su diecinueve edición. Confluimos año tras año en el Niño de Mula amigos de Xixona, Muchamiel, Campos del Río y otras localidades de la Región y por supuesto de la “Capital”. Los hay que, aún a día de hoy, desconocemos su procedencia, otros en cambio la pregonan con orgullo como nuestros nuevos amigos de Torrevieja. Llega el autobús de Xixona, en el que vienen también los “gladiadores” de Muchamiel, y aquello se convierte en una fiesta; besos y abrazos por doquier y como no podía ser de otra manera, asalto al ventorrillo Casa Paco.

Por más vueltas que le damos al asunto no damos con la fórmula para reunir a todos frente a la cámara antes de la salida. Este año lo hemos intentado con un apetitoso “soborno” que nos han proporcionado nuestros amigos de Hero, unas Bolsitas Línea ricas en proteínas; y ni por esas, tras recoger el presente han seguido charlando en múltiples corrillos de lo más animados. Ya te puedes desgañitar pidiendo que se concentren todos frente a la cámara: misión imposible. Y la verdad es que no nos preocupa demasiado, preferimos que prevalezca el compañerismo y la amistad a la foto, que tiempo tendremos de hacernos no una sino mil, aunque no todos juntos.

Por fin, pasadas las diez, comenzamos nuestro pedalear por esta vieja compañera que es la Vía Vede del Noroeste. Más de 150 ciclistas nos concentramos para recorrer esta infraestructura y conmemorar el XIX Día de las Vías Verdes. A la altura de la estación de La Luz una pequeña pero irresoluble avería, dejo a uno de nuestros benjamines sin poder pedalear hasta Caravaca teniendo que conformarse con seguir el evento desde el furgón de apoyo; su cara, todo un poema. Año tras año me sorprenden estos “canijos” que apenas superan el metro de altura, pero que pedalean con más brío y entusiasmo que muchos de nosotros. Hacen todo el recorrido desde el Niño a Caravaca, a veces se descuelgan del grupo, pero con rabia y tesón contactan de nuevo, no quieren ayuda ni la necesitan y si una adversidad se lo impide como en este caso, no pueden disimular su frustración y enojo y hasta alguna lagrima imprudente asoma en sus ojos. Tan pequeños y tan duros, un ejemplo para todos nosotros.

En Bullas la Policía Local nos metió a todos en vereda y concentró el pelotón para atravesar la población con más seguridad. Al llegar a la plaza del ayuntamiento, yo erre que erre, lo vuelvo a intentar, pretendo hacer de nuevo la foto para el recuerdo pero no llego a conseguirlo del todo. No desespero, sé que algún día lo lograré. Los agentes, con diligencia, nos sacaron de la ciudad y nos dejaron de nuevo en la vía verde donde aprovechamos para tomar el refrigerio que tan amable y generosamente nos proporcionaron nuestros colaboradores: La Niña del Sur unas sabrosísimas minipizas, el Horno de José Antonio unos ricos saladitos, Estrella de Levante y Cocacola se ocuparon de que no pasáramos sed. Repuestos y reconfortados, con nuevas energías, reanudamos nuestro pedalear hasta la vieja estación de Cehegín a la que nos ayudo a llegar con total seguridad la Policía Local regulando el tráfico.

Ya reagrupados continuamos hasta la entrada de Caravaca donde de nuevo la Policía Local derrochando profesionalidad y diligencia, –no es fácil lidiar con más de 150 ciclista de muy diversa condición-, nos condujo hasta nuestro destino en el Santuario de La Vera Cruz. Visita al camarín, credenciales, fotos y la satisfacción de haber conseguido nuestro objetivo nos puso en disposición de afrontar nuestro segundo reto del día; la comida.

A algunos quizá les parezca una nimiedad los 36 kilómetros de recorrido por la vía verde hasta Caravaca de la Cruz, pero para los menos preparados, incluso para los que apenas han tenido tiempo de coger la bicicleta pero que no quieren faltar a la cita, puede ser todo un reto. Y qué decir de los más pequeños, para ellos representa un verdadero desafío. Para mí este año ha sido más “fácil”. Jesús; de EBIKE, me ha prestado una Lapierre eléctrica y la verdad es que se nota la diferencia, mi futuro pasa casi con toda seguridad por ella, al igual que ya han hecho muchos de mis “viejos” amigos; Antonio, Paco y José Andrés.

Ya en los Salones del Castillo disfrutamos de una suculenta comida. A los postres, el bullicio típico de estas celebraciones se transformo de repente en un silencio expectante, pendientes todos del numero que en esos momentos la mano inocente de uno de nuestros benjamines sacaba para comenzar el sorteo. Seguimos con la misma atención, regalo tras regalo, esos que nuestros ya más amigos que colaboradores han tenido la gentileza y generosidad de donarnos; cascos, bombas, bidones, luces, equipaciones, camisetas y hasta trajes de huertano, pasando por joyas y vino. Quizá el momento más emocionante, si es que hay que escoger uno, fue en el que los asistentes, golpeando las mesas simulando un redoble de tambores, expectantes y excitados, escucharon el último número, el que correspondía a la preciosa bicicleta de un atractivo y ecológico color verde, donada como todos los años por el Corte Inglés.

Con una mezcla a partes iguales de alegría y pena comenzamos a despedirnos de los que dan por finalizado aquí la jornada, emplazándonos en un compromiso ineludible para finales del próximo mayo en el que sin ninguna duda volveremos a repetir momentos tan agradables como los de hoy. Otros volveremos sobre nuestros pasos pedaleando hasta el Niño de Mula donde esperan nuestros vehículos dando por finalizada esta jornada. Quiero volver a dar las gracias a todos los existentes por esa confianza que depositan en nosotros y a nuestros colaboradores por su inquebrantable generosidad que colma de ilusión esta jornada. A todos, de corazón, muchas gracias.

Mariano Vicente. Presidente de Bicimur.

martes, 6 de junio de 2017

Canal de Cartagena: Postrasvase Tajo-Segura



Lo tenemos aquí al lado, incluso lo utilizo a menudo con la bici de carretera, pero nunca lo había recorrido entero y me pareció una buena idea: recorrer el Canal de Cartagena en el Postrasvase Tajo-Segura. Para ello tomaremos un tren hasta la estación de Orihuela y comenzaremos ha pedalear hacia el embalse de la Pedrera desde donde poco después accederemos al camino de servicio del canal hasta las cercanías de Cartagena. Para volver, utilizaremos de nuevo el tren. 



Y aquí estamos, un lunes del mes de junio con la intención de cumplir nuestros propósitos; Juan Bautista, Ángel, Antonio y yo mismo. Tomaremos el tren de las 8.50 hasta Orihuela. Aquí Antonio ha preparado un cómodo recorrido por el Camino Viejo de Bigastro, eso sí algo enrevesado, pero sin tráfico y muy tranquilo, utilizado por las gentes del lugar para bajar el colesterol. En el pueblo, junto a la iglesia, hacemos unas fotos y comenzamos una suave subida hacia el pantano que dura hasta los pies de la presa donde nos esperan fuertes rampas para superarla. A partir de aquí todo será prácticamente llano.



