sábado, 7 de septiembre de 2019

Mi Monegrina 2019



Frula acogió este fin de semana, 6 y 7 de septiembre por tercer año consecutivo, la marcha de ciclismo clásico La Monegrina. Según la organización -el taller de Zaragoza especializado en la reparación, restauración y reciclaje de bicis antiguas, Ciclofactoría-: “La Monegrina es un encuentro entre amigos del ciclismo clásico, para amantes de las gestas épicas sobre monturas de acero y racores. No se trata de una competición, si no de pasar un día «en familia» donde el objetivo es compartir una misma pasión en un entorno especial”. Y a uno, que le vamos hacer, le gustan estas cosas. En este tipo de reuniones, las monturas y atuendos clásicos son condición imprescindible para participar. Bicicletas con cuadros de acero, racores y rastrales, palancas de cambio en el cuadro y frenos con las fundas exteriores. Nosotros maillots de lana, gorra y chichonera.

Pero todo empezó mucho antes con la compra a través de Internet de un maillots conmemorativo, lo que me dio derecho a una reserva para la inscripción en la marcha. ¿Pero dónde esta Frula?

Sabía que estaba en la comarca de los Monegros, pero nada más. Ahora, con Internet y todo lo que lo rodea, es fácil encontrar información. Frula es un pequeño pueblo de unos 350 habitantes, que pertenece al municipio de Almuniente y que se encuentra a unos 30 km al sur de Huesca. Es un pueblo surgido de una orden ministerial. Corría el año 1939 cuando se creo el Instituto Nacional de Colonización que luego daría paso al Irida allá por los años 70. Con una ley de 1942 se inicio la colonización y la construcción del canal de Huesca y Cataluña. A nosotros nos interesa el tramo I, II y III del Canal de los Monegros por Tardienta.



El régimen franquista altero sustancialmente el territorio, se roturaron terrenos forestales, para transformarlos en regadío al mismo tiempo que se reforestaba, especialmente con pinar, al rededor de los pueblos. Las poblaciones se crearon de forma que estuvieran equidistantes de los cultivos. En palabras de Francisco de los Ríos: “crear poblados que aproximaran a los campesinos a sus predios”, la distancia máxima de la parcela no podía ser superior a 3 km. El 30 de julio de 1958 se reunieron en Grañen los hombres y mujeres que serían los vecinos de Frula. Con el paso del tiempo se crearían cooperativas, molinos y otros servicios como el colegio que darían a Frula el aspecto de un verdadero pueblo.

¿Y cómo voy? Al inscribirme, no encuentro el apartado de acompañantes, mi mujer sin una actividad complementaria no querrá ir y a mi solo en el coche me da pereza. Miré otras opciones. En tren, por algo soy ferroviario. La primera, más larga pero más cómoda para mí, era a través de Valencia y Zaragoza, para luego continuar a Tardienta. Llegaría a esta última población sobre las 20,30 si todo iba bien. Aquí no necesitaba empaquetar la bici, al ser un media distancia la podía llevar colgada en un lugar especifico. Pero surgió un problema, el trafico ferroviario estaba cortado por obras entre Valencia y Zaragoza, por lo que tendría que llevar la bici empaquetada. Entonces, ¿porqué no por Madrid? Ya con la bici en su bolsa esta opción era más rápida, llegaría a Tardienta sobre las 15,00 horas, lo que me daría mucho más margen para desplazarme hasta Frula con la bicicleta. Renfe admite bicicletas siempre que vayan en una bolsa que no supere las medidas de 120x90x30, el problema es que los trenes no están preparados para ello. No hay espacios específicos y los destinados al equipaje son demasiado bajos, no pudiendo introducir la bici por mucho que bajes el asiento.



El viaje se dio como estaba previsto, salí de Murcia a las 5,45 hasta Madrid, unas porritas para desayunar y a Zaragoza en el Ave. En la deshumanizada -bloque de hormigón sin concesión alguna a la belleza- de Delicias, tomo algo en una cafetería de la misma tónica mientras espero el tren que me llevará a Tardienta. Ya en la estación, y tras un café, monto la bici y sin más tramites me dirijo a Frula, -luego me enteraré que no coincidí con mi amigo Carlos, más conocido en este mundillo por El Camaleón, por unos minutos-. Al llegar a Frula aun tengo tempo de ver la etapa 13 de la Vuelta, Bilbao-Los Machucos, en el bar.

