Mostrando entradas con la etiqueta Alforjas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alforjas. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de agosto de 2016

Conor vs Randoneur





Muchas veces en esta vida las cosas surgen porque sí, sin proponérselo. O estaba decidido de antemano por el destino, la cuestión es que uno no sabe porque ocurren ciertas cosas, pero lo cierto es que ocurren. Y esto me ha pasado a mí con mi vieja Conor, de estar llena de polvo en el garaje a estar en la primera línea de mis pensamientos. No sé cómo, pero sin apenas pensarlo he invertido tiempo y dinero en ella, mucho más de lo que en un principio pensé. Entre unas cosas y otras, sin valorar lo que me han regalado los compañeros, me he gastado más de 300 euros y aún no he acabado.




He tratado de justificarlo con la peregrina idea de que me gusta más el manillar de carretera que el de montaña, o de las "malas influencias" de mis amigos cántabros, enamorados de las bicicletas clásicas, los que hayan hecho que volviera la vista atrás, a esa vieja Conor que dormía plácidamente en el garaje. Porque para viajar ya tengo a mi "Negrita" con la que llevo realizando rutas de largo recorrido durante los últimos años, sin un disgusto, sin averías ni problemas. ¿Por qué cambiarla? Si realmente tampoco lo voy a hacer, si no me voy a desprender de ella. Esta vieja Cannondale de aluminio ha compartido conmigo muchas penas y alegrías, muchos kilómetros por toda la geografía peninsular; no la voy a dejar tirada, no.




Mi trastero parece el harén de un viejo sultán. Conviven en armonía bicicletas de montaña y de carretera, viejas y jóvenes, algunas en perfecta forma, otras no tanto, pero todas en uso. Mis amigos piensan que estoy loco, algunos hasta me lo dicen, pero yo creo que no, que los locos son ellos. Ellos son los que se pierden las maravillosas sensaciones que se tienen cuando montas a una u otra, según el día, las necesidades o la apetencia. ¡Oh! incrédulos descreídos, os perdéis gran parte del placer que os puede proporcionar la vida. Allá vosotros.




Hoy por hoy comparto horas y kilómetros; primero con mi Cannodale Sipnapse, que es la que más uso, la más moderna, toda ella de carbono y montada con Campagnolo Record con la que recorro las carreteras de la Región. Le sigue mi "Blanquita", Rush también de Canonndale, de aluminio y doble suspensión, que utilizó para las salidas de montaña. Para la ciudad utilizó una Mongoose, muy parecida a una Fixie, pero con piñón libre y frenos, que uno ya no está para diabluras. Para viajar mi "Negrita", una F500 de Cannondale con la que comparto ya muchos años y ahora tendré que compaginar con mi "nueva" y recién recuperada Conor.




Mi reciente afición a las clásicas ha hecho que comparta mi tiempo con una estilizada y preciosa Vitus 979 y ruedas de tubulares. Otra que comparte mi tiempo es una vieja Pinarello, cuadro que me "cedió" mi amigo Antonio Máximo y que he montado con lo que he podido. Bielas y platos de mi amigo José Andrés, el manillar no sé de quién, las ruedas mías, como el asiento. Pero no acaba aquí la cosa mi "lujuria ciclista" esta llagando a un punto que contagia hasta mi familia. Mi mujer; Pilar, me regaló estas navidades una Orbea Moncayo, ya desahuciada que compro en una feria de antigüedades. Oxidada y llena de mugre no presentaba un aspecto muy apetecible, pero algunos meses después, y unas buenas friegas con el estropajo de alambre le están haciendo recuperar mejor aspecto. Mi hijo, compadecido, me regalo para mi cumpleaños pintar el cuadro, cosa que ha hecho junto con los amigos. Ha quedado perfecta, pero al pobre no sabe lo que se le viene encima. Pero aún hay más, un cuadro Corbetta con buen paso de rueda está esperando su momento para entrar en el serrallo. ¿Porqué no una pionera? 



Mariano Vicente, mediados de agosto de 2016. 


lunes, 14 de julio de 2014

Una bella rubia



El otro día, de improviso, me encontré con una preciosa rubia de bellos ojos color crema; mirada picara y manos regordetas que asían con firmeza a Tin, su inseparable osito de peluche del mismo color que sus ojos. Fue un amor a primera vista. Parlanchina a pesar de tierna edad, tiene solo dos años, aunque ella misma aclara con convicción, sin dejar lugar a dudas, que en agosto cumple los tres. Viaja en bicicleta, en un carrito tirado por su padre, algo que por desgracia en este país es ilegal.
Es una familia holandesa, mi rubia se llama Vlinder, Jack su padre y Fenne su madre. Vienen de Valencia, la lluvia ha hecho que suban en el tren en Alicante hasta Lorca, donde harán noche para continuar al día siguiente por Vélez Blanco, Baza y Guadix hasta Granada, aunque su destino es Málaga.
Le gusta España; ya han realizado otros recorridos por nuestro país, en el 2013 subieron desde Valencia hacia Teruel, regresando por Albarracín y Cuenca. Otro de sus recorridos fue desde Málaga a Ronda y Granada hasta regresar a Málaga.
Solo tuvo un momento de debilidad, fue en el momento de la despedida, la bese, me beso, sus ojos cuajados de lagrimas… los míos también. Buen viaje y mucha suerte.