En Vistabella, hacemos nuestra primera parada, no todo es sufrir, y damos cuenta de sabrosos bocadillos de tocino que acompañamos con unos litros de cerveza. Continuamos nuestro deambular por el canal, San Miguel de Salinas, golf, ladrillo, hijos de la Gran Bretaña, arcaicos centro europeos. El Mediterráneo en el horizonte, del que nos separamos a la altura del Mirador. San Cayetano, Centro Social, hora de refrescarse de nuevo. El Cabezo Gordo llena poco a poco el horizonte. Cultivos. Cambiamos de margen, rodeamos Casas de los Anicetos, volvemos a cambiar, monótono pedalear junto a la linea azul del canal, solo interrumpido por el cruce de desiertas carreteras. El Albujón a un lado, Pozo Estrecho al otro. La Aljorra debe estar cerca y el canal vira decididamente al Sur, siente su final. Kilómetro 64, ahora sí, se acabo.



Tomamos el proyecto de vía verde del Campo de Cartagena y GR-250 hasta pasado el polígono de Santa Ana. Nuestros sherpas, Juan Bautista y Antonio no se ponen de acuerdo, apesar de mis sugerencias de tomar el antiguo trazado del ferrocarril a su paso por Barrio Peral, siguen adelante. Los Barreros, Cuatro Santos, San Antonio, Plaza de España, antiguo Cuartel de Marina. ¡Por Díos parar ya! Sosiego en el puerto, parada junto al Zulo, 4.80 metros de Altura y dos toneladas de bronce desnudo en mitad de la explanada. La estación de autobuses, la de ferrocarril, nuestro final, pero antes repondremos fuerzas.

Mariano Vicente, lunes 5 de junio de 2017.



El Trasvase Tajo-Segura y el Canal de Cartagena, un poco de información.  

Los primeros antecedente del Trasvase Tajo Segura los podemos encontrar en el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933 de D. Lorenzo Pardo. El plan suponía para la cuenca del Segura un caudal de 55 m³/seg, lo que representa 1.750 Hm/año. Tras la Guerra Civil, el Plan General de Obras Hidráulicas de 1940, lo recoge de nuevo, pero no será hasta 1967 en que el  Ministerio de Obras Públicas publica el anteproyecto general, aprobándolo el Consejo de Ministros en 1968.



La infraestructura del trasvase Tajo Segura se puede dividir en dos grandes apartados:

a) Las que representan las propias infraestructuras del trasvase hasta la cuenca del Segura; canales, tuberías y elevaciones.

b) Postrasvase, que recoge todas las infraestructuras para el aprovechamiento de los caudales trasvasados.

Esquema general

Las aguas procedentes del Acueducto Tajo-Segura vierten en el embalse del Talave. para discurrir por el Mundo hasta el embalse de Camarillas. Siguen por el Mundo hasta sus junta con el Segura, y de aquí hasta el embalse de Ojós. Se construye este azud a la altura del Salto del Solvente, cerrada que forma el Segura entre las poblaciones de Blanca y Ojós. De él deriva por gravedad el Canal Principal de la Margen Izquierda y Canal de Crevillente. En su derecha se encuentra la primera impulsión de 150 metros hasta el embalse del Mayés que distrubuye hacia el valle del Guadalentín. 
El Canal Izquierdo sigue en régimen libre hasta su bifurcación, por un lado hacia la población de Crevillente; por otra, cruza perpendicularmente el valle del Segura a la altura de Orihuela para alimentar el embalse de la Pedrera para regar las tierras del Campo de Cartagena, Zona de la Pedrera y Riegos de Levante 

 Embalse de La Pedrera

La Pedrera es un embalse regulador de cola de las aguas del Trasvase, esta situado en la Rambla de Alcoriza, en un vaso natural sin aportación propia con una capacidad de 250 hm³. Consta de una presa y tres diques con una longitud entre los 190 y los 1.240 metros. Próximo al Embalse de la Pedrera existe un By-pass que permite enviar el agua directamente al Canal del Campo de Cartagena o bien a través de dicho embalse. 



Canal Campo de Cartagena

Tiene su origen en el Embalse de la Pedrera, en la cota 75 y termina en la carretera de la Guía, próximo a Cartagena, con una longitud de 64,28 kms. Transfiere un caudal máximo de 25 m³/s hasta llegar al p.k. 43 en que cambia de sección para pasar a un caudal de18 m³/s. Volverá a reducir poco después su sección para trasvasar un caudal máximo de 12,68 m³/s. A partir de la impulsión de Fuente Álamo vuelve a cambiar de sección y de caudal a 10 m³/s.



miércoles, 5 de abril de 2017

Camino Santiaguista de Caravaca: De lo acontecido el tercer día

 

La iglesia está cerrada, el local parroquial también, por lo que me acerco hasta el Ayuntamiento que está en una plaza aledaña. Me atiende una guapa funcionaria que me pide, casi me suplica, que rece por ella en Caravaca, y eso hice que lo prometido es deuda y además no cuesta nada. La salida es en bajada y llevo una buena velocidad lo que hace que sienta todo el frío de mañana. Me rebasa un vehículo de la Guardia Civil y lo hace a menos de medio metro; ¡dando ejemplo! Villares se aparece fotogénico a contra luz y al descender hacia el valle del Segura el paisaje se transforma, los campos de cultivo, el monte bajo y el matorral se transforma en un esplendido bosque de ribera. Salir del cauce no es tarea sencilla, seran un buen numero de kilómetros y porcentajes superiores al siete por ciento antes de llegar Férez, aupado sobre un cerro cercado por almendros y olivos, al Frez de los romanos, pueblo de mi amigo Julio y que espera poder disfrutar más amenudo cuando termine de rehabilitar la antigua casa de sus abuelos, fue conquistado por Fernando III y entregado a la encomienda santiaguista de Socovos. No he estado nunca pero dicen que son célebres sus encierros a primeros de octubre y que es famosa su repostería a base de fritillas, hojuelas y suspiros.