Esa tarde tuvimos un pequeño ágape de bienvenida y se inauguro la exposición de pinturas de Miguel Soro. Más tarde y tras solventar unos pequeños problemas técnicos pudimos visionar, en primicia, el documental Isolé de los hermanos Carlos e Ignacio Naya sobre José María Javierre, primer español que participo en el Tour de Francia. Los actores fueron, entre otros, los compañeros de Ciclofactoria y el amigo Luis Alfonso presentes en el acto.



Al día siguiente, sobre las 10 de la mañana se dio la salida a la Monegrina, esta es ya la tercera que se celebra. Como he dicho antes la marcha es un encuentro entre amigos amantes de las bicicletas clásicas, alejada de la competición, de tiempos, pulsaciones y vatios. Es una salida para pasar un día entre amigos, pues al final todos los participantes terminamos siéndolo. Según la organización “La Monegrina… recorre uno de los paisajes más duros y de una belleza más extrema y árida de la península...”, pero para un murciano esto es algo normal, incluso está acostumbrado a terrenos más áridos, y aquí hay que reconocer que están muy disimulados. Apenas nos deja ver esa aridez los extensos campos de girasol y maíz regados por aspersión, algo que en Murcia sería impensable.

La primera parada esta a unos 18 km después de la salida, de los 60 que tendrá la ruta -cosa que no he podido registrar, porque no había puesto en marcha el strava. Me estoy haciendo mayor-; es la población de Cantalobos, donde su alcalde, junto a la asociación de vecinos nos han preparado un suculento avituallamiento; de los auténticos claro, nada de barritas y esas cosas; chorizo, butifarra, jamón, queso… y un sin fin de cosas más, sin olvidar la parte liquida del asunto. Reconfortados, reanudamos el camino y al llegar a la población de Alcubierre se nos presentaron dos opciones; la más sencilla dirigirnos a las piscinas de Robres, o la otra, subir el puerto de Alcubierre (610 m), algo más dura. La subida no es nada del otro mundo, según el GPS 6,5 km y unos 200 metros de desnivel. Los más inquietos y curiosos podrán visitar algunas de las trincheras de la Guerra Civil: Tres Huegas y Monte Irazo. En esta última estuvo destinado el escritor George Orwell, enrolado en las filas del POUM, a principios de 1937. La subida no se me hace muy pesada gracias a mi amigo Fernando Calvo que se quedo a mi lado dándome conversación durante todo el tramo.



La bajada -únicos tramos en los que puedo disfrutar un poco- fue rápida. Se “pico” Luis Alfonso y los dos bajamos rápido hasta Alcubierre. Giramos a la izquierda y nos dirigimos directamente por un tramo de toboganes a Robres donde estaba preparado nuestro segundo avituallamiento, en esta ocasión a cargo de Silvi Serrano, responsable de las piscinas del pueblo. Tras hidratarnos convenientemente reanudamos nuestro recorrido. Pasamos Senes de Alcubierre y nos dirigimos a Torralba de Aragón donde más de uno sufrió subiendo a la Iglesia de San Pedro. Por desgracia en la bajada se produjo un pequeño percance, sin más consecuencias que chapa y pintura, que se llevará de recuerdo nuestro amigo Álvaro hasta Alicante. Desde aquí solo nos queda llegar a Frula y dar cuenta de la estupenda paella que nos prepararon los vecinos.


Mariano Vicente, septiembre de 2019

3 comentarios:

  1. Me ha encantado tu blog Mariano. Tus palabras me transportaron a los días de La Monegrina y todo lo que tiene a su alrededor. Para mi fue un placer la charleta mientras subíamos el puerto. El año que viene más. Abrazo fuerte.

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  2. Un saludo para el sampiterno de las marchas da gusto leer sus buenos relatos del paisaje y charlas con sus compañeros y tan amenas para leerlas.

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  3. Gracias Fernando. Pero es verdad que la subida a Alcubierre se me hizo muy amena. Pasé un día estupendo con vosotros. 😜

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