sábado, 12 de enero de 2019

Parque Regional de Calblanque, Monte de la Cenizas y Peña del Águila



Paraje situado en el extremo más suroriental de al Región de Murcia, al sur de la laguna salada del Mar Menor, se caracteriza por ser una de las franjas del litoral mediterráneo peninsular mejor conservadas. Abarca el sector oriental de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión que se extiende en dirección este-oeste a lo largo de 26 kilómetros de costa. Sus extremos se encuentran en Cala Reona y el cerro del Atalayón por el este, y la playa y población de Portmán al oeste. Goza de una importante diversidad biológica y numerosos endemismos botánicos, está protegido por la Comunidad Autónoma desde 1992 como Parque Natural. El posible puerto del Gorguel, la industriosa ciudad de Cartagena, la colmatada bahía de Pormánt y los numerosos intereses especulativos de los propietarios y municipios colindantes han hecho que su propuesta como Reserva de la biosfera no haya prosperado. Cuenta con 17 tipos de hábitats prioritarios entre lagunas litorales y zonas subestépicas de gramíneas. La comunidad vegetal más características es el palmitar, acompañado de artal y cornical y algún enclave de carrascal. En cuanto a la fauna su especie prioritaria es el Fartet, seguido por el Sapo corredor en zona de matorral y el Eslizón ibérico en playas y arenales.



Portmán

la Bahía de Portmán posee el dudoso título de ser la más tóxica del Mediterráneo. Entre 1957 y 1990, los estériles de una mina sepultaron la rada murciana con metales pesados. Lo que fue una majestuosa bahía usada desde tiempos romanos; Portus Magnus (Puerto Grande), se ha convertido en el mayor vertedero de residuos mineros de España y puede que sea unos de los mayores desastres ambientales del Mediterráneo.
La francesa Peñarroya solicito permiso para instalar uno de los lavaderos de flotación más grandes del mundo. La mala calidad de las vetas hizo que la empresa moviera ingentes cantidades de tierra, de la que solo una pequeña parte era valiosa. Para separar los minerales principales se mezcló con productos químicos, que luego eran vertidos en la bahía junto a la tierra inservible y los restos de plomo, cadmio y zinc. Más de 40.000 toneladas eran arrojadas al mar cada día. Las demandas del Ayuntamiento de la Unión para el cese de la actividad fueron desestimadas por el Supremo argumentando el interés nacional. La mina daba trabajo a más 400 obreros y de ella salían el 70% del plomo y el 20% de la plata que se producía en la Península.



Batería de las Cenizas

Sobre un acantilado a 305 metros de altura sobre el mar, se encuentra la antigua batería de las Cenizas, que junto a su gemela de Castillitos (Cabo Tiñoso), tenían como objetivo la defensa de la base naval de Cartagena. Construida como parte del plan de defensa de 1926 se erigió en 1931 sobre edificaciones anteriores del siglo XVII. Están servidas por unos impresionantes cañones Vickers ingleses, idénticos a los de Cabo Tiñoso. Tienen un calibre de 38,1 cm, un ánima de 18 metros y un peso de 88 toneladas. Eran capaces de lanzar un proyectil de casi una tonelada a más 35 kilómetros de distancia y lo hacían con una velocidad de 762 m/s. y una cadencia de un disparo por minuto. Dejaron de prestar servicio en 1994.
Las construcciones adyacentes a la batería se articulan en base a los cañones. Consisten en diversas estancias subterráneas; sala de máquinas, chillera de proyectiles, depósitos de pólvora, cámara de carga y almacén de repuestos, y otras semiocultas como los puestos de mando telemétricos y de observación.



Crónica

Esta es nuestra primera salida “social” de 2019, y a pesar de que hoy nos desayunábamos con la noticia de que en la Región “esta haciendo un frio que pela” (La Verdad 12-01-2019) hace una temperatura estupenda y ni una sola nube en el firmamento. Estamos en Los Belones, cerca de Calblanque. Será una toma de contacto con gran parte del territorio del Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila. A Los Belones se llega por la autovía de Cartagena a La Manga, dice la Wikipedia “es una población perteneciente a la diputación del Rincón de San Gines del municipio de Cartagena que ha basado tradicionalmente su economía en la agricultura”. A día de hoy esto ha cambiado un poco. La agricultura sigue siendo importante, pero la actividad económica del pueblo se esta enfocando más hacia los servicios, a la atención de turistas británicos y alemanes que pueblan las urbanizaciones de los alrededores y en especial las actividades relacionadas con los campos de golf. También el turismo activo tiene cada vez más peso debido a la proximidad del Parque Natural de Calblanque, Cabo de Palos y el Mar Menor.



Dejamos los vehículos junto a Casa Rufino, restaurante al que regresaremos a comer. Hemos acudido a la llamada del Parque Regional de Calblanque, Monte de la Cenizas y Peña del Águila en este fresco pero soleado día de mediados de enero de un 2019; Matías, Angel, Vicente, Juan Bautista, Antonio Máximo, Antonio Cervantes, Secundino, Tomás, Jesulen, David y un servidor. Nos dirigimos al centro de la población para hacernos una foto junto a la iglesia, que esta bajo la advocación de San Isidro Labrador y tiene una curiosa historia; comenzó como modesta ermita, quizá antes del siglo XIX, en una finca de los hermanos Bel-Lon para el servicio religioso de los trabajadores, con el tiempo hubo la necesidad de ampliarla para satisfacer las demandas del creciente núcleo de población.
 