Socovos es el siguiente pueblo que desde el Tratado de Alcaraz se convirtió en cabeza de encomienda santiaguista que aglutinaba los términos de Letur, Férez, Lietor y la Abejuela, aprovechando los cristianos para su propio uso el anterior castillo árabe del siglo XII. Como en casi todos los pueblos las iglesias están cerradas por lo que acudo al ayuntamiento a sellar la credencial, allí me atiende un funcionario amante a la historia y de su pueblo, me recomienda encarecidamente que busque información de Ibn Hamusk, antiguo caudillo de Socovos y suegro de Ibn Mardanix. Me hago una foto junto a la iglesia de arriba y me dirijo entre huertos de olivos y almendros hacia la iglesia de abajo que luce en su portada el escudo con la cruz de santiago y dos conchas peregrinas, una a cada lado. Desde la iglesia el castillo casi se puede alcanzar con la mano, flanqueado de almendros en flor que de algún modo compensan del deterioro de sus murallas. Al medio día, al otro lado del castillo, hay una noguera que dicen ya etaba allí con los árabes y que puede ser la más antigua de Europa con más de ochocientos años. Retorno a la carretera, amplia y bien asfaltada en dirección a Tazona y con porcentaje negativo ¡una gozada! Olivos centenarios interrumpidos por algunas vides nos acompañan a lo largo de algunos kilómetros. Es lugar fronterizo entre Albacete y Murcia y pronto encontraremos los grandes cateles que así lo indican. Algunas manchas de pinar interrumpen campos de almendros, otros, baldíos, están plenos de flores. Tras cruzar el río Alhárabe, Moratalla aparece encaramada sobre un promontorio a la sombra de la sierra de los Álamos, entre el caserío destacan imponentes la iglesia de la Asunción y la torre del homenaje, única que queda y que estaba acompañada por otras cinco que completaban el recinto amurallado: Redonda, Blanca, La Magdalena, Quebrada o de los Limones y la de Los Cuatro Vientos. Moratalla en un pueblo de vaquillas, en julio sus calles se animan, corren sus gentes y el ganado bravo pulula a sus anchas, pero tambien es pueblo de recogimiento, amante de sus procesiones, eso sí, algo especiales por la desordenada y variopinta mezcolanza de tunicas y nazarenos, por el ensordecedor tronar de su multitudinaria tamborada y por sus mazapanes de yema de huevo.




Pero no me quiero entretener, Caravaca esta al otro lado del pico del Buitre, que rodearemos por el este, aunque esto no nos evitará algunos kilómetros de subida. Nunca he recorrido esta carretera, siempre que he ido de Moratalla a Caravaca lo he hecho por caminos, normalmente siguiendo el Canal del Taibilla [3], y tambien he hecho el mismo recorrido con el Camino De la Vera Cruz o el Triángulo Santo, así que esto será para mi una nueva experiencia. Una curva a derechas y allí esta; el Santuario-fortaleza de la Vera Cruz y a sus pies Caravaca entera. Entro rodeando la iglesia del Salvador por si esta abierta, pero lo dudo mucho, son más de las dos de la tarde y es probable que este cerrado tambien el Santuario, a pesar de todo decido subir y efectivamente está cerrado hasta las dieciséis horas lo que me permitirá hacerme alguna foto junto al monumento de los Caballos del Vino y comer como una "persona", nada de barritas, en una de las terrazas de la Plaza del Arco. Sastifechas las apetencias carnales, ¡que buena estaba la oreja!, llega la hora de las espirituales, visita a la iglesia; rezo por mi y por los demás, doy gracias a Díos por permitirme hacer lo que me gusta y le pido que me conceda el don de seguir haciéndolo. Resueltas las cuestiones espirituales paso por la Oficina del Peregrino, sello la credencial y obtengo mi Caravacensis. Cumplidos todos mis compromisos dudo en seguir hasta Murcia con la bici o tomar el autobus, no sé que será lo más "pesado", pues el de las cinco de la tarde "pasa por los pueblos".



Mariano Vicente, miércoles 29 de marzo de 2017.

Historia Jubilar 

La historia de la aparición de la Cruz y las posteriores peregrinaciones comienza en el año de 1232 aun dentro del territorio mardanisí del reino de Murcia. Cuenta la leyenda que enterado el sayid musulmán de Caravaca Zait-Abut-Zait de que entre sus prisioneros se encontraba un clérigo cristiano, quiso saber de sus ritos y le pidió que celebrara una misa. Trajeron de la misma Valencia todo lo necesario para la celebración y estando el padre Chirinos comenzando la consagración cayo en la falta de la Cruz. Detuvo el oficio, pero en ese momento, dos ángeles penetraron por una claraboya portando la Cruz. Echo tan singular conmovió al moro que se convirtió al cristianismo. Pero lo más probable es que la Cruz fuera traída hasta Caravaca por la Orden del Temple, convirtiéndola en una Cruz de Frontera, símbolo de protección frente a los nazaríes granadinos. Pronto adquiere fama de milagrosa obrando grandes prodigios, los cautivos liberados llegan hasta el Santuario a depositar con devoción sus exvotos a los pies de la Cruz. Rápidamente se extiende su fama por los reinos cristianos de la Península y numerosas Órdenes Religiosas -franciscanos, jesuitas, carmelitas de San Juan De la Cruz y Santa Teresa, se establecieron en Caravaca. Su fama se fue ampliando hasta alcanzar toda Europa y América Latina, algo a lo que contribuyeron de manera muy especial los jesuitas.
La Cruz de Caravaca es un "lignum crucis" un trozo del Madero en que fue crucificado Jesucristo. Fue descubierto en el sigloIV por Constantino (335-347) o por su madre Santa Elena y de la que se hicieron tres partes, una se entrego al patriarca de Jerusalénn, las otras fueron llevadas a Constantinopla y Roma. Es una cruz pectoral oriental que según la tradición perteneció al patriarca Roberto, primer obispo deJerusalénn en 1099. Ciento treinta y cinco años más tarde aparece en Caravaca, por eso se le aplican los epítetos de "Santísima" y "Vera", por pertenecer a uno de los tres trozos en que se dividió el madero de la crucifixión de Jesucristo.



Libro de Bitacora: 29/03/2017

Temperatura: 15-20 º
Nubosidad: Despejado-Nubes aisladas
Viento: Flojo del Suroeste
Distancia: 68 km
Desnivel+: 924 mts.
Desnivel -: 952 mts.

