Miguel, “El Búho”, nos ha citado a las 9 en la casa forestal del Burete, entre Bullas y Cehegín, en las estribaciones de la sierra del Burete, su intención, hacer unos senderos por la zona. Y allí estábamos, a la hora acordada, once amigos dispuestos a divertirnos. La temperatura ideal para la práctica del ciclismo, el sol algo velado por delicadas nubes, los valles desdibujados por una ligera niebla. Las bicicletas preparadas y nosotros dispuestos para iniciar la marcha. Comenzamos a pedalear por la umbría del Cabezo de la Mina, pista amplia y en prefectas condiciones que sigue el recorrido de la rambla de Enmedio hacia el Refugio-Albergue Forestal Coto Real.
A partir de aquí empieza lo divertido, nos introducimos por nuestra izquierda por una serie de senderos con cierta dificultad que nos acercarán al collado García, hay que tener cuidado con los tocones de los pinos cortados, que afortunadamente alguien ha pintado de fusia. pero no acaba aquí la emoción, seguimos con los senderos que por el barranco del Cojo nos llevarán hasta alcanzar de nuevo la pista.
Estamos otra vez en la rambla de en medio, pero esta vez por su margen izquierda ajustándonos a la solana de la Morra de la Mata. Por la vereda del Escobar buscamos el arrollo de Burete que cruzamos junto a una diminuta y preciosa cascada. Salimos de nuevo a la carretera de La Paca, no sin antes atravesar una serie de cárcavas producidas por las escorrentías de las lluvias que nos obligan a “descabalgar” en numerosas ocasiones.
Abandonamos la carretera en los Llanos de la cueva y buscamos los senderos que nos llevaran hacía los cerros de la Cagueta. Finas sendas que los jóvenes pinos estrechan y nos obligaran a llevar extrema precaución si no nos queremos dejar algún hombro en el camino. Y aquí, casi la “cagamos”, no dejábamos de estar en el lugar apropiado. Perdemos el track, y los senderos. Buscamos campo a través empujando la bici, hasta encontrar un sendero que nos permita montar de nuevo.
Ahora sí, damos la vuelta al cerro por su umbría, a cierta altura sobre la autovía del noroeste, lo que nos permite unas estupendas vistas de la población de Cehegín. A nuestros pies, intuimos más que vemos, el cauce del río Quípar. Por la vereda del Escobar regresamos al comienzo del recorrido, no sin antes superar algún barranco donde el agua a formado profundas escorrentías que superamos bici al hombro.
Estamos ya en la parte más dura de la ruta, donde todos nos esforzamos al máximo, donde nadie quiere ser el último; es la cantina de la estación de Cehegín, en la antigua línea de ferrocarril de Caravaca hoy convertida en la Vía Verde del Noroeste. Solo nos falta dar cuenta del embutido, las pelotas, el solomillo y el buen vino.
Mariano Vicente, 5 de noviembre de 2026.
Que grande eres!!!
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