Buscamos ahora nuestro camino hacia el este, hacia Cabo de Palos, esa punta de lanza que separa el Mar Menor del Mediterráneo. Plinio el Viejo ya deja constancia de un templo dedicado a Saturno sobre el promontorio del faro y en tiempos de Carlos I, el Concejo de Cartagena, construye una torre vigía para protegerse de los piratas berberiscos. Pero fue en 1862 cuando se construye el actual faro. Su linterna alcanza una altura de 80 metros sobre el nivel del mar y fue testigo de numerosos naufragios, uno de los más importantes fue el del Sirio el 4 de agosto de 1906 en su viaje hacia América del sur, murieron gran numero de los emigrantes que llevaba a bordo. Recuerdo con cierta nostalgia mis tiempos de aficionado a la náutica en los que quedaron fijados en mi mente algunos momentos cruciales relacionados con el cabo. Voltearlo era todo un hito, en especial si soplaba levante o poniente con cierta intensidad, pasabas de la tranquilidad al zafarrancho o viceversa. Recuerdo un año de fuerte levante, en el transcurso de la regata Cartagena-Ibiza, que al voltear Palos nuestro pequeño velero se transformo, casi por ensalmo, en un mini-submarino.



Solo la mitad del grupo ha tomado esta opción, la otra mitad irá a nuestro encuentro en Punta Espada, ya que de los 3 kilómetros que tiene el sendero desde Cala Reona hasta la citada punta, en gran parte no son ciclables, pero lo de Secundino no sé como calificarlo, si de epopeya u odisea. No solo se vino en bicicleta desde Totana -45 kilómetros. Salida a las 5.30 de la mañana par estar a las 8,00 en Murcia y en esta época del año- sino que lo hizo con una eléctrica prestada por Terra Sports de Totana para probar. Era la primera vez que se montaba en una y ni siquiera sabía como funcionaba. Tomó nota en la tienda de “lo más importante” pero se olvido de preguntar por otras que iba a echar de menos en una ruta como esta y más haciendo esta parte del recorrido con nosotros.



No entramos en Cabo de Palos y a la altura de Cala Reona nos introducimos por un camino, marcado como GR-92, que nos lleva hacia la parte alta de los acantilados. Camino pedregoso entre acantilados por un lado y profundos respiraderos mineros por él otro, a los que tendremos la precaución de no acercarnos demasiado. Comenzamos empujando las bicis por una fuerte rampa muy deteriorada por la escorrentías.
-Secundino ayudate con el botón de “paso de hombre”.
-¡Coño, y eso que es!
-Un botón que pone en marcha el motor a baja velocidad sin necesidad de darle a los pedales y te ayuda cuando vas desmontado.
-¡Qué! Ni idea…, de eso no me dijeron nada en la tienda.



Y aquí tenemos a Secundino, empujando más de 20 kilos de aluminio y cobre rampa arriba. El camino se deteriora por momentos hasta convertirse en un sendero que nos obliga, por precaución en unas ocasiones, y en otras porque no tenemos técnica suficiente para superar las dificultades, a poner pie a tierra. El camino; roto, escalonado y estrecho. El mar demasiado abajo. La caída vertical. Pero las vistas son magnificas; el Mediterráneo a nuestros pies mostrando toda una gama de colores que van del verde esmeralda junto a la costa, al azul profundo del horizonte. A nuestra espalda la laguna del Mar menor e incrustado entre ambos, el airoso faro de Cabo de Palos.



Al doblar Punta Espada la costa nos depara un agradable sorpresa: las Salinas del Rasall. A esta hora de la mañana brillando como espejos. Humildes, recatadas, como un oasis en medio del secarral. Fueron pequeñas lagunas salobres alimentadas por la rambla de Cobaticas hasta que a comienzos del siglo XX fueron transformadas en explotaciones salineras. Se desvió la rambla y se construyó una mota de tierra para evitar la entrada de aguas dulces. Un pozo excavado en una de las dunas fósiles suministraba agua salada para la explotación. Abandonada la extracción de sal, las balsas amenazaban ruina. En el 2014 se instaló una molineta a orillas del mar para proporcionar agua a las balsas, que nunca llegó a funcionar correctamente porque la arena obstruía su tornillo de Arquímedes. La Comunidad Autónoma, preocupada por conservar la función biológica de las balsas salineras, ha arrendado el terreno a sus propietarios. Pretende reactivar la explotación salinera cediendo las instalaciones a alguna empresa interesada en la extracción de sal y preservarlas para que ofrezcan un refugio seguro al fartet (en peligro de extinción) y a otras 34 especies más de aves acuáticas que crían y se alimentan en las salinas.



La costa continua hacia el oeste en una interminable sucesión de puntas y calas perfectamente dibujadas por el sol de la mañana. Deambulamos un poco por la zona, Matías dice que para él, playa Larga es la mejor playa de la Región, a mí me parece muy hermosa, pero la de Percheles no desmerece a su lado. Subimos ahora por la rambla de Cobatillas, parece mentira que hace solo unos meses, tras las últimas lluvias torrenciales, bajara por aquí el agua desbocada. Giramos hacia el oeste, rodeando el Cabezo de la Fuente que da nombre a un nacimiento de agua que los hermanos Bellón, Manuel y José en 1808, solicitaron encauzar para dar servicio a un abrevadero. Años después se coloco en el lugar una hornacina dedicada a San Isidro Labrador patrón de Los Belones. Creo que es en el mes de mayo cuando se celebra una romería dedicada al santo. Jesulen, en arrebato sacrílego, se sube a la hornacina cuan Cristo crucificado.


 
Durante años, solo dos diminutas poblaciones testimoniaban la actividad humana; Cobaticas y la Jordana, subsistían como podían de la agricultura de secano en esta dura tierra. Ahora, como por ensalmo han proliferado los campos de golf y las urbanizaciones asociadas, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces se queda corto ante la multiplicación del agua para riego, un verdadero milagro digno de estudio. Una vez superada la Manga Golf entramos en un tramo precioso, aromatizado por el tomillo y sombreado de pinos, con algún tramo complicado pero corto, que nos dejara al pie de la pista que sube a las Cenizas.