Track: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17064695

algunas fotos… (https://flic.kr/s/aHskS4qENn)

martes, 4 de abril de 2017

Camino Santiaguista de Caravaca: De lo acontecido el segundo día




La niebla es tan espesa que apenas se ve nada. Hago un poco de tiempo charlando de rutas y bicis con el propietario del hostal mientras desayuno, pero no queda más remedio y me hecho a la carretera, la jornada es larga y no hay tiempo que perder. Pongo las luces y comienzo a pedalear. Del paisaje nada, solo una bruma blanca que lo envuelve todo; hay una “ventaja” los pocos coches que pasan van tan despacio casi como yo. En Montiel, la niebla deja ver algunos metros más, los suficientes para saber que estoy en el pueblo. Visito la iglesia de San Sebastián y en dirección contraria, al final de una calle, sobre el monte, parece intuirse algo parecido a un castillo. Continua la carretera por un bonito paisaje entre colinas que la niebla empieza a dibujar, encinas y pastos se alternan chorreantes de humedad y las redes que tejen las arañas brillan como diminutas perlas engarzadas en simétrico orden. Continuo hasta Villanueva que supero sin pena ni gloria. Bajo hacia el valle que ya deja ver las primeras estribaciones montañosas. Povedilla se queda atrás. Sobre un cerro, recortando su silueta sobre un cielo aún brumoso, destaca la Muy Noble y Muy Leal villa de Alcaraz, título concedido por los Reyes Católicos por su apoyo contra el marqués de Villena. Nuevo es el actual caserío aunque anda ya por los diez siglos. El anterior pudo estar en la zona de Los Batanes, famoso en época califal por sus alfombras y tejidos y hasta es posible que se construyera sobre el enclave íbero de Urcesa. Por aquí también anduvieron los romanos, dejando su impronta en el puente del Canto. En época más reciente 1213, Alfonso VIII la conquista cediéndola a la Orden de Santiago, que desde la Sierra de Segura defendía la frontera sur de Castilla del emirato murciano. Otro insigne rey, de especial cariño para los murcianos, fue Alfonso X El Sabio, que gustaba de pasar aquí largas temporadas gastando su tiempo en la caza y la composición de bellas cantigas como la del Niño de Alcaraz. Pero Alcaraz es sobre todo su Plaza Mayor, para mí una de las más bellas de la Península. Rectángulo irregular dominado al este por la iglesia de Santa María y Santísima Trinidad en bellísimo enfrentamiento de su torre campanario con la del Tardón, apoyada en el convento de Santo Domingo. Al oeste y al sur, las arcadas de la Lonja de la Rogatoria y del ayuntamiento. Estrechas calles desembocan en la plaza, retorcidas de escalones, plenas de geranios y hornacinas, cubiertas de arcos y piso empedrado. Cada vez que la visito tengo la misma sensación extraña, de que los parroquianos del bar "El Casino", bajo las arcadas de la lonja, son siempre los mismos, en la misma posición, como si más que vecinos fueran una estampa típica o la escena de un museo popular de cera. Me gustaría entrar al pueblo, contemplar sin prisas la belleza de los numerosos rincones que nos deparan sus calles, donde el tiempo y la historia se detuvieron hace ya mucho, pero hoy no puede ser, hay que seguir haciendo camino. 



Comienza la sierra, como aperitivo tomo un camino asfaltado que sale por detrás de la gasolinera y que se dirige a una almazara y al Santuario de Cortes un importante centro de peregrinación. Pero antes el paso de un arroyo nos va a deparar las rampas más fuertes de la jornada, menos mal que solo son cincuenta metros. En 1265, Alfonso X y su suegro Jaime I de Aragón, a la sazón repartiéndose la Península, celebran cortes conjuntas en una pequeña atalaya que había en el lugar, son informados de que en la iglesia se apareció la Virgen y deciden su ampliación y conversión en hospedería, dando lugar al monasterio actual que hoy regenta la comunidad religiosa de las Dominicas. Continuamos subiendo con rampas que oscilan entre el siete y el nueve por ciento. Los montes se pueblan paulatinamente de carrascas y pinar, este último cada vez más abundante y la soledad se apodera del paisaje, solo rota por poblaciones como La Hoz o Peñascosa, después nada. Camino despacio, todo el desarrollo puesto, solo el sonido el viento entre las hojas. Unos carrizos, más allá unos escasos pastos, sombras pardas levantan la cabeza y corren a cubierto, son hembras de ciervo, tres o cuatro, que se pierden el la espesura, sigo solo. Comienza la bajada, la carretera rota, pero no me impide adquirir una buena velocidad, se nota más el frío empapado como voy. Alcanzo la carretera que viene de Paterna del Madera; río que junto al Mercal, formara el Bogarra hasta desembocar en el Mundo. Antes del pueblo, como regalo, unas rampas del once por ciento que nos prepararan para el siguiente puerto en dirección a Ayna. 



Bogarra me trae recuerdos de un tiempo que ya no volverá, de cuando mi hijo no superaba los diez años y hoy alcanza la edad de Cristo, de una aventura que siguiendo la linea de las películas de Sergio Leone podíamos titular El Viejo, El Niño y El Inconsciente, porque aquello fue de película. Mi suegro, mi hijo y yo, habíamos pasado la tarde enredando por Riopar Viejo, siesta incluida, en su castillo-cementerio sobre las lapidas aun templadas por los últimos rayos del sol de la tarde. Era otoño y decidimos acercarnos hasta el río Bogarra, a un paraje aguas arriba del pueblo en la confluencia con un arroyo y en él que según mis informaciones había un camping. Llegamos al anochecer por una pista sin asfaltar que nos introdujo hasta una explanada que recordaba muy ligeramente lo que podía ser una de estas instalaciones. Nada había salvo un especie de chamizo acristalado, que con muy buena voluntad podíamos darle el titulo de merendero, por supuesto; cerrado. No nos importo demasiado, ya de noche cenamos algo y tras consultar el mapa decidimos acercarnos hasta la población para tomar una bebida caliente. Había un sendero que llegaba hasta el pueblo por la margen derecha del río, total eran solo unos tres kilómetros y así lo hicimos. Nosotros estábamos en la margen izquierda y poco más adelante debía estar el puente para cruzar al otro lado, pero solo encontramos un pulido tronco atravesado de una a otra orilla, húmedo por el relente, y ahí tenemos al Viejo, al Niño y al Inconsciente haciendo equilibrios para no terminar en el fondo del río. Una vez en el pueblo y tras tomar unos cafés, buscamos otra forma de regresar. Después de explicarle al camarero donde teníamos el vehículo y las dificultades para el regreso nos dijo:

-Donde están ustedes es del señor Alcalde, él les puede llevar.
-Ah!
-Y donde puedo encontrar al señor Alcalde a estas horas.
-No se preocupe él vendrá por aquí de un momento a otro, este bar también es suyo.

Algún tiempo después -ya habíamos tomado algo más que un café-, llego el señor Alcalde y al enterarse de nuestro apuro, inmediatamente se ofreció a llevarnos, y no solo eso; nos dijo que no nos preocupáramos por el desayuno del día siguiente, que él iría con su esposa a prepararlo. Así, de paso, "regularizó" la estancia en lo que él llamaba con orgullo "su camping". Y nosotros agradecidos.



Salir de Bogarra es duro, nos esperan varios kilómetros de fuertes rampas alrededor del nueve por ciento. Paciencia y desarrollo, que los kilómetros empiezan a pesar en las piernas. No quiero parar en el pueblo y ganar así algo de tiempo, como unas barritas y continuo mi camino. Bajar hacia Ayna es toda una gozada, la carretera perfecta, las curvas con el radio justo para tomarlas sin frenar, el viento en el rostro y una sonrisa de oreja a oreja. Con que facilidad olvido las penurias en cuanto el porcentaje se hace negativo, hasta que la Dirección de carreteras me la borra de la cara con un buen susto un enorme cartel decía:

ATENCION Ctra. CM-3203 cortada en P.K. 60 (Acceso permitido a Ayna). Desvío por CM-3213 (Hellín).

¡Díos mio, que hago yo ahora! ¡Dónde está el puñetero kilómetro 60! Decido descender hasta Ayna y preguntar en el pueblo. Según bajo, veo los motivos del cartel, a la salida del pueblo se ha derrumbado parte de la ladera de la montaña. Colgados de cuerdas los hombres se afanan trabajando en intentar solucionar el problema. Respiro aliviado, recuerdo un camino junto al río que me sacará del apuro, sale de la plaza del pueblo bajando hasta el Mundo para recorrer las pequeñas huertas aledañas al cauce hasta un punto de la carretera más allá del derrumbe. La última vez que estuve por aquí fue en pleno "Reventón" del Mundo en mes de diciembre de 2012 [2]. 



A la población de Aýna los árabes la llamaban "La de los Ojos Bellos", "La de las Fuentes Escondidas". Constreñido su caserío entre el monte y el río, se agarra como puede a la ladera, casi una única calle que termina junto con el pueblo en la plaza Mayor. Algunas bajan al río, tan empinadas, que uno corre el riesgo cierto de despeñarse hasta el Mundo, que durante años ejerció de frontera con el Islam defendida con mano de hiero por los caballeros santiaguistas. Hoy el sabor morisco de sus calles no conocen otras luchas que no sean sus encierros y un floreciente turismo.
Ya en la carretera un par de bichos, creo que son cabras, cruzan delante de mi y se me quedan mimirando con descaro. Me queda un último esfuerzo, salir de la garganta que ha labrado el río Mundo y llegar a Elche de la Sierra y para eso tengo que superar varios kilómetros al siete por ciento ¡como no! Lo demás será todo bajada. Siempre me ha intrigado el porqué de la construcción de ciertos pueblos como Royo-Odrea, porque hoy puede quizás vivir del turismo, ¿pero antes? desde ahí no se controla nada, no hay espacio para campos u huertas, colgado sobre el precipicio sin nada que hacer. En Elche localizo el hotel Moreno y ya no saldré de él hasta el día siguiente, cena, partido de la selección española de fútbol contra la francesa y desayuno incluidos.

Libro de Bitacora: 28/03/2017
Temperatura: 13 º
Nubosidad: Niebla y despejado
Viento: Sin viento
Distancia: 137 km
Desnivel+: 1685 mts.
Desnivel -: 1941 mts.

Track: (https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17063834)

algunas fotos… (https://flic.kr/s/aHskS4qENn)

Mariano Vicente, 28 de marzo de 2017

domingo, 2 de abril de 2017

Camino Santiaguista de Caravaca: De lo acontecido el primer día



Faltan diez minutos para que el tren inicie la marcha desde la estación del Carmen. Lo hace con puntualidad ferroviaria y eso está muy bien porque tengo que enlazar con otro en Alicante. Este segundo tren tiene una ventaja, lleva un departamento especial para las bicicletas lo que te da algo de tranquilidad al no tener que estar constantemente pendiente de ella. Es un pequeño departamento que conforma el pasillo del coche central, está provisto de tres ganchos para colgar las bicicletas por la rueda delantera, la trasera se encaja en unas chapas en forma de "u" que impide que se desplacen y están provistas con una cerradura y candado que funciona con monedas como las taquillas de los supermercados. Otra de las ventajas es que dispone de maquinas de bebidas, lastima que solo contengan refrescos, me hubiera gustado algo más fuerte porque he comprado en el "Bar de Pepe el de los Jamones" un completo. Los bocadillos de este local, como su nombre indica, son de jamón con un chorrito de aceite, solo que al completo se le añade también tocino y es que en está época del año en la Mancha hace mucho frío y de alguna forma hay que combatirlo. Lo comeré antes de Manzanares disponiendo así de más tiempo a la llegada para visitar el pueblo.



El monótono rodar del tren induce a la melancolía, los recuerdos se agolpan en mi mente, van y vienen sin orden ni concierto hasta confundir pasado y realidad. Sobresaltado abro los ojos mientras la planicie se desliza por las ventanillas. Fuera debe de hacer frío, un manto gris lo cubre todo uniformando el paisaje. Es lo malo de tener días libres en está época del año, desistí de hacer el recorrido a primeros de febrero por las bajas temperaturas, pero ahora a últimos de marzo la situación es más o menos la misma, solo que los días son algo más largos. Desde mi asiento contemplo lo que pudiera haber sido la típica pareja manchega y del resto de las zonas rurales españolas de los años 60. Él boina calada hasta las cejas, pelliza negra y pantalón de pana que en algún tiempo fue también negro pero ahora es de un color indefinido; ella envuelta en media docena de suéter que una toquilla cubre pudorosa, las medias, opacas y gruesas, recogidas bajo la rodilla, en los pies unos botines en los que el borreguillo asoma por el borde, las manos cruzadas sobre el regazo y la mirada indiferente, algo muy alejado de los sofisticados diseños del modisto Manuel Piña en su museo de Manzanares. Un poco más atrás un chico escucha música, con los auriculares a tal volumen, que desde mi asiento puedo escucharlos perfectamente, creo que será un firme candidato al audífono, otra chica se ha situado junto a mi bicicleta y lleva más de dos horas hablando sin parar, los auriculares puestos y el móvil frente al rostro. Habla de amores y desamores, con aquél chico y con no sé cuantos otros, la pobre debe estar en un sin vivir con tanto ajetreo. Pasado Socuellamos sigo con el plan y doy cuenta del bocadillo, eso si, solo con el agua del bidón, no me gustan los refrescos, que le voy a hacer.



Aun no he contado que pinto yo en un tren con dirección a Manzanares. Todo empezó con un artículo sobre las Ordenes Militares, al contemplar en el mapa su ámbito de influencia comprobé como la de Santiago se extendía desde Murcia hasta los confines de la provincia de Ciudad Real donde era sustituida por la de Calatrava, si a eso le unimos que tenía unos días libres y que en Caravaca es Año Jubilar obtenemos la "tormenta perfecta". Si añadimos la facilidad para llegar allí en tren desde Murcia y gratis, -soy ferroviario-, que más se puede pedir..., quizá unos días de buen tiempo..., concretando que me voy por las ramas, el objetivo en este viaje es peregrinar a Caravaca de la Cruz a través de los territorios de las Ordenes Militares de Calatrava y Santiago que en el siglo XII dominaban el territorio fronterizo conquistado a los moros en una franja que con clara orientación sureste que iba desde Toledo hasta el reino de Murcia.