Una pista de tierra da acceso a las baterías de costa, tras poco más de 2 kilómetros, una monumental puerta nos recibe. Es una especie de pórtico sostenido por unas monumentales columnas que semejan enormes serpientes emplumadas con la cabeza en la base, el cuerpo por fuste, siendo la cola el capitel. Son de hormigón y están inspiradas en el estilo maya-tolteca, en el templo de los Guerreros Blancos de las ruinas de Chichén Itza. El conjunto de las baterías esta protegido como ejemplo de arquitectura militar y declarado BIC por la ley 16/1985 de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. A mediados de 1.981 realizó sus últimos disparos y en el 90 pasó a la situación de taponada, dejando de estar en servicio en 1,994. Nos hacemos unas fotos y contemplamos el soberbio paisaje que se presenta ante nosotros. Hacia el este contemplamos una larga serie de calas; Aguas Amargas, de las Mulas, del Reventón, Negra, Espada, separadas por sus correspondientes puntas, Loma Larga, del Hacho, Negrete, y una serie de playas virginales como Parreño, Negrete, Larga, Punta Seca, Las Cañas… y el Cerro del Atalayón vigilando Cabo de palos sobre el horizonte. Por el oeste; Portmán y la sierra de la Fausilla con su prominente Cabo del Agua.



Descendemos de nuevo hasta la carretera con la intención de desviarnos por la llamada “calzada romana”, antiguo ramal de la Vía Ausgusta que unía Tarraco y Cartago Nova, que en nuestra zona venía desde Elche atravesando el Campo Espartario. Se uso hasta tiempos modernos cuando fue sustituida por la nueva carretera. Por esta calzada íbamos a alcanzar la colmatada bahía de Portmán, el Portus Magnus romano, que más tarde paso a llamarse Burtuman Al-Kabir (Burtumán el Grande) con los árabes y en el siglo XIV Porte Mayn. La primera referencia a su nombre actual aparece en el libro de Cabildos del Ayuntamiento de Cartagena en 1590. Vivió de la minería desde los tiempos romanos hasta el último tercio del siglo XX y ahora espera poder hacerlo con un turismo sostenible. La que fue una hermosa bahía esta en proceso de rehabilitación, al menos parcialmente, las obras comenzaron en 2016 y esta previsto que finalicen en el 2020. Desde la subida a la batería de las Cenizas hemos tenido una perspectiva magnifica de la bahía y su proceso de rehabilitación, pero será la única. Al llegar a la carretera se produce el motín. Es medio día y tira mucho “Estrella de Levante”. No se puede luchar contra los elementos.



Más subidas no. Si nos dejamos caer desde aquí, llegamos a Los Belones sin dar pedales, además mira que hora es. Miro y solo veo las 13,30 h., pero la mayoría manda. Nos perdemos así el resto del recorrido que consistía en descender hasta Portmán y su faro, rodear la población y regresar a Los Belones atravesando la Sierra Minera, testigo de la actividad industrial que durante siglos se ejerció en sus entrañas. Pocos parajes presenta un contraste tan llamativo como estos montes, donde el ocre se mezcla con amarillos, malvas y azules de los detritos mineros, junto al rojo de la tierra y al negro de los castilletes oxidados. Pozos, lavaderos, hornos, castilletes, chimeneas, desmontes a cielo abierto o ruinas de fabricas, encontramos diseminados a lo largo del recorrido, hasta se siente la etérea presencia de esos 40.000 esclavos que según el historiador Polibio trabajaron en algún momento en estos lugares. Pero lo compensaremos con una rica y abundante comida, bien regada, que renovará nuestra solida amistad y animará conversaciones de proyectos futuros, quizá él próximo sea Castillitos a mediados de febrero. Ya os contaré. 


  
Mariano Vicente, 12 de enero de 2019

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sábado, 15 de diciembre de 2018

Árboles Singulares de Mula



El 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente, es una fecha que conmemora la primera Conferencia de la ONU especializada en el Medio Ambiente que tuvo lugar en 1972 en Estocolmo. Año tras año conmemoramos esta fecha a nivel mundial para concienciar a ciudadanos y gobiernos de los problemas que sufre el planeta a nivel de Medio Ambiente. Este año las actividades giran alrededor del uso indiscriminado de plásticos bajo el lema: Sí no puedes reusarlo, rehúsalo. El plástico se esta convirtiendo en uno de los residuos más abundantes y difíciles de erradicar por la Naturaleza, debido a su alta longevidad y poca degradación.


Para conmemorarlo, el Ayuntamiento de Mula organizó una excursión para visitar sus árboles más venerables. Ancianos centenarios repartidos a lo largo de su término municipal, ubicados en parajes, a veces, difíciles de encontrar. Y como siempre que tengo interés por algo, me toca trabajar. Sin desanimarme, días después, contacte con el Ayuntamiento de Mula explicándoles mi interés en realizar la excursión por mi cuenta y amablemente me facilitaron las coordenadas de los cuatro árboles más representativos. Pero no vamos a usar el automóvil para visitarlos, lo haremos como siempre en bicicleta, nos hemos preparado una ruta que recorrerá uno tras otro estos venerables ancianos que han venido cobijando bajo su sombra a vecinos y viajeros durante siglos.


Nos hemos reunido en la pedanía de Yechar, a la puerta del bar-restaurante Cervantes, -hay que asegurarse la posterior hidratación-, cinco amigos; Matías, Juan Bautista, Antonio, Secundino y yo mismo -Paco vendrá a última hora a comer-, para recorrer gran parte de los Llanos del Cagitán donde se encuentran dos de los árboles más singulares de municipio de Mula, el Pino de las Águilas y los Olmos del Cagitán. Comenzamos a pedalear en dirección norte por la vieja Cañada Real de Calasparra, que asciende pina hasta el collado que constriñen el Lomo del Herrero (636 m) y el Cejo Cortado (699 m). Desciende después hacia el antiguo abrevadero del Capitán en Fuente Caputa, zona de descanso de los ganados trashumantes. Es un paraje natural que merece la pena visitar. Esta conformado por una serie de pozas de aguas color esmeralda, rodeadas de carrizos y adelfas, donde se ocultan las chovas piquirrojas y los sisones, rodeadas de altas paredes rojizas donde anidan las rapaces. Nosotros continuaremos hasta encontrarnos con la carretera proveniente de Cieza (C-330) y poco después de pasar su kilómetro 16 adentrarnos por nuestra izquierda en los campos del Cagitán.