Faltan unos minutos para la una y media cuando el tren se detiene en la estación de Manzanares. Bajo y sujeto el equipaje, pongo en marcha el gps y trato de orientarme hacia el centro del pueblo. Por la avenida de la estación puede ser una buena forma de hacerlo. Llego a la plaza de la Constitución y al Ayuntamiento de llamativa fachada bermeja, en frente, se encuentra la Iglesia de la Asunción, un enorme edificio de un solo cuerpo y fachada plateresca en el que pretendo sellar la credencial sin conseguirlo por estar cerrada, algo que logro en el Ayuntamiento. Continuo callejeando entre antiguas casas blasonadas, la mayoría de dos alturas con balcones de filigrana y grandes portones de gruesa madera, para finalizar el recorrido en la Plaza de San Blas, donde se encuentra el Castillo de Manzanares. Es una fortaleza del siglo XIII con una maciza torre del homenaje y una hospedería, el sitio ideal para tomar un café antes de lanzarme a recorrer la inclemente llanura. De personal amable me invitan a visitar el local y hacer cuantas fotos me vengan en gana, cosa que hago con gusto y hasta me sellan la credencial: Castillo de Pilas Bonas. El pueblo se fue edificando a su alrededor; situado en estrategia confluencia entre los caminos de Andalucía y Castilla por donde pasaban importantes calzadas romanas o grandes cañadas reales como la Soriana. Este castillo pertenecía a la Orden de Calatrava, que se fundo tras una curiosa historia. A la muerte Alfonso VII le sucede en el trono Sancho III; mientras, la frontera con el Islam vive una situación critica y los caballeros del Temple que defienden la fortaleza de Calatrava consideran la situación insostenible, por lo que la devuelven al rey. El abad Raimundo de Fitero ve la oportunidad y da un paso al frente, acepta la oferta del rey Sancho III para hacerse cargo de Calatrava. Junto a Frey Diego Velázquez, viejo soldado, y otros monjes y mercenarios se instalan en Calatrava terminando por organizarse como Orden Religiosa del Cister. Muere el abad convertido en santo e insigne estratega en 1163 por lo que el rey concede a la Orden amplios territorios. Un año después la Orden queda convertida en milicia bajo Bula del Papa Alejandro III. 



Nosotros, para dirigirnos a nuestro destino, vamos a utilizar uno de los caminos más antiguos de la península, el que usaban los caballeros para unir los bastiones principales de las órdenes militares de Calatrava y Santiago. Desde Mazanares, en la planicie manchega, nos encaminamos en dirección sureste por los Campos de Montiel a Villanueva de los Infantes para continuar hacia la noble villa de Alcaraz. Entraremos en la sierra a la que da nombre para atravesarla por Bogarra y Ayna hasta Elche de la Sierra. Nos introduciremos por el noroeste murciano hasta alcanzar nuestro objetivo, que no es otro que la villa de Caravaca de la Cruz, inmersa en pleno Año Jubilar, ganando de paso algunas indulgencias que buena falta nos hacen, pues desde el 9 de enero de 1998, la Santa Sede concedió a Caravaca la celebración cada siete años y a perpetuidad de un Año Jubilar. 



San Carlos del Valle es una iglesia; la del Cristo y su imagen milagrera. Descomunal en la llanura, las cuatro cúpulas de sus torres refulgen doradas al sol a pesar de su negra pizarra. Nunca he entendido muy bien, ni siquiera por las afluencias devotas, como surgen en estos pequeños pueblos manchegos sus impresionantes iglesias. La portada está formada por un arco en cuyo interior hay una imagen de Santiago Matamoros, que por algo era el Patrón de la Orden. En la fachada oeste otro arco presidido por una imagen de Cristo crucificado acompañado de dos ladrones. La Plaza Mayor no es más que el atrio de la Iglesia; desmesurada, bella y extraña a un tiempo, decenas de columnas toscanas sostienen dos pisos de galerías corridas de madera que forman un rectángulo casi perfecto en el que la luz se refleja en sus cientos de cristales induciendo en mi la misma sensación de irrealidad que cuando la vi por primera vez. Sello la credencial en el contiguo ayuntamiento y continuo pedaleando en dirección a Villanueva por tendidos campos de cereal donde las encinas ponen el contrapunto a la uniformidad del terreno. Campos que traen recuerdos de otras rutas, de otros momentos. Más de diez años hace ya, fue en el año del centenario de la publicación del Quijote, realicé este tramo en sentido inverso hasta acabar en la Solana. Viaje alforjero por caminos de tierra, de frío y viento, mucho viento, que por algo la Mancha es famosa por sus molinos. [1]



Desde San Carlos estamos ya en tierras de la Orden de Santiago, existen sospechas de que su existencia es anterior al año de su confirmación en 1175 por la Bula del Papa Alejandro III. Algunos la suponen luchando junto a Ramiro I en la batalla de Clavijo, donde gracias a la ayuda del Apóstol los cristianos derrotan a los moros, e incluso que en el año 1030 tenía Maestre y Comendador en el reinado de Fernando I de Castilla. Pero lo más probable es que surja en 1170 bajo el reinado de Fernando II de León. Entre sus funciones estaba el defender las fronteras de la cristiandad, proteger a los peregrinos y procurarles hospitalidad, esto les hizo adherirse a la regla de San Agustín. Sus principales centros estaban situados en las provincias de Albacete, Cuenca y Cáceres. Villanueva aparece casi por sorpresa. Al principio solo es una iglesia maciza y oscura recortándose en el horizonte, después, poco a poco, el caserío se dibuja a su alrededor. Ciudad santiaguista, enclave barroco y renacentista, en sus calles se respira historia y cultura. Casonas, palacios, escudos nobiliarios. Su Plaza Mayor, de amplias balaustradas de madera y arcos de medio punto, la iglesia de San Andrés, el Ayuntamiento. Calles de sabor añejo, de caserones como la Casa-Cuartel de los Caballeros De Santiago, o la de Don Diego de Miranda, la del Caballero del Verde Gabán en la que Cervantes da cobijo a Don Quijote. Calles con sabor a cultura, por las que anduvo Quevedo enseñando poética, viniendo a morir en el convento de Santo Domingo. Sellar la credencial en la iglesia de San Andrés me cuesta una misa que doy por bien empleada en mi preparación para ganar el jubileo. El párroco, hombre cordial y nuevo en la iglesia, pues solo lleva en ella seis meses y no es el titular, no tiene muy claro dónde está el sello aunque cree que está en el camerino de la Virgen y tiene miedo de “romper” la puerta de entrada atascada entre gruesos muros de piedra, algo que conseguimos con la ayudad de un feligrés. Tras el sellado hablamos largo rato del Mundo, la sociedad, las costumbres y las tradiciones, pero se hacía tarde y debía cenar y regresar a mi alojamiento. A la tarde, cuando llegué, busqué donde pernoctar y reponer las fuerzas perdidas. Para lo primero encuentro un local que parece reunir las condiciones que pido, y no me equivoco es el hostal La Gavilla, uno de sus propietarios es también ciclista. Para el segundo deambulo un poco por las calles, pregunto a algún paisano y sin mucho convencimiento acabo otra vez en el hostal y nada de platos típicos manchegos; macarrones y chuletas de cerdo. 