Pedaleamos ahora por una planicie abierta a todos los vientos plantada de almendros y vides, una preciosidad en la época de floración del almendro que tiñe el paisaje del precioso blanco de sus flores. Antiguamente estos campos estarían cubiertos de chaparral que la acción del hombre con los incendios y el pastoreo degradarían hasta formar la garriga caracterizada por abundar el matorral y los arbustos de bajo porte con manchas más o menos extensas de bosque mediterráneo formados por alcornocales, encinas, carrascas, lentisco, incluso roble y pino carrasco. Hoy solo quedan algunos restos y la gran mayoría del territorio son cultivos de secano. En este entorno habita nuestro próximo protagonista, el Pino de las Águilas. Su denominación parece deberse al gran número de rapaces que anidaban en él. Refugio asimismo de un gran numero de aves de otras especies propicias para la caza. Según los lugareños estaba prohibido disparar hacia él, por lo que primero se disparaba al aire y cuando estas huían asustadas se las derribaba. Aparece rodeado de vides, cultivo que no parece afectarle negativamente.


Es el pino carrasco más viejo y con el tronco de mayor perímetro de España y por añadidura del Mundo. Utilizado a lo largo de los años para el sesteo del ganado y como cobijo de agricultores y aperos agrícolas bajo su sombra, que abarca una superficie cercana a los 300 metros cuadrados. Su tronco de 6.5 metros de diámetro se divide en dos brazos a 1.4 metros del suelo. Tenía un tercer brazo que fue cortado en 1998 al estar seco, había sido alcanzado por un rayo. Parece ser que nació hacia 1703 en plena guerra de sucesión, guerra civil a la que nos aboco la falta de descendencia de Carlos II e instauro a los Borbones en España. Hay en estos Campos del Cagitán otros ejemplares de gran porte pero ninguno alcanza la monumentalidad del de las Águilas.


A unos 10 kilómetros de este longevo pino, junto al abrevadero de las Casas de la Caridad en plena Cañada Real de Calasparra están los Olmos del Cagitán, hoy sedientos y seguramente abocados a una muerte segura. El pozo, -de considerable profundidad-, que alimentaba al abrevadero se encuentra seco, probablemente debido a la existencia de pozos -quizá incontrolados-, que han bajado el nivel freático, aún que esto es solo una suposición y quizás sea el cambio climático, no dispongo de datos que corroboren una u otra afirmación. Mirar a su alrededor produce un mal presagio, estaban acompañados de otros olmos y nogales que no han podido resistir la falta de caudales. Esperemos que tengan un final feliz.


Dejamos atrás a nuestros amigos para salir a través de un camino en buen estado hasta la carretera de Calasparra (MU-552) y pedalear en dirección al Niño de Mula. Aquí se nos presenta una magnifica oportunidad para “recuperarnos” del recorrido, porque además de tener hermosos pinos junto al santuario del Niño de Balate y olmos junto a la carretera, hay un par de restaurantes en los que podremos reponer fuerzas. Nos vamos a dirigir en primer lugar hacia la propia población de Mula para buscar la carretera de Pliego y la Vía Verde, para buscar un viejo camino por nuestra derecha –recomendamos seguir el track para evitar perdidas-, que nos llevara hasta la Olivera de la Casa del Toro que marcará nuestra siguiente parada. Es un acebuche injertado en años inmemoriales, algunos le endosan más de 500 años, aunque otros no dudan de que puede tener más de 1.000. Su arrugado tronco mide 6.3 metros. Algún descuidado lo quemo con alguna hoguera y otro le incrusto una concha, asimilada con dolor por la olivera. Hoy está rodeada de cítricos y vigilada por dos enormes fresnos que quieren robarle protagonismo.


Nos dirigimos ahora hacia la Vía Verde del Noroeste en dirección a los Baños de Mula, nos espera un árbol que casi siempre vemos como arbusto, pero que en esta ocasión ha adquirido un gran porte, es un taray (Tamarix Canariensis), muy abundante en las ramblas de la Región, resistente a inundaciones y a los rigores de un clima tan extremo como el nuestro de prolongadas y calidas sequías. Tiene perímetro de tronco de 7 metros y otros tantos de altura y se estima que tiene una edad de más de 100 años. Es amigo de un viejo olmo que desde hace muchos años le hace compañía. Pero nos contentamos con contemplar la rambla desde el puente de la vieja plataforma ferroviaria, es ya la hora del arroz y no queremos hacernos esperar y al mismo tiempo nos tenemos una magnifica excusa para regresar. Ya solo queda alcanzar de nuevo la pedanía de Yechar y el restaurante Cervantes. Han sido alrededor de 50 kilómetros por tierras de Mula, de parajes tan variados y contrapuestos como el río Mula o las planicies del Cagitán, visitando verdaderos monumentos naturales, con el aliciente de ser seres vivos irrepetibles que hemos tenido la oportunidad y el placer de contemplar. Ahora solo nos queda degustar el estupendo arroz y conejo con caracoles que nos han preparado.



Mariano Vicente, diciembre de 2018

martes, 4 de diciembre de 2018

Vía Verde del Maigmó y Río Monnegre



Esta es una de esas rutas que denominamos "sociales". Son rutas que hacemos a petición de algún miembro del grupo que desconoce la zona o ya han pasado muchos años desde que las realizamos por última vez. Esta; por ejemplo, la hicimos en el 2005, al menos la parte correspondiente a la vía verde que discurre por los bellos parajes ubicados entre las sierras del Maigmó y del Ventós. Este año añadimos un nuevo tramo por el valle del río Monnegre para regresar hasta San Vicente donde habremos comenzado nuestro recorrido.