Me recriminaba una amiga, profesora de literatura en Lorca, que a mis crónicas les faltaba "calor humano", "intimar con otros viajeros o peregrinos" ¡como si eso fuera tan fácil! Uno se monta en la bicicleta y se aísla en su pequeño mundo, circula por carreteras o caminos apartados, muchas veces por entornos deshabitados y cuando llegas a un pueblo, es difícil comunicarse con los demás que están a otras cosas. Normalmente tampoco tienes demasiado tiempo, preguntas para obtener alguna información, te detienes en algún bar, pronuncias palabras amables en respuesta al fingido interés del camarero por el viaje que estas realizando y poco más, en especial en los pequeños pueblos en los que no ves a casi nadie, menos si es pleno invierno o entre semana, ¡no se planta el personal en mitad de la calle a charlar contigo así como así! Al finalizar la jornada, llegas cansado, buscas un local para dormir, si es un hotel o similar, ahí se acaba toda comunicación con los demás. En un albergue, cuando hay otros viajeros o peregrinos en tus mismas circunstancias, tienes algo más de margen, pero tampoco es seguro que lo consigas. A la hora de cenar puedes tener alguna oportunidad, pero lo más probable es que cenes solo. En las mesas de alrededor, personas como tu, solas también, pero con las que no tienes ningún nexo en común salvo la soledad y con las que es muy improbable que establezcas una conversación que os interese a ambos. 

[1] Ruta de Don Quijote (http://www.bicimur.murcia-region.com/espanaenbicicleta/donquijote/index.htm)
algunas fotos... (https://flic.kr/s/aHskS4qENn)
Libro de bitacora: 27-03-2017
Temperatura: 13 º
Nubosidad: Cubierto, amenaza tormenta
Viento: Fuerte del suroeste
Distancia: 55,48 km
Desnivel+: 337 mts.
Desnivel -: 122 mts.

track: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17048006

Mariano Vicente de Haro, 27 de marzo de 2017
 

martes, 21 de marzo de 2017

Camino Santiaguista de Caravaca - Presentación


La Encomienda Santiaguista defendía la frontera cristiana de las huestes musulmanas entre los límites de la Orden de Calatrava y el Reino de Murcia, lo que me permite una magnifica escusa para ganar el jubileo recorriendo esta frontera. Comenzaré en Manzanares, límite sureste de la Orden de Calatrava, para a los pocos kilómetros en dirección a Villanueva entrar en San Carlos primero de los pueblos de nuestro camino bajo la protección de la Encomienda Santiaguista. El recorrido continua por Villanueva, Alcaraz, Ayna, Elche de la Sierra, Socovos, la fronteriza Tazona, Moratalla y por fin   Caravaca donde obtendremos nuestro merecido jubileo. Serán alrededor de 300 kilómetros de carretera que pretendo realizar en tres jornadas comenzando el 27 de marzo. Para llegar al inicio de la ruta tomaré un tren hasta Alicante y desde aquí otro hasta Manzanares llegando a la población a medio día y comenzando de inmediato a pedalear hasta Villanueva de los Infantes. Todo preparado a la espera del que el tiempo no lo impida.

martes, 7 de marzo de 2017

Una Orbea Moncayo


Mi mujer y mi hija llegaron a casa con una cara que irradiaba felicidad: - Te hemos traído una cosa. Y en sus ojos se dibujaba una sonrisa pícara. Sorprendido; no imaginaba que podía ser, lo único que sabía era que habían ido a un rastrillo de anticuarios en Ifepa. Y allí estaba, una vieja, oxidada y llena de telarañas Orbea Moncayo en un estado lamentable. El estupor dibujado en mi rostro; no me lo puedo creer ¿Pero esto que es? Repuesto de la sorpresa, lo primero que me vino a la cabeza fue: ¿con esto que hago? Estáis locas; les digo, ¿sabéis lo que estáis haciendo? Total por treinta euros que nos ha costado... me contestan, lo que no saben es que costará muchísimo más ponerla en orden de marcha.


Varios meses estuvo en el trastero sin tocar hasta que un día la saque fuera. La miraba y la volvía a mirar y no sabía lo que hacer con ella, sucia y oxidada como estaba. Comencé limpiando manillar, potencia y manetas. Descubrí que el estropajo de acero lo dejaba impecable sin llegar a rallarlo. Lo emplee para casi todo, desde la tija a la bielas pasando por llantas y bujes. Parecía que la cosa marchaba bien, las piezas no estaban quedando mal, pero requerían de mucho trabajo y paciencia, pero para las dos cosas me quedaba todo el verano por delante, no habría problema. Otra cuestión eran las pegatinas, las encontré por Internet, para la palabra Orbea no había problema, eran iguales a las que traía, pero para Moncayo no. Como no encontré otras me quede con estas, ya vería lo que haría una vez el cuadro pintado.


Al cuadro, una vez desmontada la dirección y el pedalier, le dí una buena pasada de lija gruesa para ver hasta que profundidad llegaba el oxido, y para mi sorpresa no era muy profundo, pero no se podía dejar así, no había más opción que pintarlo. En marzo mi hijo, obsequioso él, se había ofrecido a pintarlo como regalo de cumpleaños, cosa que al final hizo junto con los amigos. La verdad es que ha quedado muy bien, no esperaba yo un resultado tan bueno, lo han dejado como verdaderos profesionales. Durante el tiempo que duró el granallado y pintura, busque las pegatinas, que aunque caras, me llegaron enseguida. Estoy manteniendo las piezas originales, no quiero tener que sustituir ninguna salvo las que sean absolutamente necesarias por el desgaste. Pasado el verano y después de mi viaje a Granada [1], comencé con el montaje en el local de mi amigo Tomás Moya, dueño de la tienda Con2pedales y con su profesional asesoramiento. Pusimos cubiertas, cámaras, fundas y cables, las zapatas de freno y la cinta del manillar, todo lo demás son los componentes originales, algunos como el cambio, de la marca francesa Triplex, también se ha sustituido la cadena que estaba demasiado oxidada.


De las ruedas solo he tenido que sustituir algunos radios rotos y no han quedado demasiado mal una vez centradas. En una de ellas, la llanta presentaba una pequeña deformación producida probablemente por el típico "llantazo" y que he intentado enderezar para que afecte lo menos posible a la frenada. Los bujes, con un poco de grasa se han mostrado muy agradecidos y ruedan con suavidad, bueno quizá el trasero se agarra un poco. Una vez puestas las pegatinas la bicicleta ha quedado de "exposición", por eso la hemos dejado en la tienda.