La vía verde del Maigmó

A principios del siglo XX, la industriosa ciudad de Alcoy necesitaba dar salida a sus numerosas  manufacturas. Contaban con una vía estrecha que unía la localidad con el Grau de Gandía, incluso se trazo otro ferrocarril que la unía con la red de ancho ibérico en Villena, pero el verdadero deseo de los alcoyanos era el dar salida a sus productos por el puerto hermano de Alicante. El Plan Guadalorce les proporciono el pretexto perfecto para sus aspiraciones y en 1928 comenzaron las obras bajo la dictadura de Primo de Ribera. Se consiguieron crear 66 km de infraestructura ferroviaria hasta enlazar con la estación de Agost, utilizando muchos de los recursos que la ingeniería de aquellos tiempos puso a su disposición. Contratiempos, retrasos y la Guerra Civil la llevaron al fatal desenlace de su finiquito. Jamás llego circular ningún tren. Sobre el año 2000 la Diputación de Alicante puso sus ojos en ella comenzando la transformación de la antigua plataforma en Vía Verde al año siguiente. El trazado con un total de 22 kilómetros, entre el apeadero de Agost y el puerto del Maigmó, cuenta con 2 viaductos y 6 túneles.



El pantano de Tibi y el río Monnegre

Este río comienza llamándose Verde y después pasa a Monnegre -el cauce atraviesa por una zona de calizas negras y el reflejo del lecho presta a las aguas esa oscura coloración-, para pasar a río Seco al acercarse a su desembocadura en el Campello. Nace en la sierra de Onil a 1.100 metros de altura y en plena juventud hace frente a la presa de Tibi para formar el pantano del mismo nombre. Si descontamos el de Almansa, es el pantano en servicio más antiguo de Europa. Lo mando construir Felipe II a finales del siglo XVI, concretamente en 1580, de las manos del italiano Juan Bautista Antonelli. Sufrió una rotura en 1697, entrando de nuevo en servicio 1738. Tiene un volumen de 2 hm³ y cuenta con una superficie de 50 hectáreas. Desde la Edad Media ha regado las huertas de Alicante a través de los azudes de Muchamiel, San Juan de Alicante y el Campello.



Crónica de la jornada

Son las 7.50 de la mañana cuando el tren de cercanías arranca de la estación del Carmen, nuestra meta, la estación de San Vicente, donde comenzaremos nuestra andadura por la vía verde del Maigmó. Somos seis compañeros; Matías, Antonio, Ángel, Vicente, Secundino y yo mismo. Salvo Antonio y yo, los demás desconocen el recorrido. Tambien nosotros desconocemos la segunda parte de la ruta; la que corresponde al río Monnegre, así que vamos un poco a la aventura. Todo comenzó cuando Matías propuso hacer la Vía Verde del Maigmó. A mí, que ya la he recorrido por lo menos en media docena de ocasiones, no me seducía la idea demasiado, por lo que busque un nuevo aliciente y lo encontré en el valle del Río Monnegre. La idea solo fue planteada sobre el mapa, por lo que desconocíamos la realidad del terreno que íbamos a encontrar, tampoco hubo tiempo para buscar más información por lo que fuimos un poca a la aventura.



Llegamos a San Vicente sin problemas; tomamos un café, y comenzamos a pedalear. Buscamos un paso bajo las vías que encontramos por el lado norte de la estación. Una rotonda y un carril-bici paralelo a la CV-824 nos llevaba en dirección a Agost. No habían transcurrido ni 5 km, cuando no nos quedó más remedio que abandonarlo por un camino en regular estado que nos llevo, entre vides, a la rambla de L´Alabastre. Poco después a un paso bajo la línea de ferrocarril Alicante-Madrid, que distaba apenas quinientos metros del apeadero de Agost.


Ya estamos en la Vía Verde del Maigmó. Pedaleamos con un suave desnivel en dirección norte siguiendo este trazado ferroviario que sin embargo no llego a conocer el paso de los trenes. A su lado crece la vid, sus racimos están embolsados con mimo, porque esta no es una "uva cualquiera" sino que tiene nombre propio con Denominación de Origen: Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó. Parece ser que todo comenzó por casualidad; una plaga asolaba las cosechas y a alguien se le ocurrió proteger los racimos con una bolsa de papel. El resultado eficacísimo, no solo para protegerla de las plagas, si no también de la climatología y otros agentes externos, al tiempo que le da unas características únicas. Estas bolsas de color blanco le confieren a los viñedos un aspecto peculiar. Tuvimos la suerte de poder degustarlas de la mano de una agricultora cuyo campo lindaba con la vía verde y se encontraba haciendo la recolección.



Agost esta a tiro de piedra por nuestra derecha, pero la vía verde parece huir de él y realiza una gran curva hacia el oeste. Pronto la sierra del Maigmó la obliga a dirigirse de nuevo al este convirtiendo este tramo en el más bonito de la vía. En esta parte, la vieja plataforma, salva un par de barrancos con magníficos viaductos y horada las laderas del Maigmó hasta con 6 túneles. El calor aprieta en la solana y nos sobra ropa -es increíble que a principios de de diciembre estemos disfrutando de 25 grados-, solo es aliviado por la sombra que proporcionan trincheras y túneles y por unas cervezas bien frías que nos tomamos en lo alto del puerto. Comienza aquí el segundo tramo de la ruta.
Atravesamos la urbanización del Maigmó y nos dirigimos entre pinadas hacia el Pantano de Tibi. Bajamos a buena velocidad entre numerosas curvas hacia el valle del río que aún se denomina Verde por una carretera de asfalto áspero pero regular.



¡No puede ser! En medio de la carretera una puerta, y además cerrada. Superada la sorpresa inicial, observamos que sus alrededores están muy transitados y que se puede pasar perfectamente por sus costados. Perdemos el miedo y nos lanzamos en busca de la presa. El paisaje es espectacular. La presa, diminuta, pasa casi desapercibida encajada entre los peñascos que la franquean, el Mas del Bou y La Cresta. Creo haber leído en algún sitio que en el lugar más estrecho apenas supera los 9 metros. Al otro lado, solo un camino levemente insinuado. Está roto y pedregoso, pero parece transitable y transitado. Mi trotona va a sufrir, sus cubiertas son de 700x32 y lisas, pero ha mantenido el tipo, ha logrado superar las fuertes rampas y el verdadero pedregal en el que se han convertido algunos tramos. En este tramo es donde peor lo han pasado Matías y Vicente. Antonio ha hecho verdaderos equilibrios con su eléctrica, pero él que me ha sorprendido ha sido Secundino, no había realizado ninguna ruta de este tipo con él, pero la ha superado el trance con nota. El camino desemboca en una bonita carretera con un asfalto áspero y oscuro, que desde Xixona se dirige a Alicante siguiendo el valle del río Monnegre.



Tramo verdaderamente encantador. La carretera se ciñe al barranco que forma el río Monnegre; lo franquea por su margen derecho, entre bosquetes de pinos. Al fondo, el río serpentea entre carrizos y juncos alimentando diminutas huertas. Pequeños caseríos blancos se encaraman en sus laderas, que  alguna vieja ermita reconforta. Se siente la proximidad del mar, el viento huele a humedad y a lo lejos se distingue la brumosa costa. A la altura de Mutxamel y justo antes de que el Monnegre se transforme en Riu Sec giramos a la derecha en busca de San Vicente. Poco antes de llegar a la estación hicimos un alto en el bar de nuestros amigos Ra&Ro para alimentarnos e hidratarnos convenientemente antes de dar por finalizada la jornada.


Mariano Vicente, 4 de diciembre de 2018

jueves, 22 de noviembre de 2018

Vía Verde de Almendricos


 Vía Verde de Almendricos: De transportar mineral de hierro a recorrido cicloturista.

Durante décadas circularon por esta plataforma toneladas de mineral de hierro extraídas al norte de la Sierra de los Filabres y llevadas hasta el embarcadero del Hornillo en Águilas y diáspora de miles de emigrantes andaluces buscando una vida mejor para sus hijos. El Camino Natural Vía Verde Valle del Almanzora que recorre la provincia de Almería lo realizamos hace unos meses entre Almendricos y Baza, solo que la primera parte -de Almendricos al limite provincial, cerca de Las Norias, estaba aún sin acondicionar.
A finales del mes de octubre se publico la noticia: Abre al público la 'Vía Verde de Almendricos'. Une la Región de Murcia con Andalucía. Este nuevo tramo tiene una longitud de 6.5 kilómetros entre Almendricos y el limite provincial con Almería, a la altura del antiguo apeadero de las norias. Con este nuevo tramo la Región de Murcia cuanta ya con 150 kilómetros de Vías Verdes. La consejera de Turismo y Cultura, Miriam Guardiola, junto al gerente del Consorcio de las Vías Verdes de la Región, Juan Soria, y los alcaldes de Lorca, Fulgencio Gil, y de Huércal-Overa, Domingo Fernández, asistieron a la inauguración de la ‘Vía Verde de Almendricos’. Desde ahora contamos con un nuevo tramo de vía verde de unos 19 kilómetros, -de los cuales 6.5 corresponden a la Región de Murcia-, entre Almendricos y Huércal-Overa.

Entramos en faena
Las Vías Verdes son antiguos trazados ferroviarios en desuso acondicionados y transformados en itinerarios ecoturisticos. Por su propia indiosincracia son de suave pendiente lo que las hace accesibles para todo el mundo, están alejadas del tráfico motorizado, por lo que son seguras. Desde ellas se puede descubrir rico entorno natural y cultural de los territorios y poblaciones por las que pasan. Este nuevo tramo tiene una longitud de 6.5 km. desde la vieja estación de Almendricos -hoy solo un apeadero-, hasta el límite provincial con Almería. En estos pocos kilómetros, bordea la Sierra de Enmedio -espacio protegido de interés comunitario-, atravesando varios ramblizos, un falso túnel y algunos viejos cortijos abandonados. Se han plantado esquejes de algarrobos y pinos -desgraciadamente algunos ya están secos- para proporcionar sombra en los días de canícula y algunas áreas de descanso. 

Un poco de historia
La diputación lorquina de Almendricos esta habitada desde antiguo, hay yacimientos de la época argárica como el poblado hallado en el Rincón de Almendricos -entre 1.800 y 1.500 a. C- con varias viviendas y enterramientos y solo a un escaso kilómetro al norte del comienzo de la vía verde. La ocupación del territorio iría dando bandazos en época de moros y posterior reconquista cristiana, pero no sería hasta la aparición de la actividad minera -yacimientos de hierro en la Sierra de Enmedio- que la población volvería a crecer entre finales del XIX y primer cuarto del siglo XX, no fue ajeno su conversión en pequeño nudo ferroviario. En la actualidad tiene una población estable que ronda los 1.700 vecinos que viven principalmente de la agricultura.

El ferrocarril
Fue hacia 1888, cuando la compañía inglesa The Great Southern of Spain Railway Limited, comenzó a construir la línea de ferrocarril que uniría Águilas con Almendricos, que entraría en funcionamiento 2 años más tarde. Hasta Huércal-Overa lo haría en 1891 y hasta Zurgena en el 1892. A Albox llegaría 1893. En el 1994 lo hace hasta Purchena y en el 95 a Serón y Baza. En 1941 pasaría a manos de Renfe hasta su cierre el 1 de enero de 1985. Por fortuna, gracias a ser subvencionado por la Comunidad Autónoma de Murcia, se mantuvo en funcionamiento el tramo entre Lorca y Águilas, continuación de la línea de Murcia a Lorca. Todo esto ha facilitado que a día de hoy pudiéramos subir a un cercanías que sale de la estación de Murcia a las 9.47 con dirección a Almendricos. Poco después de las 11 nos encontrábamos en el anden del apeadero con nuestras bicicletas, Antonio Máximo, Matías Martín y un servidor, Mariano Vicente. 