Un poco de historia

La marca Orbea tiene una historia de 175 años, bien es verdad que no siempre se dedico a la fabricación de bicicletas, su sede esta en la ciudad vizcaína de Mallavia en el País Vasco.
En el año 1859 en la ciudad de Éibar, los hermanos Juan Manuel, Casimiro, Mateo y Petra Orbea Murua ya fabricaban bicicletas, pero pronto derivaron hacia la producción de armas y munición. Tras una serie de vicisitudes la empresa de divide, una parte sigue con la producción de cartuchos y se traslada a Vitoria, la otra continua en Éibar y se especializa en la construcción de bicicletas a partir de 1926. En 1950 bajo patente francesa comienza la fabricación de Velosolex, una bicicleta con el motor situado sobre la rueda delantera. En 1975 traslada sus instalaciones a la ciudad vizcaína de Mallavia convertida ya en cooperativa del Grupo Mondragón. En el 98 se expande a nivel internacional llegando a los principales países europeos y Norteamérica, llegando a abrir plantas de producción en Kunshan (China) y Aveiro (Portugal), conservando en la actualidad la de Aveiro y Mallavia. Orbea es una marca que se ha caracterizado a lo largo de su historia por su implicación deportiva, desde sus comienzos con los hermanos Montero a Federico Ezquerra y Mariano Cañardo hasta la actualidad. Lo podemos comprobar en una serie de vídeos producidos por la misma marca que reflejan toda su trayectoria:

- Orbea 175 aniversario. La película. (https://m.youtube.com/watch?v=fM6KRjEte5o)


Mariano Vicente, marzo 2017.


[1] El veleta y yo (https://achobike.blogspot.com.es/2016/08/el-veleta-y-yo-1_63.html)

lunes, 27 de febrero de 2017

Mi Pinarello



El cuadro de mi Pinarello proviene de un intercambio entre mi amigo Antonio Máximo y yo. Él me daba unas preciosas ruedas Mavic Sup y yo un transportín con bolsa trasera incluida de Topeak, pero por una extraña carambola del destino en el lote termino entrando unas vetustas manetas Shimano SC 6500; hoy colocadas en mi "trotona", y este magnifico cuadro. Es un Pinarello Montello, con tuberías Columbus SL y pintado de un gris celeste difuminado y una pegatina que dice: Campione Olimpico, Campione d´Italia 1984. Pinarello es una marca irremisiblemente unida para los aficionados españoles a la figura de Miguel Indurain, quien sobre una Pinarello; La Espada, batió el récord de la hora y con la misma marca ganó cuatro de sus cinco Tours, pero ya en 1988 otro español Perico Delgado había ganado el Tour de Francia con ella. Ser el último, obtener la "la maglia nera" del Giro de 1951 fue lo que permitió a Giovanni Pinarello montar su empresa un año después, pues a pesar de lo que parezca esta "maglia" era muy apreciada y disputada en la época, esto permitía a su portador disfrutar de una merecida fama y sobre todo dar una vuelta triunfal en el velódromo de Vigorelli de Milán junto al ganador del Giro, Fiorenzo Magni y al rey de la montaña Louison Bobet.



El idilio de los aficionados españoles con el constructor de Treviso pudo haber comenzado mucho antes, con el Reynolds de 1979. Cuando José Miguel Echávarri montando el equipo visita a Tulio Campagnolo en Vicenza le pide también que le recomiende un fabricante de bicicletas y este le sugiere a Pinarello. Compra y paga Echávarri las bicicletas llegando a un acuerdo de patrocinio futuro, sin embargo hasta 1982 Reynolds no pudo usar Pinarello, entre otras cosas porque se le había adelantado Manuel Rodríguez, el padre de Purito Rodríguez,  que con el equipo CR corrió la vuelta del 81 y uno de sus corredores, Alvaro Pino, ganó la etapa de Torrejon y el Italiano  Giovanni Battaglin, también sobre una Pinarello, gano la Vuelta. Desde 1982 hasta el 2013, con alguna excepción, los equipos de Echávarri y Eusebio Unzue corrieron con Pinarello. Tras ellos, otros cogieron el testigo, así Riis sustituyo a Indurain como ganador del Tour en el 96 y Ullrich lo hizo en el 97. En el 2000 copo el podio de Sídney con Ullrich, Vinokourov y Kloden. Cuando David Brailsford monta el Sky lo hace también con Pinarello y gana el Tour con Wiggins y Froome y, sobre la misma marca, Rui Costa gana el Mundial de Florencia en el 2013. Y todo empezó con una "maglia nera" que aún luce orgullosa en un lugar relevante de la tienda de Treviso.



Ahora había que vestirlo y no sabía como. Recurrí para ello a los amigos; José Andrés, me proporciono bielas y platos, son unas bonitas Ofmega Jean fabricadas en Italia por la familia Perotti con platos de 52 y 42 dientes, perforados para aliviar en lo posible el peso. Las ruedas, en un principio las Mavic, transmisión Triplex para el cambio y Campagnolo para los mandos y el desviador. Para la potencia recurrí a una vieja Turiste y el manillar de origen desconocido, no recuerdo es quien me proporciono al igual que la tija. Para los frenos opte de manera provisional -que como siempre pasa con estas cosas puede llegar a ser definitivo-, por comprar unas Weinmann, manetas y puentes, nuevas a estrenar por 20 euros, el sillín un viejo “Turbo” en buen uso. Ya lo tenía todo, solo era cuestión de empezar a montar. Primero aproveché un pedalier que tenia por casa, pero tras montarlo compruebo que roza el plato en la vaina, por lo que tuve que comprar otro de mayor longitud. Ahora sí, funcionan perfectamente. El siguiente paso fue el montaje de los frenos que no causaron ningún problema, tampoco el manillar y la potencia ni las manetas. Ajustar desviador y cambio tampoco supuso un problema grave.



Para las ruedas en un principio usé las Mavic, pero descubrí unas llantas también Mavic Sup de 36 agujeros color gris azulado y aún embaladas en el trastero de la tienda. Me propuse usarlas, para ello necesitaba unos bujes, me puse a buscar por los cajones de material reciclado de la tienda, encontré unos Shimano 600 estupendos, pero eran para 32 radios. A su lado habían unos Gurpil aun en sus cajas, estos sí de 36 y además me los dejaban a muy buen precio; decidido, serán estos, además son de un color plata precioso. Una vez montadas casi lo más difícil fue encontrar un piñón que no se fuera más allá de las 7 coronas, para mantener un poco el estilo de la bicicleta. Para las cubiertas unas Michelin Dynamic Classic.

 Foto: Pinarello

unas fotos...

Mariano Vicente, febrero 2017                                                           .