La vía verde
Esta vía verde -como casi todas- tiene un pedalear fácil, muy poquito desnivel. Comienza justo enfrente del apeadero de Almendricos, pero para acceder a ella tenemos que pedalear unas decenas de metros en dirección a Lorca y atravesar las vías por un pequeño paso subterráneo. En un amplio espacio se han colocado los paneles informativos y una hermosa área recreativa con varias mesas de madera. El día se presenta cubierto, amenaza algo de lluvia, pero creo que no nos mojaremos. Hacemos las fotos de rigor y empezamos a pedalear por esta recientemente inaugurada vía verde. En los desniveles más abruptos se han colocado barandillas de madera para proteger a los transeúntes. Para mejorar el confort, en especial en los días más calurosos, se han colocado plantones de algarrobos y pinos cada pocos metros. Hemos visto algunos que amarilleaban en exceso, ya secos, habaran de ser sustituidos por otros sanos. Unos 3 kilómetros más tarde encontramos una nueva área de descanso conformada por mobiliario de aséptica fibra, supongo que resistente al vandalismo, aunque no a los graffiti, que a mi me parece demasiado "plástica" y poco acogedora, pero es, como digo, una apreciación personal. El sustrato del piso es de una composición nueva, creo que la misma que se ha usado en la vía verde del Campo de Cartagena, es una especie de zahorra mezclada con resinas que le da un aspecto muy natural.
 
La vía verde toma una dirección claramente suroeste formando un gran arco que ciñe por el sur la Sierra de Enmedio. Es una sierra que se alza solitaria sobre la simi-llanura árida que la rodea alcanzando los 855 metros de altura. Rica en mineral de hierro cuenta con numerosos restos de viejas minas abandonadas. En la vegetación, adapta a unas condiciones de aridez extrema, predomina el matorral mediterráneo; esparto, lentisco, tomillo, retama y palmito están acompañado de manchas de confieras, acebuches y carrascas, sobre todo en el tercio superior. Esta declarada LIC y la tortuga mora goza de protección específica. La sobrevuela el águila perdicera y el halcón peregrino. 



Unos pocos kilómetros más tarde -6.5km.-, llegamos a una nueva área de descanso que coincide con el límite provincial de Almería. A partir de aquí comienza la parte andaluza de la vía verde que lleva hasta la localidad de Huércal-Overa. Nosotros; al llegar al puente de la rambla de las Norias, nos desviamos en dirección al caserío siguiendo el lecho arenoso del cauce. En el caserío, pequeño y aseado, buscamos donde tomar un café sin conseguirlo. Algo frustrados continuamos rambla arriba buscando el viejo camino de Huércal-Overa. Encontramos el camino pero esta embarrado, así que volvemos sobre nuestros pasos y buscamos un enlace por nuestra derecha que parece estar en mejor estado. Hemos decidido dejar el track tal cual por si a alguien le interesa. Ahora sí, estamos sobre el Camino Viejo de Huércal-Overa. Rodamos fácil, solo pendientes de algún charco que otro. Llevamos un rumbo coincidente con la vía verde. Poco antes de reencontrarnos con ella nos topamos con un problema. Una cuadrilla de operarios agrícolas está cogiendo lechugas iceberg y todo lo que acompaña; camiones, maquinaria de embalar, tractores, remolques, total el camino destrozado. Un verdadero barrizal. Menos mal que solo han sido unos pocos metros.



De nuevo en la vía verde pedaleamos a buen ritmo hacia Huércal-Overa, tenemos decidido llegarnos hasta el pueblo y comer en su estación de autobuses. Esta cerca de la vieja estación de ferrocarril y da muchas facilidades para dejar las bicicletas. No viene a cuento lo que comimos y bebimos -tampoco le vamos a dar munición al enemigo-, pero quedamos satisfechos y no fue nada caro. Tras el café emprendimos el regreso por la vía verde que ya no dejamos hasta Almendricos. Lo más pesado, esperar el tren de vuelta a casa. Ah! Y no nos llovió. 



Murcia, 22 de noviembre de 2018

domingo, 21 de octubre de 2018

Gran Premio Canal de Castilla 2018



Viernes 19

Un mar de barro cubría los pueblos de Campillos, Teba, Álora... en la provincia de Málaga por la lluvia caída el fin de semana anterior, mientras a nosotros un poco más arriba, en el limite entre las provincias de Valladolid y Palencia, gozábamos de un tiempo excelente, solo enturbiado por el fuerte viento del noreste que nos acompaño a lo largo de las tres jornadas que permanecimos en el pueblo. Este no era otro que Medina de Río Seco donde más de 100 ciclistas nos dimos cita para participar en el Gran Premio Canal de Castilla, marcha retro que a vuelto de la mano de Víctor Martínez, un entusiasta promotor del ciclismo clásico. Esta considerada como la "Roubaix castellana" por sus seductores tramos no asfaltados, sus duros repechos y la travesía de sus atractivos pueblos, que la acercan a las grandes clásicas centroeuropeas. Desde el viernes, bajo los recios soportales de su calle mayor, se dispuso un mercadillo de piezas ciclistas con una característica muy concreta, todas tenían una antigüedad considerable, como corresponde a una cita de este tipo. Bajo los mismos soportales, Rafael Ochiuzzi nos regalo la vista con una portentosa exposición de bicicletas clásicas de contrarreloj, que junto a la Fiesta Retro en la Sala Gregory proporciono un buen comienzo para este acontecimiento ciclista.



Sábado 20

El sábado la temperatura había bajado algo, a primera hora de la mañana andábamos por los 11 grados. Pero un espeso y reconfortante chocolate de la pastelería Castilviejo nos haría entrar en calor. Recogida de dorsales que venían acompañados de algunos regalos, entre ellos una botella del rico vino D. O. Cigales, uno de los patrocinadores del evento. Poco a poco los menos madrugadores se fueron uniendo a los más mañaneros y todos se reunieron bajo la pancarta de salida en plena calle mayor.



A las 11.00 horas se dio la salida "neutralizada" hacia la N-601 hasta alcanzar la CL-612 en dirección a Valdenebro de los Valles, donde se dio rienda suelta a las ganas de pedalear del personal. Pero no nos engañemos, Tierra de Campos, a pesar de lo que se dice por ahí, no es totalmente llana. La primera parte del recorrido discurre por los llamados Montes Torozos, montículos en pleno páramo con laderas de pendientes pronunciadas, vigilados por macizos castillos que se asientan en el límite entre las tierras vallisoletanas y palentinas. Estas pendientes, la mayoría de poca longitud, estaban entre los 400 metros y los 2 kilómetros y en algunos casos se acercaban de forma engañosa al 10 por ciento, como al aproximarse al castillo de Monte Alegre de Campos. Yo, que ya estoy algo mayor y quizá poco entrenado, sufrí bastante, aunque tuve la precaución -casi los convenzo- de decir a los amigos que era causa del desarrollo de la bici para justificarme. Un 42 de plato pequeño y un piñón máximo de 22 dientes no es ninguna tontería. Pero también hubo alguna encerrona como la subida al Alto del Camino de Mucientes, a la entrada de Ampudia. Camino sin asfaltar que sube en línea recta hacia el páramo coronado de modernos aerogeneradores, con porcentajes que rondan el 13 por ciento. ¡Menos mal que no llegaba al kilómetro! A la bajada entramos en el pueblo, recorrimos su calle mayor de recios y antiguos soportales, relevante ejemplo de la arquitectura tradicional castellana, para disfrutar de un bien merecido refrigerio.



Reconfortados, abandonamos Ampudia rodeando las murallas del castillo y, por un camino de tierra, accedimos a una carreterilla en ligera subida con dirección a Torremormojón. Variación de última hora por un problema en la P-901 alargó varios kilómetros el recorrido. Hasta el momento, el viento que ha sido de cara, pasa al costado hasta Torremormojón. Al llegar a la población, viramos hacia el suroeste por una carretera -la CL-612- que recorre el páramo en línea recta en dirección a Villerías de Campos, ahora sí, con el viento a favor. La abandonaremos cerca de Meneses de Campos por un camino que aquí llaman "carreteras blancas", no son más que caminos de concentración parcelaria con el piso de grava.



Continuamos sin más dilación hacia Belmonte de Campos, donde nos espera el siguiente refrigerio, que degustamos protegidos bajo el atrio de su iglesia. Enmarcado por sus arcos podemos contemplar su castillo y sobre todo, su magnífica torre del homenaje que perteneció a doña Inés de Guzmán, señora de Villalba de los Alcores y Fuensaldaña. Nos acercamos al último tramo del recorrido, el más interesante. Transcurre por los caminos de sirga del Canal de Castilla hasta Medina de Río Seco.

A finales del siglo XVIII el Marqués de la Ensenada ministro de Fernando VI elaboro un ambicioso plan para el desarrollo de la economía española. Plan basado especialmente en las obras públicas. Constaba el proyecto inicial de cuatro canales que unirían las principales ciudades del norte castellano, desde Segovia a Reinosa para atravesar la cordillera Cantábrica y obtener salida al mar por el puerto de Santander. Para su construcción hubo que salvar un desnivel de 150 metros y se construyeron en total 207 kilómetros. Su estructura tiene forma trapezoidal y su anchura oscila entre los 11 y los 22 metros con una profundidad entre 1.8 y 3. Paralelos al cauce discurren los caminos de sirga que permitían a los animales de tiro arrastrar las barcazas a lo largo del Canal y lo hacían siempre por el lado derecho según el sentido de la marcha. El 13 de junio de 1991 la Junta de Castilla y León declaró el Canal de Castilla como Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico.



Por uno de estos caminos de grava que discurren a un lado y otro del canal, por los mismos que circulaban las mulas, lo haremos nosotros, y al igual que ellas tiraban de las barcazas, nosotros "tiraremos" de nuestras bicicletas hasta alcanzar la meta en la Ciudad de los Almirantes y un merecido descanso. La última actividad de este sábado girará al rededor de la literatura ciclista con la presentación de la colección Libros de maillot, de la editorial La Biciteca. En esta ocasión se presentaran cuatro libros escritos por miembros de la Cofradía Velocipédica, que conmemoran grandes hitos de la historia del ciclismo.



Domingo 21



Se presenta la mañana igual de fresca que día anterior, alrededor de una decena de grados, pero no hay problema, en Medina hay buenas pastelerías en las que poder entrar en calor. Poco a poco se fueron concentrando en la salida verdaderas joyas ciclistas, bicicletas veteranas con muchos kilómetros a sus espaldas y ciclistas acicalados en sintonía, ropas de época rememorando los tiempos más románticos y heroicos de este deporte que tanto nos gusta. Por desgracia no puedo asistir a la ruta programada para esta mañana, tendré que conformarme con ver la salida. Se trata de un recorrido por los caminos de sirva del Canal de unos 20 kilómetros. A mitad de trayecto, en La Posada del Canal, en Villanueva de San Mancio, recibirá un cálido homenaje don Francisco Martín Bahamontes, uno de los ciclistas vivos más carismáticos de este país, de manos del Sr. alcalde don David Esteban. No puedo contar más, puesto que deberes familiares me obligaron a emprender el regreso a Murcia, pero sí puedo decir que la organización hizo un gran esfuerzo para que todo estuviera a la altura de la prueba, que nos lo pasamos genial y con esta excusa pudimos disfrutar todo un fin de semana de amigos y conocidos, algunos tan “envenenados” con esto del ciclismo clásico, que van de prueba en prueba siguiendo esa estela romántica que dejan las bicicletas clásicas.



Mariano Vicente, 21 de octubre de